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Junio del 2007

ministerios

Por Sarri - 29 de Junio, 2007, 12:18, Categoría: Doctrinal

SACERDOCIO

 Sacerdote, básicamente, es el que se ocupa de las tareas del templo y, como tal, es un funcionario religioso. Pero, como el templo es el lugar donde se ofrece el culto divino, por extensión, sacerdote es el que se ocupa de las cosas de Dios entre los hombres. La primera acepción es la corriente en el antiguo testamento; la segunda toma fuerza en el nuevo testamento y, sobre todo, en la historia de la iglesia.

Entre los cristianos, al principio primó la noción del sacerdocio  general de todos los fieles bautizados pero, a medida que el Pueblo de Dios se iba institucionalizando, el sacerdocio del fiel cristiano fue relegándose y destacándose el sacerdocio del orden sagrado con sus distintas escalas jerárquicas desde el tonsurado hasta el obispo, con lo que se creó la triste diferencia entre el clero y el laicado: el clérigo manda y el laico obedece.

Hoy se quiere volver al sentido sacerdotal de todos los fieles pero los intereses creados entre los servidores del templo obstruyen la recuperación de la dignidad del laico como miembro vivo del Pueblo de Dios. No obstante, es necesario volver al  sentido primigenio de la Iglesia en que todos sus miembros, como hijos de Dios, son hermanos entre sí y todos los servicios que se creen y organicen en el seno de la Iglesia son ministerios que deben servir a esta común igualdad entre todos los cristianos.

Lo sagrado en la Iglesia radica en la santidad del cristiano cuya responsabilidad nunca debe ser opacada por el autoritarismo jerárquico. Jerarquía significa sagrada autoridad pero con el correr de los tiempos, lo sagrado dejó de ser sagrado por exclusivista y la autoridad devino autoritarismo. En la medida en que se desvirtúan los ministerios el sacerdocio se constituye en función templaria y burocrática con olvido de la santidad y con descrédito entre las gentes.

La gravedad de la infección autoritaria es paulatina y variable pero, si no se le pone remedio, podría afectar a todo el cuerpo eclesiástico. Como consecuencia del Concilio Vaticano II, cuyo reclamo, no dogmático sino pastoral, de volver a las fuentes se hizo patente, entra en crisis el sacerdocio burocrático y toma auge el sacerdocio bautismal.

Hoy vivimos esta crisis. La Iglesia ha sufrido peores y las ha superado. Pero esta crisis ha evolucionado más larvadamente en el medioevo y durante las monarquías absolutistas, y solo se ha hecho pública y general con el avance del sentido democrático.

Si respondemos a la vocación de santidad, la crisis pasará.

Prerrequitos

Por Sarri - 15 de Junio, 2007, 16:28, Categoría: General

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INDIVIDUOS O PERSONAS

 

 Punto neurálgico si los hay: legalismo o libertad de conciencia.
        El legalismo, la conformidad a lo mandado por otros, transfiere la responsabilidad personal a las leyes o a las costumbres, y logra una seguridad que le excusa de plantearse problemas y de buscar soluciones por sí mismo. Tal actitud es necesaria en los niños que están en etapa de desarrollo y aún no tienen criterio formado, pero es una actitud que debe ser progresivamente abandonada en la medida que avanza hacia la adultez.

 Muchos, por comodidad, prefieren  aparcarse en la infancia sin abordar los compromisos personales y sociales que la mayoría de edad implica y dejan que otros dirijan su vida. Nada extraño que quien cree haberse librado de decisiones personales defienda esa paz con uñas y dientes. Sólo que defender esa ilusoria paz trae más guerra que paz y esto es algo que los “niños” nunca podrán comprender!

Vivir la libertad de conciencia, donde los individuos pasan a ser personas, es problemático: requiere oponerse a las rutinas y soportar su peso para comprometerse en la construcción de un mundo mejor. La conciencia es el termostato vital que indica nuestro grado de desarrollo humano. En ella germinan creencias que pasan a ser opiniones  y, con la reflexión personal, llegan a constituirse en convicciones que, ahora sí, encarrilan nuestras actuaciones.

El punto del desarrollo humano en que uno se quede es de suma importancia tanto para la vida política como para la religiosa. Recordemos que, como individuos, estamos subordinados a la sociedad que nos agrupa pero, como personas, somos creadores de la comunidad que nos cobija; los individuos, socialmente infantes, se someten pero las personas, socialmente responsables, construyen el mundo en que viven; el mundo resultante será o dictadura o democracia según sus constructores sean señores dominadores de los demás o hermanos que respetan la igualdad radical de todos.

De más está destacar que entre dictadura y democracia se da una extensa gama de mezcolanzas que van fraguando constantemente en nuestra convivencia. Si bien aquí nos interesa la vida cristiana, no debemos olvidar que antes que cristianos somos ciudadanos y que si no llegamos a personas en el Estado tampoco llegaremos a serlo en la Iglesia.

Los cristianos individuos prefieren obedecer a reflexionar y se escandalizan cuando los cristianos personas, tras madura reflexión (algo que los cristianos individuos no entienden), desobedecen los preceptos eclesiásticos para salvar los mandamientos divinos. Esta oposición entre cristianos conservadores y cristianos renovadores es la causa de todas las crisis que sufrimos en la Iglesia y que seguiremos sufriendo mientras no maduremos humana y religiosamente.