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Valoración humana

Por Sarri - 12 de Abril, 2011, 9:39, Categoría: Doctrinal

VALOR DE LA ACTIVIDAD (#34)

 

La actividad individual y colectiva, el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre  a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo,  responde a la voluntad de Dios.

Esta enseñanza vale igualmente para los quehaceres más ordinarios. Porque los varones y mujeres que, mientras procuran el  sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de forma personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.

Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador,  están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. Cuanto más se acreciente el poder del hombre, más amplia es su  responsabilidad individual y colectiva. El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno sino que les impone como deber el hacerlo.

 

El valor de la actividad humana consiste en responder a la voluntad divina, se sea o no consciente de ello. La verdad que la ciencia racionalista descubre es buena; lo malo es  pensar que de esa manera prescindimos de Dios o, cosa que es lo mismo, que endiosamos a la razón. Dios está presente como dador existencial en todo acto humano, así se lo reconozca o no. El mismo acto pecaminoso está sostenido por Dios con su libre apertura hacia el bien o hacia el mal, generando la responsabilidad que de ahí se deriva.

La persona humana debe ser activa de acuerdo a sus posibilidades y a las posibilidades de su desarrollo. Desentenderse de esta responsabilidad está mal y no hay espiritualidad que lo justifique válidamente. La actividad monástica sólo se justifica por el testimonio que da de la relatividad de los empeños meramente humanos y pierden credibilidad cuando se acomodan en una forma de vida vacía de problemas.