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Concurrencia Matrimonial

Por Sarri - 27 de Octubre, 2011, 17:40, Categoría: Doctrinal

FAMILIA, OBRA DE TODOS (#52)

 

La familia es escuela de humanismo. Para lo cual se requiere clima de benévola comunicación y unión de propósitos entre los cónyuges y cooperación de los padres en la educación de los hijos. La presencia del padre y el cuidado de la madre (sin olvidar su legítima promoción social), es lo que necesitan los niños menores. La educación de los hijos implica que, al llegar a la edad adulta, puedan seguir responsablemente su vocación y escoger estado de vida en condiciones morales, sociales y económicas adecuadas. Es propio de padres y tutores guiar a los jóvenes con prudentes consejos, evitando toda coacción directa o indirecta sobre sus propias opciones y decisiones.

Por ello, todos los que influyen en las comunidades y grupos sociales deben contribuir al progreso del matrimonio y de la familia. El poder civil ha de considerar su obligación reconocer la verdadera naturaleza del matrimonio y de la familia, protegerla y ayudarla, asegurar la moralidad pública y favorecer la prosperidad doméstica.

Los cristianos unan el testimonio de su vida con la acción concorde de los hombres de buena voluntad. Ayudará a este fin la recta conciencia moral de los hombres y la sabiduría y competencia de las personas versadas en las ciencias. Los biólogos, los médicos, los sociólogos y los sicólogos ayudarán a la paz de las conciencias aclarando más a fondo con estudios convergentes las circunstancias favorables a la honesta ordenación de la procreación humana.

Los sacerdotes, preparados en el tema familiar, en su predicación y asesoría, fomenten pastoralmente las vocaciones al matrimonio y animen las asociaciones creadas con esos fines.

Los propios cónyuges, finalmente, sean testigos de aquel misterio de amor que el Señor con su muerte y resurrección reveló al mundo.

 

Recapitulando la dignidad e importancia del matrimonio y la familia, el Concilio reclama la contribución y la aportación de todos para una mejor humanización de toda nuestra vida.

Destaca el llamado a los científicos, por tanto tiempo vituperados como enemigos de la fe cristiana. El racionalismo fue una sana reacción frente a las presunciones del fideísmo, pero no tan sana en sus condenaciones de las posturas religiosas. Con agnósticos por medio, las confrontaciones se van suavizando para bien de todos.

También resulta de interés la admonición hecha a los sacerdotes para que se capaciten antes de pontificar sobre la moral sexual repitiendo estribillos ya desfasados por los cambios culturales.

Una vez más, oración, reflexión y acción.