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Agosto del 2011

Instituciones

Por Sarri - 20 de Agosto, 2011, 15:46, Categoría: Doctrinal

Capítulo I

MATRIMONIO Y FAMILIA (#47)

 

El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está ligado a la comunidad conyugal y familiar. Los cristianos junto con los que estiman la familia se alegran de los medios que permiten hoy fomentar esta comunidad de amor y de respeto a la vida, ayudando a los esposos y padres en el cumplimiento de su excelsa misión: de ellos esperan los mejores resultados que se afanan por promover.

Sin embargo, la dignidad de esta institución no brilla en todas partes con el mismo esplendor, puesto que está oscurecida por la poligamia, el divorcio, el amor libre y otras deformaciones: el amor matrimonial queda profanado por el egoísmo, el hedonismo y los usos ilícitos contra la generación.

Por otra parte, la actual situación económica, sociosicológica y civil crean fuertes perturbaciones. Finalmente se observan con preocupación los problemas nacidos del incremento demográfico. Todo lo cual suscita angustia en las conciencias. No obstante, resalta el vigor y la solidez de la institución familiar en los profundos cambios de la sociedad contemporánea. A pesar de las dificultades a que han dado origen, con mucha frecuencia manifiestan, de varios modos, la verdadera naturaleza de tal institución.

Por lo tanto, el Concilio, con la exposición más clara de algunos puntos capitales de la doctrina de la Iglesia, pretende iluminar y fortalecer a los cristianos y a todos los hombres que se esfuerzan por garantizar y promover la intrínseca dignidad del estado matrimonial y su valor eximio.

 

El tema del valor del matrimonio y sus implicaciones es muy complejo y discutido. No esperemos, por tanto, del Concilio otra cosa que breves indicaciones de su problemática. La Iglesia tardó mucho en hacerse cargo de su adoctrinamiento que, más bien, fue condenatorio de sus imperfecciones y abusos.

Durante mucho tiempo, para exaltar los estados de vida religiosa consagrada, menoscababa en la predicación el estado matrimonial. La realidad le ha obligado a cambiar de óptica y hoy, dada la complejidad de los casos, se está escorando en sentido contrario.

El matrimonio goza de intrínseca dignidad, pero esta realidad, sobre todo cuando se entra en los detalles, suele quedar muy olvidada en el común sentir de la gente.

 

 

 

Dignidad Humana

Por Sarri - 17 de Agosto, 2011, 16:00, Categoría: Doctrinal

Segunda Parte

PROBLEMAS MAS URGENTES (#46)

 

Introducción

 

Después de haber expuesto la dignidad de la persona humana y la misión, tanto individual como social, a la que ha sido llamada en el mundo entero, el Concilio, a la luz del Evangelio y de la experiencia humana, llama ahora la atención de todos sobre algunos problemas actuales más urgentes que afectan profundamente al género humano.

Entre las numerosas cuestiones que preocupan a todos, hay que mencionar principalmente las que se refieren al matrimonio y a la familia, la cultura humana, la vida económica social y política, la solidaridad de los pueblos y la paz. Sobre cada una de ellas debe resplandecer la luz de los principios que brotan de Cristo, para guiar a los cristianos e iluminar a todos los hombres en la búsqueda de solución a tantos y tan complejos problemas.

 

La dignidad humana figura en primer término en la visión y misión cristiana. Sin ella, el resto es papel mojado, como suelen ser muchas recomendaciones que la olvidan o la dan por sobrentendida cuando no olímpicamente ignorada. La dignidad humana es la premisa y el fruto del sentido ético de la vida. Es, en realidad, el presupuesto de la vida cristiana.

De hecho, la Gaudium et Spes ausculta prioritariamente la ética de la vida que resulta confirmada e iluminada desde el enfoque evangélico. Pero la ética es autónoma. Esto es algo que las demás disciplinas, incluida las religiosas, suelen olvidar para poder calificarla como propia. La ética es humana; no es ni cristiana, ni budista, ni agnóstica ni atea.

Como las personas no viven aisladas en su individualidad es justo plantear el rol ético y religioso en las comunidades y asociaciones en las que la vida se desarrolla. Familia y país no son fenómenos arbitrarios sino necesarios y, por eso, son comunidades imprescindibles. La economía y la política, siendo también necesarias admiten mayor flexibilidad y variedad.

En este abanico de temas podríamos perdernos si pretendiéramos ser completos. Para algunos sobrarán temas y para otros faltarán. En el Concilio se hizo una opción sobre aquellos que consideraban más importantes, No son ni todos ni están todos los importantes. Son directrices generales que implican los detalles que no se mencionan y que quedan al arbitrio de las personas responsables de sus actuaciones.

Todo esto reclama de nosotros, atención, reflexión y decisión.

 

Núcleo Cristiano de Dinamismo

Por Sarri - 3 de Agosto, 2011, 17:17, Categoría: Doctrinal

CRISTO, ALFA Y OMEGA (#45)

 

La Iglesia, al prestar ayuda al mundo y al recibir del mundo, sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvación de toda la humanidad. Como sacramento universal de salvación manifiesta y al mismo tiempo realiza el misterio del amor de Dios al Hombre.

El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó para que, Hombre perfecto, salvara a todos y recapitulara todas las cosas. El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones. Es aquel a quien el Padre resucitó, exaltó y colocó a su derecha, constituyéndolo juez de vivos y muertos. Vivificados y reunidos en su Espíritu, caminamos como peregrinos hacia la consumación de la historia humana, la cual coincide plenamente con su amoroso designio.

Escuchemos lo que dice el Señor: Vengo presto, y conmigo viene mi recompensa, para dar a cada uno de acuerdo a sus obras. Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin (Ap. XXII, 12-13).

 

Himno triunfal. Como broche del capítulo y de la primera parte, en que se trata de la vocación del hombre en la Iglesia y en el Mundo. A veces el lirismo de estas consideraciones nos hace perder el sentido nuclear de tales verdades. No se trata de cosas y acontecimientos, sino de nuestra propia y personal conversión y transformación.

La encarnación del Verbo, la humanización de la voluntad divina, nos llega a todos. Formamos “ya” parte del Cuerpo de Cristo y en Cristo con nosotros se revela toda la historia de la que formamos parte. En El se recapitula el esfuerzo ético de la humanidad, la religiosidad de los profetas y la fe de los pueblos, desde el principio hasta el fin del mundo. Y en esa recapitulación (anakefalaiosis) todos somos protagonistas.

La Iglesia es sacramento: lo que muestra lo realiza. Por supuesto que se trata de un misterio imposible de comprenderlo desde nuestro caminar histórico en el seguimiento de Jesucristo. Aquí se plantean los riesgos de nuestros lirismos. Bien están si sólo son expresión de nuestras corazonadas, pero están muy mal cuando pasamos a darles consistencias racionales y dogmáticas. Los dogmas son verdades germinales que deben fructificar en verdades de vida, pero son lamentables cuando se quedan en formulaciones quietas y muertas; son como la tabla de multiplicar para los cálculos matemáticos.