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Abril del 2009

Vida Cristiana

Por Sarri - 28 de Abril, 2009, 15:53, Categoría: Doctrinal

EL REINO DE DIOS

Liberados de la opresión egipcia, los israelitas vieron cumplida su esperanza de libertad y justicia con el rey David, pero esa esperanza se quebró con la ruptura del reino, con el sometimiento y el destierro a reinos  extranjeros. Los profetas, Isaías y Jeremías, reavivan la esperanza en la descendencia de David y Daniel basa esa misma esperanza en el Hijo del Hombre y en la resurrección de los muertos.

La actuación y la prédica de Jesús causaron profunda conmoción en el pueblo  israelita y volvió a avivarse la marchita esperanza del Reino de libertad, justicia, paz y prosperidad. Pero duró poco. La libertad de Jesús despertó sospechas en las autoridades que, al conjurarse con los romanos, consiguieron asesinarlo y eliminarlo.

Quedaban los discípulos, pero defraudados. Sin embargo cundió la impresión de que Jesús estaba vivo entremedio de ellos y nació la fe en la resurrección, vaticinada por el profeta Daniel. La instauración del Reino, lentamente, perdió vigencia material y pasó a constituirse, entre muchas dificultades ideológicas, en escatológica. Tras la muerte y fin de la historia brillará en todo su esplendor la resurrección y la nueva vida perdurable.

En eso estamos. El Reino ya viene inaugurado por Dios y por el Hijo del Hombre, por Jesús, el Cristo, que nos une a El haciéndonos cristianos implantadores del Reino de Dios. Porque el Reino es de libertad y justicia, fruto de la conversión del corazón humano.

Este Reino es universal en el tiempo y en el espacio y convoca a cristianos y paganos a esforzarse, por obra del santo Espíritu de Jesús, a dar testimonio de su inminencia por la fe esperanzada de la caridad, por la ayuda solidaria entre todos los hombres y por el amor mutuo llevado hasta los mismos enemigos, entregando, si preciso fuera, la misma vida en testimonio martirial como lo hizo el Maestro.

Este Reino no es una teoría que pueda apuntalarse con verdades dogmaticas. Este Reino es fruto de una práctica que, destruyendo el egoísmo, la envidia y la codicia, vaya liberando las posibilidades de amar del corazón humano. Este Reino es la resurrección universal después de la muerte del género humano.

No preguntemos ni inquiramos el cuándo y el cómo de este adorable misterio. Más bien, esperemos con esperanza viva su cumplimiento sin caer en las dudas y en la desesperación de algo que está creado y decretado por Dios Padre, por algo que está anunciado por Cristo Jesús con la garantía de la asistencia del Espíritu Santo.

Esa y no otra es la clave de nuestra felicidad imperecedera!

reflexión

Por Sarri - 27 de Abril, 2009, 17:59, Categoría: Doctrinal

DIALECTICA RELIGIOSA

Paul Ricoeur llama "religión" al elemento condicionante de nuestra vivencia religiosa   y "fe" al elemento que escapa al condicionamiento. Históricamente, en la mayoría de los fieles, se atiene a lo religioso y se prescinde del compromiso personal, con lo cual, se promueve el legalismo y el ritualismo vacío de sentido personal. Las personas, clérigos y laicos, se conforman con cumplir algunas prescripciones y se desentienden de la convivencia cristiana. Los clérigos mandan y los laicos obedecen.

Pero la fe se marchita en ese ambiente y termina desapareciendo. Si en la misa del domingo preguntamos a uno cualquiera qué fruto ha sacado de la eucaristía, veremos que la persona queda desorientada y que, pasado el primer momento de desconcierto, responde algo parecido a «he cumplido con mi obligación». Lo que cuenta es obedecer y ni se le pasa por la mente que vino a nutrirse del amor al prójimo.

Frente a la conciencia, lo que importa es la fe y su acrecimiento y la obediencia sólo vale si ayuda a la fe. La religión tiene por objeto cultivar la fe y las estructuras que crea deben estar subordinadas a esa finalidad: ésa es la dialéctica, la tensión que unifica religión y fe.

Lo primero que se pierde en las religiones es la fe en el valor  de la pobreza, cultivando cada vez con más ahínco la servidumbre de la riqueza y el poder del dinero, Tales actitudes llevan a consagrar la propiedad privativa del individuo como máximo ideal, terminando en el capitalismo que hoy domina el mundo.

Otra actitud clásica que cultiva la religión es la hipocresía para tapar con bonitos discursos y sofismas la ausencia de solidaridad humana. La teoría insiste en lo que la religión debe ser, pero la práctica descubre lo que verdaderamente es

La fe no depende de la religión sino que, al revés, la religión depende de la fe. Por eso si la religión va perdiendo la fe que debe acrisolar, ella misma se corrompe y en lugar de ser un medio de liberación y vida acaba siendo causa de servilismo, esclavitud y muerte.

Religión y política suelen ir juntas y juntas evolucionan tanto para corromperse como para purificarse. El dinero les lava el cerebro y les endurece el corazón. Y hoy hemos llegado a un punto en que la misma naturaleza sufre en su armonía ecológica tanto que, si no cambiamos diametralmente de actitudes, estallará y hará imposible toda vida en el planeta.

