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Septiembre del 2011

Etica procreativa

Por Sarri - 24 de Septiembre, 2011, 17:38, Categoría: Doctrinal

LA FECUNDIDAD MATRIMONIAL (#50)

 

Sepan los esposos ser cooperadores de Dios en la transmisión de la vida humana y cumplan su deber con responsabilidad humana y cristiana, ponderando las condiciones de vida de la época presente y del propio estado, con un juicio que deberán formular ante Dios, de acuerdo con las leyes divinas y con docilidad al magisterio de la Iglesia. En esta responsabilidad merecen alabanza especial los esposos que de común y prudente acuerdo aceptan un número crecido de hijos. Sin embargo, la procreación no es el único fin del matrimonio, el cual conserva toda su validez e indisolubilidad aun en los casos en que falte la prole.

 

Aquí se tocan, muy brevemente, puntos que deben se estudiados con mayor detenimiento. Pero ésa es tarea de la teología.

Queda claro que los esposos deben ser responsables en su proceder. Ante Dios según su conciencia y ante el magisterio con una docilidad que excluya la sumisión, sabiendo que la obediencia a la conciencia es anterior a toda otra autoridad establecida.

La cuestión del número de hijos es más discutible. Cierto que la aceptación de todos los hijos que se puedan criar y educar con salud y alegría es la actitud óptima, sean muchos o pocos, o ninguno, pero hay que tener en cuenta la explosión demográfica y el incierto futuro ecológico que estamos produciendo.

Quienes decidan limitar o retardar los nacimientos deben también ser responsables, con más razón hoy que se está cuestionando a fondo la rigidez de la moral sexual por parte del magisterio. Hay métodos anticonceptivos, unos más naturales que otros, que, de ser utilizados, no deben dañar ni la paz ni la unidad de la familia, ni económica ni afectivamente. Pero éstas son decisiones que sólo incumben a los esposos después de madura reflexión.

Porque el matrimonio y la familia que de ahí se sigue no están constituidos exclusivamente para conservar la especie humana; están sí para conservarla y desarrollarla, pero a través de la felicidad de los padres y los hijos. Tan contrario a la moral familiar es sacrificar la felicidad familiar a la procreación como su opuesto que desdeña la procreación para salvar la felicidad conyugal.

Son actitudes que, con mucha frecuencia, chocan y chocan frontalmente con los criterios mundanos y la publicidad de los productos consumistas, Cierta austeridad es, para ello, necesaria pero sin que, de esa forma, atraiga la desgracia a la familia,

Puntualizando

Por Sarri - 9 de Septiembre, 2011, 11:37, Categoría: General

EL AMOR CONYUGAL (#49)

 

El amor conyugal, por ser eminentemente humano, con el afecto de la voluntad abarca el bien de toda la persona y, por tanto, es capaz de enriquecer con una dignidad especial las expresiones del cuerpo y del espíritu y de ennoblecerlas como elementos y señales específicas de la amistad. Este amor está perfeccionado y elevado con el don especial de la gracia y la caridad.

Tal amor, asociando a la vez lo humano y lo divino, lleva a los esposos a un don libre y mutuo de sí mismos, comprobado por sentimientos y actos de ternura, e impregna toda su vida; más aún, por su misma generosa actividad crece y se perfecciona. Supera, por tanto con mucho la inclinación puramente erótica, que, por ser cultivo del egoísmo, se desvanece rápida y lamentablemente.

Este amor se expresa y se perfecciona singularmente con la acción propia del matrimonio. Por ello, los actos con que los esposos se unen íntimamente entre sí son honestos y dignos y, ejecutados de manera verdaderamente humana, significan y favorecen el don recíproco en un clima de gozosa gratitud,

Ratificado por la mutua fidelidad y sobre todo por el sacramento de Cristo, es indiscutiblemente fiel en cuerpo y mente, en la prosperidad y en la adversidad, quedando excluido de todo adulterio o divorcio.

El reconocimiento obligatorio de la igual dignidad personal del varón y de la mujer evidencia también claramente la unidad del matrimonio confirmada por el Señor. Para hacer frente a las obligaciones de esta vocación cristiana, se requiere una insigne virtud; por eso los esposos, vigorizados por la gracia para la vida de santidad, cultivarán la firmeza en el amor, la magnanimidad de corazón y el espíritu de sacrificio, pidiéndolos asiduamente en la oración.

Destacará el amor conyugal en el ambiente si los esposos sobresalen por su fidelidad y armonía y en el cuidado por la educación de sus hijos, participando en la necesaria renovación cultural, sicológica y social a favor del matrimonio y de la familia.

Hay que formar a los jóvenes a tiempo sobre la dignidad, función y ejercicio del amor conyugal y esto preferentemente en el seno de la misma familia. Así, educados  en el culto de la castidad, podrán pasar, a la edad conveniente de un honesto noviazgo al matrimonio,

 

Se aclara, definitivamente, la intrínseca bondad del matrimonio en todas sus dimensiones.

Exigencias matrimoniales

Por Sarri - 3 de Septiembre, 2011, 14:50, Categoría: Doctrinal

SANTIDAD DEL MATRIMONIO (#48)

 

El matrimonio instituido por Dios para la continuidad del género humano, el progreso personal y el destino eterno de los miembros de la familia, está ordenado por su propia naturaleza a la procreación. La unión íntima de los esposos y el bien de los hijos exigen la unidad indisoluble. El amor de los esposos está elevado por el amor de Dios y sostenido por Cristo y por la Iglesia, de cuya unión los esposos son imagen. El ejemplo de los padres y la devoción de los hijos manifiestan a todos la presencia del Salvador en la familia cristiana.

 

Este nº 48 es más largo, pero el extracto que les presento toca todos sus puntos esenciales, sin barrocas florituras.

Es indiscutible que la estructura matrimonial es funcional de la perpetuación del género humano y de su progresivo mejoramiento. Atender a la sola perpetuación lleva a la explosión demográfica y atender al solo mejoramiento tiende a caer en un hedonismo que lleva al empeoramiento. De ahí la moral matrimonial, hecha de experiencia y reflexión, que debe ser vivencial y ajena a todo autoritarismo: tarea nada fácil pero inevitable.

Lo del destino eterno es un tema específicamente cristiano, predicable en el interior de la iglesia y anunciable al exterior con mucha prudencia y más autenticidad. Debe tenerse en cuenta que al no cristiano no hay que asimilarlo como si fuera cristiano. Aunque es lícito dudar si muchos de los que se dicen cristianos, en realidad, lo son. Algo que complicaría aun más la cuestión.

La indisolubilidad ha de aceptarse en principio pero debe tratarse en sus circunstancias vitales. Depende del compromiso contraído entre los dos cónyuges. Y todos sabemos lo fácilmente que prometemos y lo difícilmente que cumplimos las promesas. En estas materias se impone más seriedad y madurez que la corriente. Una vez más, falla la educación.

La sacramentalidad es cuestión de fe. La falta de esta fe hace que la liturgia celebrativa se convierta muchas veces en festín profano, al igual que otros sacramentos. Todo ello recuerda cuán unidos están en el matrimonio su carácter civil y religioso y cuán despreocupadamente suelen ser tratados.

La autenticidad cristiana radica más en la irradiación vital que en los discursos. Se necesita más vida y menos presunción.