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Marzo del 2010

Laicos y Clérigos

Por Sarri - 24 de Marzo, 2010, 18:03, Categoría: Doctrinal

CONCILIO VATICANO II

CONSTITUCIÓN DOGMATICA SOBRE LA IGLESIA

Capítulo IV Los Laicos § 32

 

Unidad en la diversidad.

 

En la Iglesia hay una admirable variedad, pero es uno sólo el Pueblo de Dios; un Señor, una fe y un mismo bautismo, sin desigualdades entre los fieles, pues  todos son uno en Cristo Jesús. Aunque, por vías distintas, todos están llamados a la santidad. Aun cuando algunos han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica igualdad entre todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo. La misma distinción entre pastores y laicos está basada sobre vínculos de recíproco servicio y colaboración. Teniendo, pues, los laicos a Cristo mismo como hermano, tienen también como hermanos a los pastores investidos de su autoridad.

A este propósito dice bellísimamente san Agustín:«Si me asusta lo que soy para vosotros, también me consuela lo que soy con vosotros. Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano. Aquel nombre expresa un deber, éste una gracia; aquél indica un peligro, éste la salvación». (32)

 

Comentario

 

Mucho debemos meditar sobre la importancia de la unidad y la contingencia de la diversidad en la Iglesia. Ambas, unidad y diversidad, son obra del Espíritu Santo que llama a todos sin distinción a la santidad. La respuesta humana es la que crea distinciones malsanas y abusos lamentables. Los laicos, tanto como los clérigos (que antes que clérigos también son laicos bautizados) construyen la Iglesia con su santidad personal. Si esta santidad falla, la Iglesia también falla y nunca se sabrá sobre quiénes, pastores o laicos, recae mayor culpabilidad.

Ser laico, ser fiel y santo, es lo primero en la iglesia. Los ministerios (=funciones de servicio) se van creando según las circunstancias y las necesidades. Si, debido al retraso cultural del Medioevo, se enfatizó la autoridad de los ministerios y la sumisión de los laicos, el Concilio vuelve a poner los puntos sobre la íes y recuerda, aunque no tan enfáticamente, que lo absoluto es la santidad y lo relativo la autoridad y la obediencia. Tan es así que los mismos hechos muestran que, cuando se sobrestiman, la autoridad degenera en autoritarismo y la obediencia en conformismo.

No puedo menos de resaltar la belleza y precisión con que el obispo de Hipona, Africa destaca su situación episcopal, cuando las hordas de los vándalos ya venían arrasando sus territorios e inaugurando la negra época del feudalismo que tanto sufrimiento sembró en Europa y cuyas reacciones fraguaron por siglos en reflejos defensivos y en miedos esquizofrénicos.

Hoy estamos saliendo de esas negruras pero también podemos estar entrando en situaciones peores si no tratamos de ser más santos y más cristianos.

Los Laicos

Por Sarri - 18 de Marzo, 2010, 17:45, Categoría: General

CONCILIO VATICANO II

CONSTITUCIÓN DOGMATICA SOBRE LA IGLESIA

Capítulo IV Los Laicos § 31

 

            Qué es el laico.

 

Con el nombre de laicos se entienden todos aquellos fieles que, consagrados a Cristo por el bautismo, constituyen el Pueblo de Dios, partícipes del oficio sacerdotal, profético y real de Cristo. Es propio de los laicos buscar el Reino de Cristo, tratando las cosas temporales y ordenándolas a Dios.

Los miembros del orden sagrado están destinados principal y expresamente al sagrado ministerio por razón de su vocación. Los religiosos, en virtud de su estado, proporcionan un preclaro e inestimable testimonio de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas. A los laicos corresponde tratar de obtener el Reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios. Viven en el siglo, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social.

A ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que están estrechamente vinculados de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor.

 

Comentario.

 

La incoherencia de fondo en este tratado es la separación de los clérigos y religiosos de los laicos, como si aquellos no siguieran siendo laicos, miembros del Pueblo de Dios. Esta estratificación de los estados, obra de la legislación canónica, está en contradicción con el Evangelio en el que el mismo Cristo vive como laico desarrollando las virtudes proféticas, sacerdotales y reales.

Una vez más, esta separación es comprensible en el giro que tomó la historia de las iglesias a lo largo de los siglos, pero no por eso justificable. La aparición de las congregaciones religiosas fue un fenómeno normal de agrupación y organización entre personas que querían vivir más auténticamente la vida cristiana pero, de hecho, fueron cuestionadas por la jerarquía hasta ajustarlas a normas de derecho canónico, con lo que, muchas veces, las esclerotizaron.

Cuando Carlomagno bautizó a los francos por orden imperial de lo que se trataba era de conformar las relaciones de poder entre el Imperio y la Jerarquía; se sacramentaba y no se evangelizaba y los laicos quedaban como fuerza laboral doblegada por las gabelas y los impuestos.

La enseñanza y educación de los laicos quedaba siempre librada a la iniciativa de algunos santos mientras que, desde Roma, se predicaba el silencio, la pasividad y la obediencia. La revalorización laical del Concilio Vaticano II es una obra titánica que todavía está en marcha sufriendo las contramarchas de la rutina autoritaria.

