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Diciembre del 2006

fundamentos

Por Sarri - 31 de Diciembre, 2006, 15:16, Categoría: General

               VERDAD Y VERDADES

 

Puede nuestra inteligencia alcanzar la verdad? Cuando aseguramos que dos y dos son cuatro, es ésa una verdad o es la verdad? En resumidas cuentas, la verdad es una o múltiple, es singular o plural? Nadie discute que dos y dos son cuatro, no obstante, que la tierra gire alrededor del sol hoy es verdad indiscutible pero, hace cuatro siglos, era discutible y, hace diez siglos, era indiscutible que el sol giraba alrededor de la tierra. A todo esto, cuál es la verdad? Por encima de todas las verdades –discutibles o indiscutibles– hay una única verdad que sea, sin lugar a dudas, la verdad? Y si la hay, está esa verdad al alcance de nuestra mente? La mente alcanza la verdad o pretende haberla alcanzado?

La pregunta sobre el alcance de la mente es filosófica, la pregunta sobre la existencia de una única verdad pasa a ser religiosa, porque es la verdad de Dios, del Dios que es Unidad, Verdad y Bien, del Dios creador de la existencia, de la nuestra y de cuanto nos rodea. Nuestra existencia y la del mundo no es existencia absoluta sino relativa que empieza, continúa por algún tiempo y termina. De ahí que la esencia de nuestra existencia (su verdad) sea también relativa y dependa, esencial y existencialmente, de la voluntad creadora de Dios.

Vivimos en un mundo fluctuante de verdades relativas cuya relatividad referencial nos trasciende y a la que sólo se llega por la fe, fe en Dios uno, fuente de toda verdad y bien, en Dios Padre que nos ama y nos quiere felices.

El nuevo papa, Benedicto XVI, denuncia la dictadura del relativismo como el gran pecado de la época en que vivimos. Esta verdad también es relativa: tiene parte de verdad y parte de falsedad. El relativismo absoluto, que es lo que se está denunciando, es absurdo, es tan imposible como que dos y dos fueran cinco.

La dictadura del relativismo es tentación constante y sólo varía en la intensidad con que la vivimos. Decir que todo es relativo es absolutizar lo relativo, postura mental a la que se llega por cansancio de no encontrar el centro y la fuente absoluta, la única verdad por cuya irradiación subsisten las relativas. En realidad es fruto de confusión o pereza mental y nadie puede negar que esa actitud domina la actual cultura. Es la pérdida de la verdad debida al manejo indiscriminado de las verdades cuyo saldo es la irreligiosidad rampante.

Todos los puntos de la periferia esférica se definen por su ubicación y distancia del centro; esta distancia o dimensión es lo que le da volumen y rotundez a toda esfera; la periferia no puede subsistir sin centro aun cuando el centro indimenso subsista sin periferia. Algo parecido sucede con las verdades que no pueden subsistir sin la verdad, aunque la verdad subsista sin verdades.

Entrando en religión, a la verdad subsistente llamamos Dios y a las verdades periféricas creación divina. Los cristianos contamos con la revelación cuyas interpretaciones son relativas pero cuyo contenido es el anuncio de la salvación para todo aquel que efectivamente la quiera.

Salvación es la purificación de todo mal para vivir integra y totalmente en el bien, algo que humanamente se llama felicidad. San Agustín nos recuerda que los que hemos sido creados sin nuestro permiso no nos salvaremos sin nuestro consentimiento.

 

marginales

Por Sarri - 21 de Diciembre, 2006, 18:33, Categoría: General

CUMPLEAÑOS  

 

            Hoy se celebran los cumpleaños con aire festivo, pero tal celebración es muy moderna y su popularidad se debe a presiones comerciales. Primitivamente nadie sabí­a ni se interesaba por el dí­a en que habí­a nacido ni siquiera tení­a precisa idea de su edad. Cuando murió san Ignacio, el testimonio de su nodriza hizo que le cambiaran la edad que hasta entonces le suponí­an. La edad y fecha de nacimiento de Jesús es algo sobre lo que se ha especulado mucho y las fechas de nuestros calendarios son más fruto de leyendas que de verificaciones históricas.

            Los primeros cristianos celebraban la Pascua, la Resurrección de Cristo, y no se preocupaban en absoluto de recordar la fecha de su nacimiento. Si comparamos los testimonios de Lucas y Mateo, únicos evangelistas que tratan la concepción y nacimiento de Jesús, nos encontramos con disparidades que revelan la poca importancia que entonces se concedía a las fechas, a los lugares, y a las cronologí­as históricas. En el siglo III el Papa Fabián condenaba como sacrí­legos a quienes pretendí­an determinar la fecha del nacimiento de Jesús. El año 325, en el concilio de Nicea se decidió fijar el natalicio de Cristo durante el solsticio de invierno -en el hemisferio norte!-, el 25 de diciembre. Durante el pontificado del Papa Liberio se determinó que la fecha fuera inmutable, por coincidir con las festividades romanas que celebraban el nacimiento del Sol Invicto. Pero las iglesias orientales siguieron y siguen celebrando la navidad el 6 de enero.

            La fecha de la Navidad fragua dentro de la evolución litúrgica debido a razones pastorales de los tiempos. El auténtico nacimiento de Jesucristo es cuando transporta su humanidad resucitada al trono que Dios Padre le tiene reservado en el cielo. Y ese es un acto no coordinable en fechas temporales ni lugares espaciales. Es un acto eterno que funde y aniquila todos los momentos calendarios. Es la victoria de la cruz y de la luz. Es el dí­a de la Redención y de la Santificación.

