Por Sarri - 6 de Junio, 2009, 18:41, Categoría: General
ESCALA
CRISTIANA
Para llegar a cristianos se requiere, primero,
hombría. Se requiere buena voluntad, sinceridad y solidaridad, decisión para
colaborar con los demás en la construcción de un mundo mejor, más habitable,
que no excluya a nadie de los bienes que la tierra ofrece a todos. Se requiere
un sentido ético de la vida que distribuya las responsabilidades de acuerdo con
las habilidades de cada uno.
Todo ello es prerrequisito para el cristiano y
predisposición para vivir la fe. No pensemos que los cristianos, por considerarse
cristianos, son mejores que los demás. Rezar y recibir los sacramentos y, tal
vez, hacer espectaculares limosnas, puede resultar un craso engaño, al no estar
sostenido por la hombría de bien.
Ya lo dice Jesús que no todo el que clame «Señor,
Señor!» entrará en el reino de los cielos. Y a los piadosos fariseos les
advierte que los publicanos y las prostitutas les precederían a la hora de dar
cuenta de la vida. Ser humano es la tarima sobre la que se construye el ser
cristiano. De ahí que los no cristianos pero de buen natural sean mejores que
muchos cristianos practicantes pero despreocupados de la suerte de los demás.
Sobre la bondad humana se construye la santidad
cristiana. De hecho no existen virtudes cristianas, sino exponenciales
cristianos que acrisolan las virtudes humanas. La vida cristiana queda
escondida en el misterio de la fe pero, cuando existe, purifica y abrillanta
las virtudes humanas. Recordemos aquel paradójico refrán: un santo triste es un
triste santo.
No basta estar bautizado, no basta comulgar
diariamente para ser buen cristiano. Creer lo contrario lleva al descrédito del
cristianismo y, si hoy se mira con tan malos ojos a la gente de iglesia, es
porque se ha confundido el cristianismo con el ritualismo. El ritualismo es
algo así como creer que por entrar en un garaje me convierto en automóvil.
El despropósito de construir la vida cristiana sin
pulir las virtudes humanas sobre las que se asienta es responsable de la
pérdida del prestigio cristiano. El daño de está hipocresía tiene ya historia
de siglos y no es fácil remontarla y repararla pero es urgentemente necesario
primar la misericordia por encima de los sacrificios sagrados.
Lo admirable, tanto del humanismo como de
cristianismo, es el amor y el servicio mutuo. Ahora como antes, el mundo se
convertirá cuando nos vea dispuestos a sacrificar nuestros intereses personales
para ayudar a los más necesitados de apoyo y amor.