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Marzo del 2007

Autenticidad

Por Sarri - 11 de Marzo, 2007, 10:47, Categoría: General

FE VIVA

 

La fe es una actitud de vida que se rige por un conjunto de creencias que inciden sobre todos nuestros actos, creencias que están sintetizadas en el credo. En el bautismo nos comprometemos a vivir, por sobre todas las cosas, de estas creencias. Ser fiel al compromiso bautismal no es fácil. Sin embargo no sería nada difícil si esas creencias  fueran, efectivamente, creencias. Es que no lo son? Y qué son, entonces?

Jesús nos dice, con ese aire hiperbólico popular, que si tuviéramos fe como un grano de mostaza trasladaríamos montañas. Jesús tenía esa fe. Cuando le decía al paralítico «levántate», el paralítico se levantaba. El quiere que todos tengamos la misma fe, pero nos reprocha no tenerla.

No nos engañemos. Que el mundo se convierta y que se transforme en un paraíso depende de nuestra fe y de nuestra vida de fe. Si, con el recalentamiento del planeta nos morimos todos de hambre y de desesperación, será porque no tenemos fe, ni siquiera como un grano de mostaza!

Y lo que le puede pasar al mundo, nos puede pasar a cada uno de nosotros, porque la fe, sustentada por la esperanza, actúa por la caridad. El que tiene fe ama a Dios y al prójimo, a todo prójimo (a amigos y a enemigos) sin distinción. Pero el que no ama al prójimo tampoco ama a Dios –aunque crea y diga lo contrario!

La Iglesia es la comunidad de creyentes pero, antes que nada, es la comunidad de amantes. El amor y el servicio se notan y en ello los no creyentes podrán reconocernos como creyentes y unírsenos en la atención de los necesitados y así hacer crecer la Iglesia. Pero hoy, en vez de llenarse, las iglesias se vacían, especialmente de jóvenes a quienes los viejos no hemos sabido transmitir la fe, la fe viva.

La pérdida de credibilidad eclesial resulta una amenaza más grave que la escasez creciente de agua potable. Si los cristianos no tenemos fe o, lo que es peor, tenemos una fe mentirosa con la que nos engañamos perdidamente, una fe incapaz de sufrir las necesidades ajenas, no esperemos encontrarla en otra parte.

La fe muerta (cadáver accionado por mecanismos rutinarios) no es ni fe ni es nada. Si es algo, es algo revulsivo y vomitable. La fe viva crece en salud y gracia mientras que la fe muerta repele por su descomposición. Es sal insípida que sólo sirve para tirarla y pisarla.

Las perspectivas del mundo que arde en su globalización consumista y la crisis eclesial que sufrimos entre clérigos y laicos, entre conservadores y progresistas, entre rutinarios y activistas nos tiene que llevar a revisar nuestras creencias religiosas y a ponerlas a punto, según nuestro compromiso bautismal.

marginales

Por Sarri - 6 de Marzo, 2007, 15:17, Categoría: General

SEXUALIDAD

 

Parece que estamos ante un nuevo conflicto religioso-científico similar al de Galileo.. Los científicos, especialmente desde la bioética, cuestionan seriamente las posiciones doctrinario morales de la Iglesia y la destitución de Juan Masiá como catedrático de bioética en la universidad de Comillas agudiza aun más el debate. Entre las muchísimas opiniones de los moralistas y de los científicos lo que está en juego es la interpretación de la ley natural y su aplicación en la vida.

Según la naturaleza la unión del varón y la mujer tiene como fín primario la procreación para la subsistencia del género humano. Esta es una ley natural que está por encima de todas las leyes del derecho positivo y del canónico. Las leyes positivas deben ir precisando las aplicaciones de la ley natural sin contrariarla en ninguna instancia, pero sucede que el positivismo ignora la ley natural y los defensores de la ley natural pretenden conocerla mejor de lo que es posible. En el fondo es un problema ético más difícil de plantear que de resolver.

No cabe duda que la moral católica en el aspecto de la sexualidad ha pecado de rigorista y la protestante de puritanismo. Contrariando estas posiciones el común sentir de la gente siempre se ha desentendido, en mayor o menor grado, en la práctica y en la teoría pero, últimamente, han surgido teorías formales que contradicen con base científica a las tradicionales. Lo que está en discusión es el valor de esas “bases científicas”, discusión bastante incómoda para los religiosos que se apoyan en las tradiciones de los padres.

La discusión se pone al rojo vivo cuando se trata de la viabilidad de los preservativos como medios anticonceptivos o como prevenciones higiénicas y, sobre todo, cuando se legaliza el matrimonio homosexual. Frente a estos temas el divorcio y la masturbación ya han perdido mucha crispación. El aborto es tema más fuerte porque depende de saber en qué momento el embrión o el feto se constituye como persona para considerarlo asesinato o medicación.

Está claro que la sexualidad está resultando un problema mucho más complejo que la meteorología de Galileo. La bioética es una ciencia cuyos postulados distan, por ahora, infinito de los de la física astronómica y van a tener que caer muchas torres de marfil antes de lograr acuerdo y consenso.

Para tomar posiciones en estos temas se requiere sensatez y prudencia y, de momento, dejar que los especialistas –los teólogos y los científicos– investiguen el asunto con calma y objetividad. Conviene no alarmarse por los cambios que puedan producirse en el tratamiento de estos temas sexuales porque ello, igual que el heliocentrismo, nos situará en mejores relaciones con la realidad y en términos de mejor convivencia social. Lograr acuerdos y eliminar antagonismos favorece la paz y la justicia y esto es lo verdaderamente importante.