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Abril del 2010

Santidad

Por Sarri - 27 de Abril, 2010, 11:25, Categoría: Doctrinal

CONCILIO VATICANO II

CONSTITUCIÓN DOGMATICA SOBRE LA IGLESIA

Capítulo V: Vocación a la Santidad § 39

 

Llamamiento a la santidad.

 

Creemos que la Iglesia es indefectiblemente santa, ya que Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu Santo es proclamado «el único Santo», la amó como a su esposa, entregándose a Sí mismo por ella para santificarla (Eph.V, 25-26), la unió a Sí como su propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios. Por ello, en la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar debe manifestarse en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles. Se manifiesta multiformemente en cada uno de los que, con edificación de los demás, se acercan a la perfección de la caridad en su propio género de vida; y de manera singular aparece en la práctica de los comúnmente llamados consejos evangélicos. Esta práctica de los consejos que muchos cristianos han abrazado tanto en privado como en una condición o estado aceptado por la Iglesia proporciona al mundo y debe proporcionarle un espléndido testimonio y ejemplo de esa santidad. (39)

 

Comentario

 

La vocación a la santidad afecta a todos los hombres, los que son, los que han sido y los que serán. La Iglesia, visible en medio de la humanidad, es el signo vivo y el testimonio de esa vocación  La palabra de Cristo asegura y cerciora que perdurará hasta el fin de los siglos, pero la efectividad de su presencia depende de la respuesta humana al llamado divino.

Esta perspectiva ha de tenerse siempre en cuenta para entender correctamente su prédica y sus comportamientos.

La historia de la Iglesia registra los altibajos de la respuesta humana, señalando momentos de floreciente expansión y épocas de retraimiento y pérdida de credibilidad. Lo seguro es que no perecerá aunque se vea reducida a la mínima expresión social. En los tiempos más críticos suelen aparecer santos, como san Francisco de Asís, que la levantan de su postración. El influjo de los santos no suele ser sociológicamente perceptible pero, a la larga, puede observarse su influencia, si bien siempre sometida a la mejor o peor respuesta humana.

Ser santo en la Iglesia es algo nada previsible, es un camino por el que hay que seguir confiado en la luz y gracia del Espíritu Prometido. Paradójicamente el santo es resistido: es un loco para los fieles y un subversivo para los superiores. Es un pequeño detalle que, en nuestro proyecto personal de santidad, nos ha de quitar el miedo a la crítica de los demás y a la condenación de las autoridades.

Los grandes artífices del Concilio habían sido, años antes, prohibidos y condenados por las autoridades romanas. Los santos son hombres sin miedo!

Convivencia eclesial

Por Sarri - 20 de Abril, 2010, 18:06, Categoría: General

CONCILIO VATICANO II

CONSTITUCIÓN DOGMATICA SOBRE LA IGLESIA

Capítulo IV Los Laicos § 37-38

 

Relaciones con la Jerarquía

 

Los laicos tienen el derecho de recibir los bienes espirituales por parte de los pastores, a los cuales deben manifestar sus deseos y necesidades, expresando incluso personalmente o por medio de instituciones oportunas, su punto de vista sobre los problemas religiosos. Tienen, sin embargo el deber de respetar y obedecer a sus pastores, siguiendo sus directrices y orando por ellos. Los pastores, a su vez, promuevan la dignidad y la responsabilidad de los laicos en la Iglesia. De las relaciones más estrechas entre pastores y laicos se pueden esperar muchas ventajas para la Iglesia. (37)

Son los laicos en el mundo lo que el alma es en el cuerpo humano, alimentando el mundo con frutos espirituales y difundiendo en él el espíritu de que están animados aquellos pobres, mansos y pacíficos a quienes el Señor en el evangelio proclamó bienaventurados. (38)

 

Comentari0

 

La carta magna de las personas siempre es la proclamación de sus derechos y deberes. Casi siempre, los hechos distan de los dichos; éstos son objeto de rimbombantes discursos, aquéllos de inconsideradas concesiones, tanto entre laicos como entre jerarcas. Son los hechos los que hay que encarrilar por el doble riel de los derechos y los deberes.

Por mi parte, donde dice que los laicos deben “respetar y obedecer a sus pastores”, en lugar de “obedecer” me hubiera gustado más que dijera “amar”, Será cuestión de palabras, pero las palabras siempre configuran el panorama de las actitudes. Amar por obediencia nunca es tan preclaro como obedecer por amor.

La sensación que hoy cunde es que los pastores viven alejados de sus fieles y despreocupados por su dignidad y responsabilidades. Se los ve más interesados por el boato, por el prestigio social y por el dominio de las situaciones.. La concurrencia a la plaza de san Pedro con motivo de las festividades trasunta más fasto y apariencia que sencillez y realidad, sin mentar los costos que su organización insume mientras los pobres del mundo sufren hambre y miseria.

