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Abril del 2008

Conciliares

Por Sarri - 8 de Abril, 2008, 17:48, Categoría: General

PROJIMIDAD

 

Quién es el prójimo? El cercano, por razones de proximidad? El hermano, por razones familiares? El amigo, por razones personales? El compatriota, por razones políticas? Todo hombre, por razones humanitarias? (1). El amor al prójimo tiene límites? El Evangelio  da vuelta a la pregunta y cuestiona: de quién soy yo prójimo? Y muestra que de aquel a quien asisto en sus necesidades.

En Israel, igual que en otros pueblos, el deber de solidaridad y asistencia, irradiando de la familia, se extendía y se circunscribía a los hermanos israelitas. Cuando las relaciones entre los diversos pueblos se fueron haciendo más frecuentes, empezaron a aceptar a los extranjeros residentes, en especial a los prosélitos. Entraban así en la «projimidad» y pasaban de extraños a amigos y de amigos a hermanos.

Ni la proximidad física ni la política crean, de por sí, projimidad que implica amor, paz, justicia, servicio y asistencia mutuas. Cuando los pueblos (y toda agrupación humana) dejan de ser enemigos por extraños, ahí empieza a crearse la civilización cristiana, ahí se acaban las guerras, las agresiones, los insultos y las caricaturas, ahí raya el amanecer paradisíaco de la prosperidad universal.

Utopía? A buen seguro que sí. Pero las utopías son posibilidades que se alcanzan cambiando el comportamiento humano, de las personas y de los pueblos. La utopía es imposible de realizar mientras sigamos con nuestra mentalidad burguesa que amuralla el burgo de la propiedad privada, defendiendo lo que nos sobra contra el acoso de las necesidades circundantes.

Se dice que el 15% de la gente acapara el 85% de los bienes económicos del mundo. Eso hace que unos pocos ricos dilapiden lo que muchos pobres necesitan para subsistir. Aquí hay mucha proximidad y poca projimidad, Pues, de ello, en la parte alícuota que nos corresponde, todos somos responsables. Y los cristianos, más que nadie; porque no basta decir Señor! Señor! sino cumplir la voluntad del Señor.

En el Evangelio está la parábola del buen samaritano, que responde a quien preguntaba: «quién es mi prójimo» y, ajustándole el punto de mira, le induce a preguntarse: «de quién soy yo el prójimo».Pero el Evangelio exige metanoia (cambio radical de mentalidad) para traer al mundo la utopía en que cada cristiano y cada hombre sea prójimo de los demás, atendiendo servicial y generosamente sus necesidades.

El mandamiento de amar a los enemigos pierde toda su repugnancia cuando no hay enemigos, cuando todos los hombres se han convertido en prójimos de sus semejantes y las guerras y las peleas han pasado a la prehistoria.

Llegaremos a tan exultante projimidad? Ese es el cielo que nos espera.

 

(1) Con el término «hombre» incluyo al varón y a la mujer y con el uso  masculino no quedan excluidas las mujeres. Son pequeños problemas idiomáticos que conviene tener en cuenta.

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Por Sarri - 6 de Abril, 2008, 22:26, Categoría: General

EL CREDO

 

Una vez leí una nota en que se pedía revisar el Credo. La razón principal que se alegaba era que de Jesucristo sólo se menciona el nacimiento y la muerte y nada de cómo vivió, cuando los cristianos lo que necesitamos es su vida para poder inspirarnos en ella y ajustar nuestra vida de acuerdo a la suya.

El Credo es una antigua y solemne fórmula de fe que tradicionalmente se le pide al que va a ser bautizado (o a su padrino) que la profese rezándola. Obviemos por ahora el valor de esa profesión en la mayoría de los casos. De hecho hay varios credos y, cuando en las misas se quiso rezar al atanasiano, fue necesario repartir volantes con su texto porque la gente no lo conocía.

La fórmula del llamado Credo de los Apóstoles es breve y escueta. Cualquier teólogo que quiera exponer el contenido de la fe necesita extenderse en gruesos libros y nunca llegará a ser exhaustivo. Las fórmulas rituales deben ser breves y concisas por razones prácticas.

En el padrenuestro se cambió el término «deuda» por «ofensa». Sería necesario, conveniente u oportuno introducir cambios en el texto del Credo? Cuántas líneas habría que añadir para recordar algo de la vida Jesús?

Es cierto que el amor al prójimo, la servicialidad diaconal del creyente, no está destacada en la «comunión de los santos» y que ello es lo más importante en la vida de un cristiano. No se puede creer en Dios Padre Todopoderoso si no nos queremos todos, cristianos y no cristianos, como hermanos.

Es cierto que el Credo tiene una prominente resonancia dogmática por carecer de las melodías que la caridad inserta en la fe. La fe auténtica vive de esperanza y se realiza en caridad. La fe sola, aislada, puede resultar una declaración fría, seca, sin vida.

Tal vez, cuando todos los cristianos vivamos la fe con todas sus consecuencias de oblación servicial, cambien también las fórmulas y cobren fuerza de testimonio más eficaz. En todo caso, la metanoia personal es mucho más importante que los retoques a nuestras tan venerables fórmulas litúrgicas.

No cabe duda de que estamos en un momento de cambios. Cambiaron los concilios que de dogmáticos pasaron a pastorales; cambió la liturgia al actualizar sus expresiones en lengua vernácula; mucho ha cambiado pero no todo es cambiable. Las fórmulas de fe podrían actualizarse, siempre que respetaren el contenido fundamental.

Hay cambios baladíes como los cambios de indumentaria, pero los cambios de mentalidad son importantes y pueden mejorar o empeorar las cosas. Juan XXIII quería cambiar la presentación de los dogmas sin cambiar los dogmas que ya estaban más que suficientemente tratados.

La motivación del pedido de cambio en el Credo es buena, pero el cambio mismo es asunto más delicado. Mejor revisar el grado de convicción con que lo recitamos y progresar en la actualización de nuestras propias creencias