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Febrero del 2011

Relaciones Humanas

Por Sarri - 21 de Febrero, 2011, 16:27, Categoría: Doctrinal

RESPETO A LAS PERSONAS (#27-29)

 

27.- Respeto de la persona humana. Es necesario ejercitar una profunda caridad con todos y deplorar todo aquello que es contrario a la vida y a la dignidad de las personas; todo ello es vergonzoso para la civilización humana y lesiona el honor debido a Dios.

28.- Respeto y amor a los adversarios.  El respeto y el amor deben extenderse también a quien profesa concepciones políticas, morales y religiosas distintas de la nuestra. Hay que distinguir entre el error y el que yerra, el cual conserva su dignidad de hombre. Dios es el único juez de los corazones. Cristo nos impone perdonar las injurias y extender a los enemigos nuestro amor.

29.- La igualdad de los hombres. No todos los hombres son iguales en capacidad física e intelectual pero a todos –creados por Dios con el mismo origen e idéntico destino- hay que reconocerles una igualdad fundamental. Debe, por consiguiente, eliminarse, como contraria a Dios toda discriminación por motivos de raza, sexo, lengua y religión, Y nos debe preocupar que no se reconozcan estos derechos.

 

El respeto mutuo entre los hombres es algo que se declama pero que no se cumple. Desde los intocables de la India hasta las relaciones entre patrón y peón la falta de respeto campea a sus anchas sin apenas nadie que ose criticarlas. Hay defectos que por estar muy generalizados pasan desapercibidos. Las mitras y solideos, por las diferencias que quieren resaltar, son una falta de respeto que apenas llama la atención. Y nada digamos de las condecoraciones con que los militares adornan sus pecheras.

Destaquemos que falta tanto al respeto el engreído como el sumiso adulador. La imperante falta de respeto entre nosotros bloquea la libertad del amor. No es posible amar, por más que se lo proclame, si primero no se sabe respetar. Esto se evidencia cuando, para perdonar una injuria exigimos la previa retractación.  Amor y perdón son palabras que pierden las aristas de su perfil por el mismo uso y abuso que hacemos de ellas.

Superemos la displicencia con que acostumbramos responder a estas recomendaciones, máxime cuando provienen de mandos episcopales. Escuchemos, filtrada por la filigrana episcopal, la voz de nuestro Salvador que, a su vez, nos pide salvar el mundo.

Convivencia justa

Por Sarri - 1 de Febrero, 2011, 22:06, Categoría: Doctrinal

EL BIEN COMUN (#26)

 

El bien común, esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección, implica derechos y obligaciones que miran a todo el género humano. Todos deben tener en cuenta las necesidades y las aspiraciones de los demás, mientras crece la conciencia de la dignidad de la persona, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables.

El bien común incluye el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elección de estado y a fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa.

Para cumplir estos objetivos hay que proceder a una renovación de los espíritus y a profundas reformas de la sociedad; el orden social debe someterse al orden personal, y no al contrario. El propio Señor advirtió que el sábado había sido hecho para hombre y no el hombre para el sábado. El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia y vivificarlo por el amor.

El Espíritu de Dios que guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra no es ajeno a esta evolución y, por su parte, el fermento evangélico despierta en el corazón del hombre esta irrefrenable exigencia de dignidad.

 

Advirtamos que las enseñanzas conciliares no son sino el eco de las leyes naturales que rigen desde la aparición del hombre en la tierra y que hoy, todavía, no se cumplen. Ni Rousseau con su teoría del buen salvaje, ni Hobbes con la de que el hombre es un lobo para el hombre dieron en el clavo. Sólo Jesús, con su afirmación de que el sábado había de someterse a las necesidades del hombre, abrió un camino positivo a la evolución de las relaciones humanas.

Más aun que relativizar la religión a la vida, la primacía del amor en las relaciones humanas es el norte de todas las decisiones individuales y sociales. El mundo necesita solidaridad y servicialidad (caridad y diaconía, en cristiano) para salir de la pendiente hacia el suicidio en que ha entrado.