Seamos realistas. Ni críticos resentidos, ni acólitos obsecuentes. Las relaciones entre jerarquía y fieles están demasiado tensas como para seguir con mutuas denuncias. Unos y otros volvamos de una vez por todas al evangelio, a las enseñanzas de Jesús y. más distensionados, actuemos con firmeza nuestros derechos y cumplamos seriamente nuestros deberes.

Siendo todos fieles a Cristo, la Iglesia progresará en credibilidad y será nuevamente sal de la tierra y luz del mundo.

 

 

 

Santificar la Vida

Por Sarri - 12 de Abril, 2010, 17:17, Categoría: Doctrinal

CONCILIO VATICANO II

CONSTITUCIÓN DOGMATICA SOBRE LA IGLESIA

Capítulo IV Los Laicos § 36

 

Santificar estructuras humanas.

 

Como partícipes de la potestad real de Cristo, los laicos deben dilatar su Reino y, por lo tanto, conocer el valor de todas las criaturas, las cuales están ordenadas a la alabanza de Dios. En esto su aportación es fundamental. Con su competencia y actividad, elevadas por la gracia, prestarán una contribución eficaz, para que los bienes creados sean más abundantes y queden mejor distribuidos, integrando al mismo tiempo, de valores más justos la cultura y las obras humanas. Sepan, por otra parte, distinguir bien entre los derechos y deberes que les incumben en cuanto miembros de la Iglesia y, simultáneamente, de la sociedad civil, la cual tiene ordenamientos propios, pero no puede ser construida sin la religión o contra la libertad religiosa de los ciudadanos. (36)

 

Comentario

 

He aquí la perspectiva de la vida cristiana para ser sal de la tierra, luz del mundo y fermento de la sociedad.. Cada cristiano deberá llenar estas generalidades con su concreta actividad social, de acuerdo con sus aptitudes y voluntad. Así responde a su vocación humana y cristiana, dócil a las inspiraciones del Espíritu que, en su interior, gime con gemidos inenarrables.

Entra aquí, al final, el tema de la libertad religiosa, tema que se desarrolla en otro documento conciliar y que fue objeto de las más ásperas discusiones entre los obispos conservadores y renovadores. Quizá, si llegáramos a tener tiempo, podríamos desarrollarlo párrafo por párrafo.

La pertenencia simultánea a la sociedad civil y religiosa no debería, de por sí, tropezar con problemas, como no deberían tener otras corporaciones militares, profesionales, gremiales, etc. Las sociedades religiosas siempre han tenido problemas a no ser que se integraran al Estado y decretaran que su Jefe fuera, también  su Sumo Pontífice. Así fue en la antigua Roma, hasta que los cristianos calificaron de idolatría la divinización del emperador y sostuvieron hasta el martirio que antes había que obedecer a Dios que a los hombres.

Alegando los “derechos de la verdad” la iglesia romana pretendió, después de Constantino, imponer comportamientos y ejercer controles sobre las actividades de los funcionarios estatales. Por natural reacción, los estatales buscaron de domeñar a la iglesia y de incorporarla a sus estatutos. Estas luchas apenas se están superando. Basta recordar el encuentro de Napoleón con Pío VII.

Con solo acordarse de que la verdad es lo que es y no tiene ningún derecho, ya que los derechos y deberes son patrimonio exclusivo de las personas libres y, cuando se olvida esta verdad, se lucha no por derechos sino por privilegios que contradicen los auténticos derechos.

La historia es un claro testimonio de semejante despropósito.

 

Testimonio de vida

Por Sarri - 7 de Abril, 2010, 20:18, Categoría: Doctrinal

CONCILIO VATICANO II

CONSTITUCIÓN DOGMATICA SOBRE LA IGLESIA

Capítulo IV Los Laicos § 35

Testimonio de vida.

 

Participando del oficio profético de Cristo, los laicos, a través de las estructuras de la vida secular, aprovechan el tiempo presente en espera de la gloria futura y son heraldos de la fe con el testimonio de la vida y con la palabra. En particular el estado de vida matrimonial está santificado por un sacramento especial.  La familia es escuela excelente para los esposos, para los hijos y para el mundo entero, a cuya evangelización los laicos contribuyen también cuando están ocupados en las cosas temporales. (35)

 

Comentario

 

Insistamos en que el clero y los jerarcas, antes que clérigos, también son laicos porque son miembros del pueblo, del Pueblo de Dios. El maestro entre los hombres no por eso deja de ser hombre. El concepto diversificador de la naturaleza del clero y del laicado crea peligrosas confusiones, subordinando el laicado al clero cuando el clero (sin perder el propio carácter laical) existe para servicio de todos: clérigos y laicos.

