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Julio del 2008

Eclesiología

Por Sarri - 23 de Julio, 2008, 16:35, Categoría: General

PECADOS ECLESIALES

 

Últimamente ha saltado a la luz pública la pederastia de sacerdotes y religiosos. Tanto que el Papa ha tenido que pedir perdón en Norteamérica y en Australia. Antes se ocultaban estos hechos, pero ahora se hace imposible esconderlos. Y, después de todo, conviene ocultarlos o publicarlos? Hay quienes no conciben que la Iglesia pueda pecar y, ante los hechos descarnados, prefieren ignorarlos.

La Iglesia o, mejor dicho, los eclesiásticos que forman la Iglesia pecan en mayor o menor grado. Esos son los hechos y ocultarlos es hipocresía, así como ignorarlos es craso cretinismo. La verdad de los hechos nunca debe ser negada ni tampoco publicitada sin el debido respeto a las personas implicadas.

Los sacerdotes en la Iglesia son ministros de la evangelización y ello implica mayor grado de virtud que en los laicos ministrados y, consiguientemente, blasonar de una “superior virtud” inexistente con el ocultamiento de sus fallas escandaliza más que las mismas deficiencias en los laicos. Las virtudes y los vicios son cualidades personales que resaltan más en personas con cargos de responsabilidad ministerial si bien deben ser tratados con la misma consideración y comprensión que todos los mortales.

El Papa en Australia ha afirmado que los sacerdotes que hayan incurrido en el delito de la pederastia no sean sustraídos a las penas jurídicas. Eso sería recurrir a la inmunidad clerical de épocas ya superadas a las que la jerarquía se aferra con excesivo ahínco. No; los sacerdotes son tan ciudadanos como cualesquiera otros y están tan sometidos a las leyes sociales como los demás.

Aclarados estos puntos, conviene recordar que el amor y el perdón cristianos odian el pecado pero aman al pecador. Muchos entienden que la mentalidad rigorista respecto a la castidad y al celibato influyen en la frecuencia de los deslices sexuales de los clérigos. No estaría de más revisar las doctrinas que cohíben la sana espontaneidad de las personas en la convivencia social. Todos sabemos que las circunstancias condicionan las libertades y que necesitamos sanear la cultura en que vivimos para poder ser más virtuosos.

Reconozcamos, pues, los hechos con todas sus deficiencias y tratemos, por todos los medios a nuestro alcance, de mejorarlos para que la virtud de las personas brille como un faro luminoso en un mundo mejor.

Evolución

Por Sarri - 6 de Julio, 2008, 18:24, Categoría: General

LA VERDAD DEL AMOR

 

Va a costar un rato largo cambiar el sentido de «verdad» del ontologismo al comunicativismo, a pesar de que si lo que identifica al cristiano es el amor la cosa es más que clara. Según el paradigma de la comunicatividad, la verdad yacería en el fondo de cada persona esperando ser comunicada o vehiculizada por el amor, por el diálogo, primero humano y luego cristiano, con la conciencia de que ambos diálogos son humano-divinos.

Si la humanidad tardó tanto en despertar a Abraham (padre de la fe) y tanto tardó en llegar a Jesús (verdad, camino y vida), cuánto tardará en reanudar el proceso de lograr la verdad perdida abjurando del poder del dinero y conyugándose con el amor?

Poco importaría la tardanza histórica, ya que cada uno tenemos la posibilidad de sacar a flote la Verdad que pugna por salir desde el interior de cada uno de nosotros. Porque nuestra historia es una réplica infinitesimal de la Historia, para vivenciar lo cual sólo tenemos que prescindir del tiempo, es decir, dar el paso pascual de la muerte, el paso de la vida virtual a la vida real.

Aquí entra en juego la persona cuyo destino es aceptar la vida que se le ofrece. Existe la verdad lógica como función de pensamiento y existe la verdad vital como gatillo de decisión. La lógica sirve para organizar la vida temporal y la ética para lograr la perfección de la vida. La verdad del amor es la convivencia feliz, algo que se busca y no se encuentra ni en el espacio ni en el tiempo, algo que se anhela y que los cristianos creemos que se da en la eternidad.

Todo en el mundo y en la historia, en la natura y en la cultura, está subordinado a la conquista de la vida feliz. Ni las plantas ni los animales pueden ser felices, ni tampoco desgraciados. Sólo los humanos pueden ser felices… si quieren serlo! Este es el misterio de la soberanía divina que otorga el poder y de la libertad humana que pone el querer. Todo ello, con sus oscuridades e incertidumbres, es la verdad del amor!