EL DIOS DE ISRAEL
El Dios de Israel es misericordioso y liberador. «He visto la opresión de mi pueblo, dice,… por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y hacerlo subir desde aquel país a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel… Ahora yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo». (Ex. III, 7-11 ps) Esta es la presentación de Yahvé a Moisés. Este es uno de los comienzos, sin duda el más brillante, de la Historia de la Salvación.
Dios se compadece de los sufrimientos israelitas bajo la férula egipcia y decide sacarlos de las garras de la tiranía. El libro del Exodo narra los avatares de esta hazaña con la grandiosidad que se merece y con la opulencia semita que se estilaba. El Génesis narra la pérdida del Paraíso y el Exodo cuenta cómo es reconquistado, por gracia de Dios y por obra de los hombres.
Yahvé se compromete a acompañar al pueblo en su marcha de liberación a través de desierto, calmando su sed y saciando su hambre. Pide al pueblo, eso sí, la contrapartida de la confianza y sella una alianza de fidelidad, eterna por su parte y sin concesiones a la idolatría de las naciones por parte del pueblo,
Este Dios de Israel es el Padre de Jesucristo. Entonces como ahora, Yahvé Padre, movido a misericordia, baja a liberarnos de las esclavitudes en que estamos sumidos. Nuestra peor esclavitud, hoy, es el consumismo con los faraones de la publicidad, la codicia y la envidia que nos acartonan el corazón para vivir en loca competencia multimillonaria en los plutócratas y monedista en el pobrerío. Para salir de esta tiranía se requiere…
Conversión! Dejar las ollas de Egipto para alimentarnos con el maná. Abandonar las rutinas y decidirse por la libertad. La ética, la moral de esta nueva vida viene resumida en el Decálogo del Sinaí y concentrada en la interpretación de Jesús: amar al prójimo para llegar al amor de Dios.
El Israel de las doce tribus fue perdiendo confianza en Yahvé y pidió a Samuel un rey como las demás naciones, pero el reino mundano se dividió, guerreó y fue deportado por los grandes imperios orientales. Los profetas que predicaban la vuelta a la confianza en Yahvé eran sacrificados por las jerarquías israelitas. Cansados y desmoralizados los anawim, los pobres que aun confiaban en Yahvé, clamaban por la pronta venida del Mesías.
Dios misericordioso encarga la liberación del dolor y sufrimiento a sus enviados (ángeles o apóstoles). Dios habla a la conciencia de los hombres, a los de entonces y a los de ahora, y los que responden son los santos que guían el éxodo hacia la libertad humana, hacia la reconquista del paraíso perdido.
Moisés es un desterrado que tiene que volver para obtener la libertad hebrea del Faraón. Elías es desterrado por Jezabel y sube a los cielos para volver no se sabe cuándo a seguir predicando la libertad antes de que el mundo salte hecho pedazos por la infidelidad de los pueblos. Juan Bautista es decapitado y Jesús el Cristo es crucificado, siempre por defender la libertad de conciencia para adorar y obedecer a nuestro Padre Yahvé.
Y nosotros, qué? Confiaremos en Dios o moriremos en el desierto? Nos convertiremos o seguiremos atados a nuestras rutinas? Nos decidiremos por la confianza y la libertad o seguiremos en la esclavitud y en la indiferencia?
Misericordia y Libertad nos reclama la conciencia cristiana. La escucharemos? Nos dejaremos convencer para santificarnos de una vez para siempre?