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Enero del 2008

Antagonismos

Por Sarri - 30 de Enero, 2008, 11:57, Categoría: General

EL MALIGNO

 

En la parábola del trigo y la cizaña, el Señor siembra trigo y, de noche, el Maligno siembra cizaña. Ambas semillas brotan y se desarrollan sin diferenciarse pero, al punto de maduración, los trabajadores descubren la presencia de la cizaña y acuden al Señor proponiéndole arrancarla. El Señor, empero, rechaza la propuesta y les ordena esperar hasta la cosecha para, entonces sí, separar la cizaña para arrojarla al fuego y salvar todo el trigo.

Esta parábola evangélica guarda muchas claves de interpretación; una de ellas es: el Maligno. Quién es este personaje y de dónde ha salido? La clave no nos da la solución del teorema con matemática exactitud, ni tampoco resulta una premisa de la que podamos deducir conclusiones ciertas, pero sí es un incentivo a la reflexión, a buscar por cuenta propia la respuesta y actuar, como siempre, libre y responsablemente.

La opinión más generalizada es que el Maligno es el Demonio, el enemigo y contrincante de Dios. Ahora bien, de dónde salió semejante personaje si no pudo ser creado, ya que todo lo creado es bueno? Primera explicación: es un ángel caído con toda su cohorte rebelde. Con ello, ya estamos transfiriendo la intransferible responsabilidad humana a otros seres, ángeles y demonios, de dudosa existencia y realidad con los que fantaseamos infatigablemente.

La existencia del demonio, tanto en el mundo de la Biblia como en nuestra cultura, es una opinión indemostrable aun para los mismos exorcistas. Una cosa es demostrar y otra cosa es dar por demostrado; las demostraciones, matemáticas o lógicas,  son abstractas y fluyen al margen de las concreciones existenciales; he ahí la razón de que no se puede “demostrar” ni la existencia de Dios, ni la del diablo, ni la de uno mismo, porque se trata de algo concreto (existente) que se percibe con un grado mayor o menor de certeza y no de evidencia.

Ni los minerales, ni los vegetales ni los animales son responsables de sus acciones, por más que los poetas y los imaginativos traten de atribuírselos. Responsabilidad de los propios actos es algo privativo y exclusivo de las personas, no de los personajes. Las personas son realidades, los personajes son ficción.

El demonio es persona o personaje? En el caso de ser persona sería igual a nosotros y nosotros mismos seríamos nuestros demonios. La sicología de la libertad es tan compleja y misteriosa que preferimos hacer del demonio un personaje sobre quién endosar las responsabilidades de nuestras malas acciones. Solo que la realidad no es como nosotros la pintamos sino como de hecho es, algo indemostrable pero aproximable. Esperemos, por lo tanto, al día de la cosecha para que nuestras maldades sean perdonadas en el juicio final.

Recordemos: nuestros gustos no pueden cambiar la realidad!

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Por Sarri - 28 de Enero, 2008, 4:51, Categoría: General

LUZ OSCURA

 

La  expresión «Luz Oscura» se debe a Ruysbroek, místico flamenco del siglo XIII. La mística quiere ser la instancia suprema de la vida religiosa en que el hombre se une a Dios. La unión mística es vital pero no es racional, porque Dios es inaccesible a la razón y, precisamente de ahí, brota su carácter paradójico.

Humanamente se quiere lo que ya se conoce, es decir, la voluntad sigue a la razón. Pero en la mística se opera a la inversa: el amor a Dios prescinde de las luces de la razón y, como enseña el gran místico castellano san Juan de la Cruz, es preciso avanzar por la «noche oscura» del espíritu. Ruysbroek refuerza la paradoja entendiendo la noche oscura como «luz oscura». En ambos casos la oscuridad alude a la prescindencia del entendimiento: la noche implica la necesidad de seguir por el camino elegido y la luz oscura la iluminación contraria a la naturaleza humana.

Los místicos tienen que luchar denodamente apagando todas las luces racionales para poder seguir avanzando en la unión con Dios, lucha tan intensa que termina en catalepsia  física y síquica, en forma de estigmas, levitaciones, arrobamientos y otros fenómenos no menos extraños.

Con mucha frecuencia suelen tomarse estos fenómenos como dignos del arrebato místico pero la medicina moderna ya ha descubierto que se deben más bien a deficiencias de salud corporal o espiritual. Jesucristo, místico por excelencia, viviendo en perfecta unidad con el Padre, nunca experimentó ninguno de esos fenómenos extraordinarios.

La mayor dificultad de los místicos es acallar y destruir las racionalizaciones con que tratamos de explicar el fenómeno de la unión divina y esta dificultad cobra tal intensidad que para superarla ha de ser a costa de la salud, de la salud temporal, por cierto, ya que la salud del amor va en crescendo.

Todos los religiosos, especialmente los cristianos, deberíamos cultivar la mística, la unión en Cristo con Dios Padre, sin importarnos por fenómenos colaterales, porque lo importante es el amor a Dios, encarnado en el amor a los hermanos.

Noche oscura iluminada por la luz oscura!