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reflexión

Por Sarri - 27 de Abril, 2009, 17:59, Categoría: Doctrinal

DIALECTICA RELIGIOSA

Paul Ricoeur llama "religión" al elemento condicionante de nuestra vivencia religiosa   y "fe" al elemento que escapa al condicionamiento. Históricamente, en la mayoría de los fieles, se atiene a lo religioso y se prescinde del compromiso personal, con lo cual, se promueve el legalismo y el ritualismo vacío de sentido personal. Las personas, clérigos y laicos, se conforman con cumplir algunas prescripciones y se desentienden de la convivencia cristiana. Los clérigos mandan y los laicos obedecen.

Pero la fe se marchita en ese ambiente y termina desapareciendo. Si en la misa del domingo preguntamos a uno cualquiera qué fruto ha sacado de la eucaristía, veremos que la persona queda desorientada y que, pasado el primer momento de desconcierto, responde algo parecido a «he cumplido con mi obligación». Lo que cuenta es obedecer y ni se le pasa por la mente que vino a nutrirse del amor al prójimo.

Frente a la conciencia, lo que importa es la fe y su acrecimiento y la obediencia sólo vale si ayuda a la fe. La religión tiene por objeto cultivar la fe y las estructuras que crea deben estar subordinadas a esa finalidad: ésa es la dialéctica, la tensión que unifica religión y fe.

Lo primero que se pierde en las religiones es la fe en el valor  de la pobreza, cultivando cada vez con más ahínco la servidumbre de la riqueza y el poder del dinero, Tales actitudes llevan a consagrar la propiedad privativa del individuo como máximo ideal, terminando en el capitalismo que hoy domina el mundo.

Otra actitud clásica que cultiva la religión es la hipocresía para tapar con bonitos discursos y sofismas la ausencia de solidaridad humana. La teoría insiste en lo que la religión debe ser, pero la práctica descubre lo que verdaderamente es

La fe no depende de la religión sino que, al revés, la religión depende de la fe. Por eso si la religión va perdiendo la fe que debe acrisolar, ella misma se corrompe y en lugar de ser un medio de liberación y vida acaba siendo causa de servilismo, esclavitud y muerte.

Religión y política suelen ir juntas y juntas evolucionan tanto para corromperse como para purificarse. El dinero les lava el cerebro y les endurece el corazón. Y hoy hemos llegado a un punto en que la misma naturaleza sufre en su armonía ecológica tanto que, si no cambiamos diametralmente de actitudes, estallará y hará imposible toda vida en el planeta.

Frente a este horizonte sólo cabe avivar la responsabilidad personal de todos y cada uno, pero cada uno sin esperar a los demás.