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Religiosos

Por Sarri - 24 de Mayo, 2010, 20:18, Categoría: Doctrinal

CONCILIO VATICANO II

CONSTITUCIÓN DOGMATICA SOBRE LA IGLESIA

Capítulo V: Vocación a la Santidad § 42

 

Los Consejos Evangélicos.

 

La santidad se obtiene mediante la caridad, vínculo de la perfección y plenitud de la ley. La forma más propia de la santidad es el martirio, concedido a pocos; todos, sin embargo, deben estar prontos a seguir a Cristo por el camino de la cruz. La santidad se ve favorecida  por los consejos evangélicos, sobre los cuales tiene especial relieve la consagración a Dios en la virginidad y el celibato. La iglesia se alegra de aquellos hijos suyos que abrazan la pobreza y renuncian a la propia voluntad. Todos los fieles vivan en este mundo sin apegarse a las cosas que pasan. (42)

 

Comentario

 

Muy esquemático el tratamiento de este tema, pero ajustado al sentido cristiano. Los conciliares no tienen la culpa de que luego sean interpretados y mochados antojadizamente. Apuntaré unas pocas notas para evitar esas desviaciones, aunque, cuando alguien está desviado, es muy difícil que entienda el perjuicio de sus desviaciones.

La santidad y la perfección son obra del amor, amor a Dios y, su implicancia, amor al prójimo. Si alguna ley, tradición o costumbre apartara o desviara del amor (sobre todo del amor al prójimo, por ser el más verificable) esa costumbre debe ser abolida y desdeñada. Muchísimas devociones adolecen de este defecto.

Los consejos evangélicos son castidad, pobreza y obediencia, virtudes sobre las que se viene especulando demasiado con la consiguiente desorientación para quienes no son capaces de reflexión.

La castidad no es la abstinencia de actividades sexuales, opinión a la que se ha llegado por el exagerado rigor con que se la ha tratado, Ser casto es como ser sobrio, virtudes tan válidas en el matrimonio como en la soltería. Que la masturbación sea tratada con más rigor que la borrachera es simple consecuencia de mentalidad puritana.

La pobreza es otro caballo de batalla en las discusiones inútiles. Ofrecer sitiales de honor en la liturgia a ricachones y marginar a la viuda que vive al borde de la miseria lesiona, evidentemente, la caridad y degenera el testimonio cristiano ante el mundo.

La obediencia, como suele vulgarmente entenderse, mutila la personalidad. «Renunciar a la propia voluntad», antropológicamente, equivale al  suicidio. Ninguna virtud es virtud sino es libre y voluntaria.