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Abril del 2007

Niveles

Por Sarri - 22 de Abril, 2007, 11:34, Categoría: Doctrinal

MORAL CRISTIANA

Empecemos por afirmar que lo que se llama moral cristiana no existe. El único adjetivo que la moral admite es humana y eso es tautología porque no hay moral que no sea humana. Sucede que sobre la moral y con distintas orientaciones religiosas se estructura la fe cristiana. Hay, pues, tres niveles que no debieran confundirse pero que, generalmente, se confunden: el moral, el religioso y el de la fe. Veamos cada uno por separado, aunque en la vida se los viva integrados.

Moral: Es el comportamiento que fluye según se obedece o desobedece a la conciencia. Su primer dictado es no mentir. Ver cómo la gente miente es el primer escándalo para el niño que recién despierta a la razón y casi siempre termina haciendo, no lo que quiere, sino lo que los demás le imponen. El segundo dictado es el respeto por los demás y por sus pertenencias. A partir de estos dos dictados troncales se ramifican los demás deberes, tanto más débiles cuanto más lejos de su centro. La moral social está dada por las costumbres que se generan en la convivencia familiar o vecinal por los comportamientos individuales. Las leyes, escritas u orales, tratan de encauzar las costumbres pero tienen poca efectividad debido a que las mayorías desobedecen o falsifican los dictados de la conciencia.

Religión: La autoridad de la conciencia arguye una instancia superior a la propia voluntad. La sumisión que ello implica lleva a postular un Ser Superior creador, legislador y juez de la vida humana al que se le llama Dios. De hecho, las religiones se adueñan de los preceptos morales y los manipulan para someter a la gente por medio del miedo. Los brujos, chamanes o sacerdotes hablan en nombre de Dios, se invisten de su autoridad y la gente sencilla se les somete pagándoles tributo y pleitesía. A lo largo de la historia se han dado tantas y tan diversas religiones como culturas.

Fe en la Revelación: Sin que la fe en la revelación divina sea exclusiva del cristianismo, pero Jesús se presenta como el cumplidor de las seculares profecías de Israel, realiza signos maravillosos de poder sobrehumano y, sobre todo, se presenta vivo después de una muerte cruel y afrentosa. Su mensaje es sencillo, revela su origen divino y el amor paternal de Dios, denuncia y purifica la moral vigente con la fuerza de su palabra y ejemplo y, sobre todo, fustiga la religiosidad ritualista, legalista, hipócrita e idólatra de los líderes religiosos. Amén de todo este desbroce pasa haciendo el bien a todo aquel que necesita y se le acerca confiadamente. Invita a todos al seguimiento del ejemplo de su vida y los que lo siguen son los cristianos que trabajan para que venga el Reino de Dios.

La vida cristiana es vida divina como la de Cristo que se guía por el mismo Espíritu de Cristo que constantemente le es infundido. La religiosidad subyacente es lo menos importante y sólo sirve para facilitar la comunidad de vida de los creyentes y debe acomodarse a las vivencias de la cultura reinante para que sea auténtica. Lo importante es la conversión del corazón, volviendo a la moral de la conciencia en espíritu y en verdad. Lo primero es el sentido moral del bien y del mal, lo segundo es la unión litúrgica y comunitaria de los fieles y, tercero, motivar todo esto porque Dios así lo quiere.

En la historia el buen trigo y la mala cizaña crecen juntos. De cada uno depende no conformarse con la cultura mundana y burguesa que ritualiza la religión y atrofia la conciencia. Así como Cristo resucitó de la muerte el mundo se regenerará de sus pecados y vivirá en paz para gloria de Dios. Ese será el fin de la historia. No nos preocupemos por fechas, por su proximidad o lejanía. Cada un de nosotros saldrá de la historia a la hora de su muerte y lo importante es que resucitemos con Cristo para la vida eterna, feliz y gloriosa.

Consecuencias

Por Sarri - 14 de Abril, 2007, 21:48, Categoría: General

TESTIMONIO

 

El testimonio es la expresión exterior de lo que la persona vive al interior. Puede ser oral o gestual pero siempre será actual. Por más que se finja, en el testimonio la verdad siempre sale a flote. El codicioso podrá decir que no le importa el dinero y el perezoso que gusta trabajar, pero la misma manera de decirlo le delata la mentira de sus palabras.

El testimonio adquiere especial importancia en la vida cristiana, porque en él reside la eficacia del apostolado. Tan es así que la mejor preparada predicación o catequesis resulta inútil si no irradia la autenticidad de lo que se dice y, por el contrario, la más tosca conversación mueve los corazones cuando brota de alguien que vive el evangelio.

Esto da que pensar. Países sociológicamente católicos como España, Irlanda y Polonia no se destacan por una mayor justicia social. A qué puede deberse eso sino a la falta de testimonio? En estos mismos países las prácticas religiosas decaen y las vocaciones religiosas escasean cada vez más; se va a misa por rutina y se accede al sacerdocio por prestigio social.

