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Filosofia de la fe

Por Sarri - 26 de Mayo, 2009, 14:31, Categoría: Doctrinal

 

INDEFINICION

 

 

Hay tres pronombres indefinidos y neutros: nada, algo y todo. En ellos se esconde, tal vez, el secreto de la evolución. Nuestro gran problema radica en que confundimos el conocimiento de Algo con el conocimiento de Todo. El álgebra de estos pronombres resulta paradójica. Nada + nada = nada (no son dos nadas sino la misma nada). Algo + algo = algo (surge un algo no múltiple pero superior). Todo + todo = todo (absurdo!). Los humanos, con nuestro pensamiento y lenguaje,  nadamos en las aguas de estas paradójicas indefiniciones. Reflexionar sobre este maremágnum podría ayudar para alcanzar cierta sensatez pero también puede contribuir a hundirnos en la desesperación.

La contingencia o limitación de nuestra existencia reclama distinguir el misterio del absurdo. El que todo más todo sea doble todo, es absurdo y no misterio, El que lo creado nada añada al Creador increado (Dios) no es absurdo sino misterio, es algo que trasciende nuestra capacidad de comprensión y que podemos, si queremos, creer. Y, en esta indefinición racional nos definimos existencialmente todos los hombres y las mujeres desde que somos concebidos, nacemos, crecemos y morimos. Los cristianos creemos que ante Dios somos nada, es decir, somos algo (alguien) que nada  añade a Dios  de Quien todo recibimos gratuitamente.

Dentro de estas condiciones resulta muy difícil manejar el misterio y el absurdo, tanto que  pretender superar la dificultad es la ilusión que acarrea todos los problemas de la vida humana. Si el misterio es la verdad y el absurdo es la no-verdad hemos de cuidar con suma diligencia que en la presentación idiomática de los misterios no entre el absurdo; ésta y no otra es la función de la razón ante la fe. Las verdades de fe suelen revestirse de mitos (creación en siete días, diluvio universal, éxodo a la tierra prometida, etc. etc.) a los que la razón debe expurgar de incoherencias para no caer en la magia, en la absurda idea de que algo es capaz de crear algo. Para que la crítica de la razón no reduzca las verdades de fe a nada, la primera salida es convertir los mitos es poesía y referenciarlos a la vivencia mística, labor nunca completable en la historia temporal de la Humanidad.

Para definir algo la mente recurre a la abstracción de las ideas con las que va estructurando todos sus conocimientos matemáticos, científicos y filosóficos. Para independizarse de esta actividad racional está el arte que, al margen de la búsqueda de la verdad, busca y produce la belleza donde las creencias encuentran cómodo asiento. La teología busca compatibilizar ciencia y fe, evitando  racionalismos y fideísmos que sacrifican la verdad del conjunto. El gran misterio de la vida cristiana es la encarnación divina que los cristianos actualizan y vivencian con el amor al prójimo y con el servicio al bienestar de la humanidad. Aquí es donde la ortopraxis con su lastre de indefinición supera las deficiencias de la ortodoxia definitoria.