Todos, por tanto, han de dar testimonio de vida cristiana en todas las circunstancias de su vida. El que vive en la comunidad sin funciones especiales que cumplir es tan miembro de la comunidad como el que ejerce los cargos más altos. Esto es algo que se ha olvidado y que se necesita recuperar para fundar toda justicia en la dignidad humana y no en los oficios comunitarios. La vida cristiana fluye del compromiso bautismal y no olvidemos que ni matrimonio ni orden sagrado son nada sin bautismo.

Repito y repito estas ideas y estos hechos porque los mismos documentos conciliares están llenos de ambigüedades sobre estos temas y no responderemos adecuadamente a sus enseñanzas pastorales si no aclaramos nuestras ideas y no purificamos nuestras actitudes al respecto.

El matrimonio, por ejemplo, es una institución natural cuyo carácter sacramental en la iglesia tardó siglos en ser reconocido. El derecho canónico  legisló sobre él más como realidad eclesial que como institución natural, lo cual derivó en cortocircuitos como el que ahora sufrimos respecto al celibato y la homosexualidad entre otros.

Otro tanto cabría decir de las “cosas temporales” como si la vestimenta y la comida de los obispos no fuera tan temporal como la de los sastres y carniceros. En la iglesia peregrina todo es temporal; en la iglesia triunfante todo será eterno e intangible; aunque sería mejor no abusar de tales distinciones.

Lo triste, por la rémora que supone, es que el concepto de laico ha sido desvalorizado a lo largo de los siglos y, ahora, hasta el concilio tiene dificultades para revalorizarlo.

Vayamos, pues, y prediquemos con nuestra vida y al que creyere bauticémosle en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Consagración del Mundo

Por Sarri - 2 de Abril, 2010, 17:48, Categoría: Doctrinal

CONCILIO VATICANO II

CONSTITUCIÓN DOGMATICA SOBRE LA IGLESIA

Capítulo IV Los Laicos § 33-34

 

Apostolado Laical: Consagración del Mundo.

 

Los laicos están llamados, como miembros vivos, al incremento de la Iglesia. Su apostolado es participación en la misión salvífica, de la cual son al mismo tiempo testimonio e instrumento por medio de los sacramentos. Además de este apostolado común, los laicos pueden ser llamados a colaboraciones más específicas con el apostolado de la Jerarquía. (33)

Participando del oficio sacerdotal de Cristo, los laicos, vivificados y estimulados por su Espíritu, ejercitan un culto espiritual para gloria de Dios y la salvación de los hermanos, consagrando, a través de sus obras diarias, el mundo a Dios. (34)

 

Comentario

 

Lo que la Iglesia hace, salvar al mundo, lo hace cada cristiano en su circunstancia social y, frente a esta tarea, ser obispo o labrador es simple circunstancia. El mundo, podríamos decir, está siendo bautizado (o consagrado) en cada cristiano que se bautiza. Bautismo es conversión, y conversión es entrega vital a la obra de Cristo –la redención del mundo. Esto sucede siempre que un nuevo cristiano, un laico, se incorpora, y no de pasivo conformismo, a la comunidad viva de fe que es la Iglesia.

El compromiso y cumplimiento cristianos de salvar al mundo es obra de laicos. La diversidad de jerarquías, desde el ostiario hasta el Papa, son meras circunstancias administrativas para el mejor cumplimiento del compromiso cristiano. Cuando estas circunstancias no son recíprocamente serviciales, el testimonio de la Iglesia se debilita, se camufla y se pierde. Es lo que está sucediendo hoy con los sacerdotes que abandonan su ministerio, con los creyentes que abjuran de su fe y con tantas personas que de críticas y opositoras de la Iglesia pasan a la indiferencia y al abandono de toda relación eclesial.

No sé si nos damos cuenta de cuán serio y trágico es el problema de la pérdida de credibilidad cristiana. Qué significan dos millones aplaudiendo al Papa en la plaza de San Pedro frente a los cuatro mil millones que habitan la tierra sin que les llegue ningún testimonio vital de la salvación cristiana? No nos fiemos de estadísticas caseras; la misión apostólica está perdiendo terreno porque se ha privilegiado la obediencia sobre la caridad y la disciplina sobre la servicialidad.

La revalorización del laicado no es más que la revalorización de la vida cristiana. El día en que a la ordenación sacerdotal o episcopal se le dé menos boato  litúrgico y se realce más la ceremonia bautismal, entonces, tal vez, estemos cambiando el rumbo de la barca de Pedro,

Mientras tanto: oración y acción!