La autenticidad del testimonio cristiano depende de la respuesta que las personas den a la gracia divina. Porque la vida cristiana es la vida de Cristo resucitado en el cristiano; no es resultado de lo que el cristiano piense de ello. Se da el hecho, tristemente frecuente, de que la persona crea ser cristiana porque cumple con determinados preceptos o prácticas pero, si no está vitalmente unida a Cristo, esas acciones no irradian el testimonio cristiano y, a la larga, resultan perjudiciales.

El signo inequívoco de la vida cristiana, tanto en las personas como en las comunidades, es el amor y el servicio. Quien y quienes no están dispuestos a atender y servir al prójimo  en sus necesidades no son cristianos por más misas que escuchen, por más agentes de pastoral que se consideren y por más ministerios que cumplan. Esto hace que países con alta estadística de católicos vivan indiferentes a las injusticias ambientales.

Otro signo que llama la atención de la gente es la espontánea humildad de los santos. Ellos no alardean de bondad sino que se consideran los mayores pecadores, porque han adquirido un fino sentido de la santidad de Dios y ven cuan lejos están de la perfección a que son llamados.

El común de los cristianos nos olvidamos de que debemos llegar a la santidad, nos despreocupamos de las necesidades ajenas y nos admiramos de que nuestro testimonio tenga tan poco eco a pesar de tanto esfuerzo,

El testimonio cristiano es luz que brilla en la oscuridad.

 

Orígenes

Por Sarri - 7 de Abril, 2007, 17:19, Categoría: General

EL DIOS DE ISRAEL

 

El Dios de Israel es misericordioso y liberador. «He visto la opresión de mi pueblo, dice,… por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y hacerlo subir desde aquel país a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel… Ahora yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo». (Ex. III, 7-11 ps)  Esta es la presentación de Yahvé  a Moisés. Este es uno de los comienzos, sin duda el más brillante, de la Historia de la Salvación.

Dios se compadece de los sufrimientos israelitas bajo la férula egipcia y decide sacarlos de las garras de la tiranía. El libro del Exodo narra los avatares de esta hazaña con la grandiosidad que se merece y con la opulencia semita que se estilaba. El Génesis narra la pérdida del Paraíso y el Exodo cuenta cómo es reconquistado, por gracia de Dios y por obra de los hombres.

Yahvé se compromete a acompañar al pueblo en su marcha de liberación a través de desierto, calmando su sed y saciando su hambre. Pide al pueblo, eso sí, la contrapartida de la confianza y sella una alianza de fidelidad, eterna por su parte y sin concesiones a la idolatría de las naciones por parte del pueblo,

Este Dios de Israel es el Padre de Jesucristo. Entonces como ahora, Yahvé Padre, movido a misericordia, baja a liberarnos de las esclavitudes en que estamos sumidos. Nuestra peor esclavitud, hoy, es el consumismo con los faraones de la publicidad, la codicia y la envidia que nos acartonan el corazón para vivir en loca competencia multimillonaria en los plutócratas y monedista en el pobrerío. Para salir de esta tiranía se requiere…

Conversión! Dejar las ollas de Egipto para alimentarnos con el maná. Abandonar las rutinas y decidirse por la libertad. La ética, la moral de esta nueva vida viene resumida en el Decálogo del Sinaí y concentrada en la interpretación de Jesús: amar al prójimo para llegar al amor de Dios.

El Israel de las doce tribus fue perdiendo confianza en Yahvé y pidió a Samuel un rey como las demás naciones, pero el reino mundano se dividió, guerreó y fue deportado por los grandes imperios orientales. Los profetas que predicaban la vuelta a la confianza en Yahvé eran sacrificados por las jerarquías israelitas. Cansados y desmoralizados los anawim,  los pobres que aun confiaban en Yahvé, clamaban por la pronta venida del Mesías.

Dios misericordioso encarga la liberación del dolor y sufrimiento a sus enviados (ángeles o apóstoles).  Dios habla a la conciencia de los hombres, a los de entonces y a los de ahora, y los que responden son los santos que guían el éxodo hacia la libertad humana, hacia la reconquista del paraíso perdido.

Moisés es un desterrado que tiene que volver para obtener la libertad hebrea del Faraón. Elías es desterrado por Jezabel y sube a los cielos para volver no se sabe cuándo a seguir predicando la libertad antes de que el mundo salte hecho pedazos por la infidelidad de los pueblos. Juan Bautista es decapitado y Jesús el Cristo es crucificado, siempre por defender la libertad de conciencia para adorar y obedecer a nuestro Padre Yahvé.

Y nosotros, qué? Confiaremos en Dios o moriremos en el desierto? Nos convertiremos o seguiremos atados a nuestras rutinas? Nos decidiremos por la confianza y la libertad o seguiremos en la esclavitud y en la indiferencia?

Misericordia y Libertad nos reclama la conciencia cristiana. La escucharemos? Nos dejaremos convencer para santificarnos de una vez para siempre?