 

CONCILIO VATICANO II

Por Sarri - 5 de Marzo, 2010, 9:20, Categoría: Doctrinal

CONSTITUCIÓN DOGMATICA SOBRE LA IGLESIA

Capítulo IV Los Laicos § 30

 

          Peculiaridad.

 

Después de los pastores, el Concilio dirige su atención hacia los laicos, los cuales contribuyen al bien de toda la Iglesia según los propios dones y carismas. Porque, si todo lo que se ha dicho sobre el Pueblo de Dios se dirige por igual a laicos, religiosos y clérigos, sin embargo, a los laicos, varones y mujeres, por razón de su condición y misión, les atañen particularmente ciertas cosas, cuyos fundamentos han de considerarse con mayor cuidado, a causa de las especiales circunstancias de nuestro tiempo. (30)

 

Comentario

 

Lo primero y más importante para todo cristiano, sea papa o sea panadero, es ser miembro vivo en la comunidad eclesiástica. Luego vienen, en muy segundo lugar, las diversas funciones que competen a cada uno según los carismas de que es portador. En general, se destacan las funciones de autoridad y asentimiento. A pesar de que, en palabras del mismo Cristo, la autoridad se autentifica en la iglesia por su servicialidad, las autoridades la entendieron como dominio y con el tiempo esta antievangélica tradición fue imponiéndose y acarreando, por consiguiente, el deterioro de las vivencias cristianas.

La jerarquía, autoridad sagrada, fraguó una actitud rígidamente dogmática en que el credo cobraba más importancia que los mandamientos. El Concilio Vaticano II trató de quebrar tal actitud y promover otra más pastoral en que la caridad primara sobre la obediencia. Como estos cambios no pueden ser efectivos de la noche a la mañana, los cristianos hemos entrado en una crisis cuyas consecuencias son imprevisibles.

El evangelio no puede ser transmitido sino de viva voz y por el ejemplo de vida. La crisis del tradicionalismo es que en vez de arraigar en el evangelio arraiga en costumbres ulteriores desarraigadas de sus orígenes evangélicos. El evangelio pide que los pastores apacienten la grey de los fieles, pero la tradición ha invertido los términos y ha puesto a los laicos al servicio de las jerarquías.

De ahí la novedad de este capítulo cuarto en los documentos del magisterio eclesiástico. Debido a lo abrupto de su aparición está lleno de ambigüedades que ya iremos viendo y que son inevitables dada la forma en que nació.

Concilio Vaticano II

Por Sarri - 1 de Marzo, 2010, 17:01, Categoría: Doctrinal

 

Dice el cap. III de la Lumen Gentiun § 18

 

Para apacentar al Pueblo de Dios y hacerlo crecer siempre Cristo promovió en su Iglesia diversos ministerios ordenados al bien de todo el Cuerpo. Los ministros que poseen la sacra potestad están al servicio de sus hermanos a fin de que, tendiendo libre y ordenadamente a lo mismo, alcancen la salvación.

El Concilio enseña y declara que Jesucristo, pastor eterno, edificó la Iglesia enviando a sus Apóstoles lo mismo que El fue enviado por el Padre y quiso que los sucesores de aquellos, los obispos, fuesen los pastores hasta la consumación de los siglos, puso al frente a Pedro e instituyó en su persona el fundamento de unidad de fe y de comunión. La doctrina sobre el primado del Romano Pontífice y de su magisterio es propuesta por el Concilio a los fieles como objeto de fe y, juntamente, propone declarar la doctrina acerca de los obispos, sucesores de los apóstoles, que rigen la casa del Dios vivo.

 

Comentario

 

El capítulo trata sobre el gobierno y gobernantes en la Iglesia. De entrada afirma que tal gobierno, en contraposición con los gobiernos civiles, es esencialmente diaconía a los fieles. Este es un punto difícil de dilucidar y tema de debate y diatriba entre las diversas interpretaciones, jurídica una y diaconal la otra.

Según el evangelio, la obligación de servir –diaconía– prima sobre la obediencia pero, según la historia eclesiástica, la necesidad de la obediencia ha desdibujado la obligación del servicio. De hecho, aquí entra en juego si la verdad de la fuerza puede dar paso a la fuerza de la verdad. La fuerza esta en  la coerción jurídica: la verdad reside en la libre decisión de cada uno.

La jerarquía con todos sus estamentos papales, episcopales y curiales es fruto de la evolución histórica  Los jerarcas opinan que su autoridad se justifica por la asistencia del Espíritu Santo y los fieles sumisos lo aceptan sin pestañear. Pero los fieles más críticos entienden que semejante evolución es más humana que divina, más profana que sagrada. Y en esas divergencias estriba la crisis de estos últimos tiempos. Crisis que, en proyección sociológica, se agudiza más que se supera.

Creo que es bueno repensar estos hechos para entender los contrapuntos que chirrían entre este capitulo tercero y el cuarto que le sigue. A todos nos es necesario revisar con cierta frecuencia el contenido y la modalidad de nuestras creencias en Dios, en Cristo y en la Iglesia. Está claro que la tesitura de Juan XIII y la de Juan Pablo II y Benedicto XVI divergen lo suficiente como para cuestionarse cuan falibles e infalibles son los papas.

Subrayemos: el camino de la salvación es libre y ordenado.