MALDAD
Si
toda bondad viene sólo de Dios, de dónde procede la maldad? Evidentemente no de
Dios, ni tampoco de la naturaleza. Queda la culturaleza, obra de la libertad
humana. Huelga inventar demonios tentadores ya que la fuente de todas las
tentaciones somos nosotros mismos debido a nuestro deficiente desarrollo moral
del que somos, conscientes o no, responsables.
La
maldad humana implica diversas gradaciones. Los niños y los locos no tienen
maldad porque no saben lo que hacen. En la apertura de la razón intervienen los
educadores con su cuota de responsabilidad, pero una vez capacitada para
razonar la persona debe cargar con el peso de la propia responsabilidad.
Esto
es algo que se dice muy pronto, pero calibrar el grado de responsabilidad en el
ser racional es algo que escapa a la más fina sicología. La libertad, para ser
plenamente responsable de lo que decide, requiere conocimiento claro y cierto
además de una voluntad sin presiones ni coerciones. De ahí la justeza del
consejo evangélico: no juzguen si no quieren ser juzgados.
Salvo
en los planteos matemáticos nunca se puede llegar a la plena certeza ni en los
hechos ni en las conductas morales. Con frecuencia afirmamos en los dichos
certidumbres que están lejos de ser tales en los hechos y se deben a reacciones
desesperadas por las inseguridades, mayores o menores, de la vida. Estas dudas
reales que negamos con las palabras son el origen de las discusiones y peleas que, luego, con
el acaloramiento y el anonimato colectivo, se convierten en guerras.
Quién
es el responsable de las guerras? Ya que la guerra es el epítome de todos los
males, sería razonable señalar uno o unos cuantos responsables. Imposible! Y
pretenderlo sería entrar en nuevas discusiones y guerras más agresivas.
El
quinto mandamiento es no matar y matar, sea una flor, una idea o una persona, es la raíz de todo
mal que Dios, dador de vida, prohíbe a todo ser libre y razonable.