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Por Sarri - 25 de Agosto, 2008, 17:19, Categoría: General

INTELIGENCIA BURGUESA

Burgués es el propietario a cuyo servicio trabajan los asalariados. El burgués domina con el dinero a los trabajadores. Compra su trabajo y, según la ley de oferta y demanda, trata de lograr el máximo de trabajo al menor precio. Asociándose entre ellos, los burgueses consiguen obviar la competencia y mantener bajos los precios del trabajo con lo que acumulan capital en proporciones exponencialmente crecientes.

Los cristianos no hemos percibido sino hasta muy tarde los peligros de la propiedad privada. Los burgueses siempre han sido más inteligentes que el común de las gentes; ellos son los inventores de las pequeñas limosnas a los pordioseros y de las grandes donaciones a los detentores del poder asegurándose, así, su simpatía y complicidad; publicitan su dadivosidad al socaire de mayor enriquecimiento y terminan por hacernos olvidar que no se puede servir a Dios y al Dinero!.

Cuando León XIII publicó en 1891 su encíclica Rerum Novarum, donde más oposición encontró fue entre los cristianos que lo tacharon de socialista por cuestionar los derechos de la propiedad privada. Era la época de los salarios de hambre y de las largas jornadas insalubres para mujeres y niños, El siglo XX conoció la lucha de los sindicatos laborales por dignificar las condiciones de trabajo pero vemos que la burguesía supo cómo domesticarlos y utilizarlos en propio provecho.

El Evangelio pide a sus seguidores ser sencillos como palomas y astutos como serpientes. Los santos saben conjugar estas dos virtudes pero, según las apariencias, no hay suficientes santos que hagan frente al proceso capitalista sin dejarse seducir por el afán de la riqueza y el consiguiente olvido de las necesidades del prójimo.

El capitalismo ultraburgués avanza sin frenos y hoy, después de haber arruinado continentes como el africano, atenta contra la misma naturaleza en busca de nuevas fuentes de energía. El recalentamiento del planeta es el resultado de la codicia desenfrenada de la hidra capitalista y del absurdo engendro de la tan inteligente burguesía.

Ante esta catástrofe ecológica, los cristianos o no existimos o somos tan pocos que somos insignificantes. Sin embargo, en la época prehistórica los pequeños rumiantes acabaron con los feroces dinosaurios. Nunca es tarde para que los adoradores de Dios extirpen de la tierra a los adoradores del dinero capitalista.

Pero se necesita más y mejor inteligencia evangélica.