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Octubre del 2008

Ortopraxis

Por Sarri - 25 de Octubre, 2008, 19:27, Categoría: General

VERTIENTES DEL AMOR

 

Según los judíos y según el mismo Jesús, el amor, el único verdadero amor, tiene dos vertientes: la divina y la humana. Pero no son dos amores, sino dos maneras de concretar el mismo amor (Mt XXII, 34-40). El mismo amor fluye por la vertiente invisible de Dios y por la visible del Hombre y no pueden separarse ya que, como dice Juan evangelista, el que no ama al prójimo a quien ve menos puede amar a Dios a quien no ve. Consiguientemente, amar sólo a Dios es deshumanizar la espiritualidad humana y amar sólo al hombre es imposible.

Para entender y actuar en su auténtica realidad el amor no se precisa ninguna teoría especial de Dios. Aquí vale la consigna de Bonhoeffer: vivir como si Dios no existiera, es decir, no tratar de visibilizar, ni imaginativa ni conceptualmente, al Dios invisible. Bastaría considerarlo como Padre amantísimo sin entrar en detalles especulativos.

Ahora bien, el amor cristiano rebalsa las limitaciones del amor judío, porque no se ciñe a la raza y al pueblo sino que se extiende a toda la humanidad, enemigos incluidos. Los judíos, en cambio, veían como prójimos a los su propia raza y a los prosélitos dispuestos a devenir judíos. Los cristianos, por su parte, consideran como prójimo a todo ser humano, en especial al más necesitado de comprensión y ayuda. Para subrayar el contraste entre el amor judío y el amor cristiano, Jesús narra la parábola del Buen Samaritano en que los sacerdotes y levitas pasan de largo ante el anónimo malherido y el samaritano (enemigo de los judíos) trata de aliviarlo.

Vivir esta enseñanza de Jesús no es fácil. Lo fácil es reducir el amor a quienes nos simpatizan y negárselo, en mayor o menor grado, a aquellos que no riman con nuestros intereses. Fácil también es engañarse a sí mismos reduciendo al amor divino al cumplimiento ritual de discutibles liturgias. La verdadera dificultad radica en amar a todo prójimo, próximo o lejano, bueno o malo, como a sí mismo. De hecho, quien no sabe amar al prójimo tampoco sabe amarse a sí mismo, hecho que se revela en su carencia de alegría y felicidad.

Conviene, pues, reflexionar y meditar sinceramente en lo que el amor es y en lo que significa en nuestra vida para lograr la felicidad a la que estamos destinados todos. De ilusiones no se vive; se vive de verdades y la verdad del amor, con sus vertientes visibles e invisibles, es la clave de la felicidad para todos los hombres, cristianos y no cristianos. Sin amor el mundo se hunde y si, en las circunstancias que hoy vivimos, vemos que se está hundiendo, no lo dudemos: es por la falta de amor en la Humanidad!

Fundamentos

Por Sarri - 11 de Octubre, 2008, 15:59, Categoría: Doctrinal

MALDAD

Si toda bondad viene sólo de Dios, de dónde procede la maldad? Evidentemente no de Dios, ni tampoco de la naturaleza. Queda la culturaleza, obra de la libertad humana. Huelga inventar demonios tentadores ya que la fuente de todas las tentaciones somos nosotros mismos debido a nuestro deficiente desarrollo moral del que somos, conscientes o no, responsables.

La maldad humana implica diversas gradaciones. Los niños y los locos no tienen maldad porque no saben lo que hacen. En la apertura de la razón intervienen los educadores con su cuota de responsabilidad, pero una vez capacitada para razonar la persona debe cargar con el peso de la propia responsabilidad.

Esto es algo que se dice muy pronto, pero calibrar el grado de responsabilidad en el ser racional es algo que escapa a la más fina sicología. La libertad, para ser plenamente responsable de lo que decide, requiere conocimiento claro y cierto además de una voluntad sin presiones ni coerciones. De ahí la justeza del consejo evangélico: no juzguen si no quieren ser juzgados.

Salvo en los planteos matemáticos nunca se puede llegar a la plena certeza ni en los hechos ni en las conductas morales. Con frecuencia afirmamos en los dichos certidumbres que están lejos de ser tales en los hechos y se deben a reacciones desesperadas por las inseguridades, mayores o menores, de la vida. Estas dudas reales que negamos con las palabras son el origen  de las discusiones y peleas que, luego, con el acaloramiento y el anonimato colectivo, se convierten en guerras.

Quién es el responsable de las guerras? Ya que la guerra es el epítome de todos los males, sería razonable señalar uno o unos cuantos responsables. Imposible! Y pretenderlo sería entrar en nuevas discusiones y guerras más agresivas.

El quinto mandamiento es no matar y matar, sea una flor, una idea o una persona, es la raíz de todo mal que Dios, dador de vida, prohíbe a todo ser libre y razonable.

Fundamentos

Por Sarri - 6 de Octubre, 2008, 16:41, Categoría: Doctrinal

BONDAD

Sólo Dios es bueno: en El radica toda bondad. Pretender ser bueno independientemente de Dios es pura ilusión, así como lograr méritos en su presencia. Es más: la bondad de las personas es la revelación de la presencia divina; es la gracia que diviniza a los humanos y se irradia en el entorno.

Sé que no es ésta nuestra manera de sentir y de pensar y, por eso mismo, lo recalco para que nos convirtamos y creamos en el evangelio. La primera condición que Jesús pone a sus servidores es la conversión y la fe.

La conversión consiste en no arrogarse ninguna bondad proveniente de sí mismo. Todo lo bueno que tengamos es gracia y don de Dios. Tanto la vida como la inteligencia son dones gratuitos sin ningún mérito de nuestra parte. Eso sí, todo don recibido demanda su cultivo y fructificación. La vida ha de ser sana y el cuidado de la salud es uno de los primeros imperativos éticos. Lo mismo la inteligencia (igual que todas las facultades) debe ser cultivada y desarrollada al máximo. “Creced y multiplicaos” manda el Creador a sus creaturas.

Hay una parábola en el evangelio difícil de aceptar. Es la de los obreros contratados a primera y última hora y, al final, todos reciben la misma paga: un denario. Ahí queda claro que la gracia no depende de lo que uno hace sino de lo que el Señor quiere. Pero hay otra en que el mismo tema se profundiza más. El Señor reclama a los labradores de la viña el fruto de la cosecha y éstos se sublevan, matan a los enviados y al heredero de la propiedad para hacerse dueños de la tierra y de sus frutos. Todo inútil. El Señor dice que se les quitará la tarea y se entregará a otros que den frutos. Porque la piedra que ellos rechazaron, para la edificación del Reino, se convertirá en piedra angular del edificio. Aquí queda más claro que se requiere conversión y confianza para llegar a ser bueno.

Todos somos existencialmente buenos, pero somos buenos por la gracia de Dios y no por el valor de nuestras obras. El hombre más malo es más bueno que malo. Al que reconoce humildemente esta verdad Dios le perdona todos sus males. Al que insiste en hacer valer sus bondades ante Dios, Dios lo desconoce y eso significa que deja de existir. Definitivamente. El soberbio se destruye a sí mismo cuando trata de sobreponerse a Dios reclamando valores que no tiene porque no existen.