Frente a este horizonte sólo cabe avivar la responsabilidad personal de todos y cada uno, pero cada uno sin esperar a los demás.

 

religión

Por Sarri - 23 de Abril, 2009, 20:29, Categoría: Doctrinal

SALVACION

Salvación sería, en clave religiosa y en su acepción más general, el triunfo de la vida sobre la muerte. Específicamente abundan las opiniones  dentro y fuera de las religiones. En su forma más vulgar es librarse del castigo del infierno e ir al cielo; entre los cristianos se considera que, debido al pecado original de Adán y Eva, todos nacemos empecatados y destinados al infierno. Pero el bautismo nos salva de ese destino infernal y nos abre las puertas del cielo.

La doctrina más tajante es la de san Agustín (s. V) según la cual todos los no bautizados terminan en el infierno. Con el tiempo se suaviza el rigor agustiniano y se crea el purgatorio, el limbo de los patriarcas y el limbo de los niños; el purgatorio sería transitorio hasta purgar los pecados personales. Los limbos serían permanentes, serían como franjas afuera del infierno donde se librarían de los tormentos, pero sin acceso a gozar de la visión beatífica de Dios. Estas doctrinas vinieron a fraguarse entre los siglos XII y XIII y promovieron la costumbre de bautizar a los niños recién nacidos, cuyo compromiso de fe asumían, vicariamente, los padres y los padrinos.

En el mes de abril del año 2005, tras trece años de de estudio y discusión, la Comisión Teológica Internacional emitió un documento, aprobado por el Papa, en que se desechaba la doctrina del limbo y se abrían las puertas del cielo a todos los que no hubieran pecado mortal y personalmente. Ahora cunde, al margen del dogmatismo eclesial, la opinión de que también habría que descartar la doctrina del purgatorio y del infierno y proclamar la salvación de todos debido a la gracia y perdón divinos predicados por Jesucristo. Según Jesucristo la salvación procede la fe vivida en esperanza y actuada en amor: esto sería para muchos lo fundamental y la doctrina de los dogmas sería un accesorio con más frecuencia debilitante que reforzante.

En esas estamos, nadando en una crisis doctrinal y litúrgica como nunca antes se ha conocido en la Iglesia. Nunca un papa se quejó como el actual de las críticas e incomprensiones que sufre dentro de la misma iglesia. A quién hemos de creer hoy, al magisterio eclesial o al racionalismo mundanal, al concilio vaticano I o al II, , al integrismo dogmático o a la reflexión personal, a la obediencia o al amor?

No es fácil, hoy menos que nunca, creer en la salvación. Pero nunca  el valor de la vida puede ser juzgada por su facilidad sino por los frutos de su trabajo persistente. Y el trabajo, tanto la reflexión de la mente como el cansancio muscular, cuesta esfuerzo inevitable para que produzca la justicia y la paz que tanta falta nos hace.

Trascendencia

Por Sarri - 9 de Abril, 2009, 19:04, Categoría: Doctrinal

ESCALA VITAL  

La vida tiene fases- Está la vida sensible o física, aparente en el cuerpo  con sus funciones. En el interior del cuerpo nace y se desarrolla la vida síquica o espiritual cuyo perfil delinea la personalidad; gracias al espíritu nos distinguimos de los demás animales. Cuerpo y alma suele decirse, el alma vivificando el cuerpo; pero si el alma vivifica el cuerpo, qué es lo que vivifica el alma? Esta es la cuestión a la que queremos responder.

El alma sin cuerpo no tiene sentido; sería un fantasma sin estructura propia, así como el cuerpo sin alma pasa a ser un cadáver devorado por la tierra de dónde procede. Qué sucede a la hora de la muerte? Vulgarmente se considera que cuerpo y alma se separan, pero semejante idea es inconcebible: cuerpo sin alma no existe, lo mismo que alma sin cuerpo; cuerpo y alma son partes integrantes de un único ser vivo y personal.

La pregunta es qué sucede a la hora de la muerte con esa persona que espiritualmente se estaba formando. La ciencia que niega la metafísica niega también la existencia del espíritu y su espiritualidad que, como decimos, nos distingue de los animales. Aquí está el nudo de la cuestión! El espíritu, exisriwndo, postula una nueva etapa vital que la razón no puede demostrar pero tampoco puede, válidamente, negar. La vida después de la muerte es objeto de fe.

Cuando la fe cristiana proclama la resurrección, está refiriéndose a la permanencia del espíritu y de la persona, después de la muerte. Tal tesis no puede ni afirmarse ni negarse con razones lógicas sino con intuiciones  cordiales, presentes en la vida de Jesucristo y transmitidas a todos los seres humanos que, por ser libres, las aceptan o las rechazan, o bien viven en la incertidumbre entre ambas actitudes extremas.

El sentido de la resurrección es la afirmación de que la vida físicamente incoada y síquicamente desarrollada pasa a afirmarse en su plenitud vital fuera ya de las limitaciones del espacio y del tiempo. Esta calidad de vida es incomprensible a la razón que está sometida a la espacialidad y a la temporalidad y, por eso, se constituye en afirmación de fe.

Creer en la resurrección es creer en Dios Padre que no abandona a sus hijos, como no abandonó a Jesús clavado y muerto en la cruz.