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Octubre del 2009

vivencias

Por Sarri - 16 de Octubre, 2009, 17:49, Categoría: General

PERDIDAS Y GANANCIAS

Paradójicamente, el sentido cristiano de la vida hace que las pérdidas sean ganancias y las ganancias pérdidas. Ganar el mundo es perder el alma. No es posible ganar el mundo y el alma: si se gana o se pierde uno se pierde o se gana la otra. La alternancia es inevitable. No se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero: o se ama a uno y se aborrece al otro. Por derecho o a la inversa. Es imposible amar u odiar a ambos a la vez: por más que nos empeñemos en ello acabaremos ilusamente engañados. Reflexionemos, así sea someramente, sobre los términos en juego.

El mundo son las riquezas que en x años de vida podemos reunir. Las acumulamos para prevenir las necesidades de la vejez en que no podremos trabajar y producir: se trata de la virtud burguesa del ahorro que no confía en la solidaridad de los demás o de la virtud neoliberal de saber endeudarse sin mayores obligaciones para los resarcimientos. En ambos casos prescindimos de las necesidades ajenas a las que deberíamos subvenir con nuestros excedentes.

El alma, lo que se dice el alma, es la vida que nos ha sido dada y que debemos conservarla saludablemente, junto con todos nuestros semejantes, hasta morir. El vicio de la codicia y de la avaricia, contrariamente a todas las apariencias, conspira destruyendo la salud de la vida con ansias y miedos de perder lo que se tiene antes de perder la misma vida, pérdida que, llegado el momento, es inexorable e inaplazable. Cuál es, entonces, la ganancia? Qué significa haber vivido en la opulencia a la hora de la muerte?

Jesucristo nos alerta cuestionándonos de qué nos sirve ganar el mundo si perdemos el alma. El alma para Jesús es la vida perdurable que trasciende la temporalidad, la vida cuyo momento presente, al perder el encierro entre el pasado y el futuro, se abre indestructible a la eternidad, revelando con ello la Unidad de vida entre todos los hijos de Dios y  brillando la Verdad de la Vida en toda su Bondad y Belleza.

El cristiano cree y espera con amor despertar del sueño en que el tiempo le tiene aletargado entre mil y millones de ilusiones cuya pérdida es la única ganancia significativa de la vida, para lo cual hay que perder el miedo a la muerte, momento en el que se liquida el pasado y desaparece el futuro. Perder para ganar no es fácil pero es posible si así lo queremos, no en los dichos, sino en los hechos.