            Esto es lo que celebraban los primeros cristianos al centrarse únicamente en la Pascua de la Resurrección. Más tarde, en la medida en que la rutina carcomía estas actitudes, hubo que apuntalar el sentido cristiano con otras formas más diversificadas como el culto de los mártires, de los confesores, de los santos, de la Virgen Marí­a, de las y los ví­rgenes y de los acontecimientos que hilvanaron sus vidas.

            Celebrar el dí­a del nacimiento empieza a hacerse común cuando los registros civiles que censan a todos los nacidos exigen identificarse con documentos sellados por las autoridades vigentes. Esta disciplina civil llevó años y siglos antes de lograr la perfección informática de hoy. Dentro de este movimiento social la Natividad de Jesús va cobrando importancia cultual y arraigo festivo en la sociedad. Si hacemos tanta fiesta el día de nuestro cumpleaños, qué de extraño tiene que los cristianos queramos celebrar el aniversario del nacimiento de Jesucristo?

            Cuando hoy celebramos la Navidad y, cuando Papá Noel o el Pino Escandinavo compiten por el centro de la escena con el Niño Jesús, celebramos los ritos paganos de la victoria del dí­a sobre la noche o festejamos la renovación que el bautismo cristiano inserta en nuestras vidas? Creo que la diferencia entre una y otra actitud tiene más importancia de la que solemos asignarle. Comer turrón y beber sidra no está mal pero hagámoslo en honor del cumpleaños de Jesús nuestro Salvador llenos de alegrí­a y gratitud.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esencialidades

Por Sarri - 17 de Diciembre, 2006, 9:56, Categoría: General

SANTIDAD

 

El epíteto de santo que no nos atrevemos a apropiarnos lo aplicamos fácilmente a otros. Por qué será que, tan espontáneamente, rechazamos para nosotros mismos lo que, tan alegremente, otorgamos a los demás? Qué idea tenemos de la santidad? Sabemos lo que decimos cuando decimos que Dios es Santo, Santo, Santo? Y sabemos, por ende, lo que decimos cuando decimos que alguien es un santo?

Ahí están las canonizaciones. Que nos dicen los santos canonizados? Antiguamente se los aclamaba como tales y se les rendía culto. Hoy una canonización es un largo escrutinio por eclesiásticos especializados que muy poco a poco van permitiendo y favoreciendo su culto. La Iglesia quiere que los santos, los canonizados, sean ejemplares de vida para todos. Lo cual implica que todos debemos ser santos, canonizados o no. Es decir que la santidad debería ser lo ordinario entre cristianos y no lo extraordinario.

Sin embargo, tanto para los escrutadores de los procesos de canonizaciones como para los simples fieles de a pié, los santos son los extraordinarios, los milagreros, los inimitables. No hay en todo esto algo o mucho de contradictorio? Cómo podemos ser todos extraordinarios?

La revelación cristiana nos enseña que Dios es, por encima de todo, santo y que nos quiere, como a hijos suyos, santos, partícipes de su misma vida y, por lo mismo, divinizados. Cierto que con esto tocamos la médula del más hondo misterio pero tan verdad es que sin la vivencia del misterio tampoco hay vida cristiana.

Podemos los cristianos prescindir de la santidad y relegársela a los demás? Si lo hiciéramos en nombre de la humildad, eso sería la más perversa hipocresía. La humildad reconoce el deber de la santidad y el hecho de nuestra falta de santidad y, consiguientemente, se esfuerza en alcanzarla sin alharaca.

Santidad, de hecho, es la respuesta cristiana al bautismo y, por él somos santos. Es la respuesta de fe a una apelación de fe. El sacramento del bautismo nos da la capacidad, la potencia de ser santos. Actuar esa potencia es, de hecho o de derecho, ser santos.

Amor, bondad, justicia, servicio, amabilidad... son cuasi sinónimos de santidad que nos van mostrando y aclarando el sentido de la santidad. En este terreno la responsabilidad por la santidad es la misma en todo ser humano, tanto en el papa (a quien tan pomposamente se le titula Su Santidad) como en el que lo tiroteó (a quien tan fácilmente se le tacha de criminal).

No busquemos fórmulas de santidad porque no las hay. El amor solidario, tan distinto de la obediencia legal, no es ninguna fórmula.

 

Interfases

Por Sarri - 11 de Diciembre, 2006, 14:55, Categoría: General

POLITICA Y RELIGION

 

El tema es amplio si los hay, y, desalentador para tratarlo; es tanta la diversidad de puntos de vista que uno no alcanza a ver el interés de añadir uno más: una gota al océano revuelto! No obstante, aportar un poco de reflexión, sea sobre lo que sea, siempre viene bien. No esperemos soluciones, pero tratemos de encarar la problemática que vivimos porque todos flotamos sobre las turbias aguas tanto de la política como de la religión.

Política es la ordenación de la vida en sociedad. En las oscuridades de la prehistoria se pasó de la familia a la tribu. La unión de las tribus amalgamó los pueblos y éstos, voluntaria o forzadamente, se sometieron al mando de los poderosos señores o reyes que, bajo la ley del más fuerte, los convirtió en déspotas propietarios de las tierras que podían poseer y de los habitantes que las poblaban.

Religión es la ordenación de la vida trascendente. Su historia nace de las tensiones entre la espiritualidad y la magia. Los chamanes (líderes de las viejas religiones) plasmaron la aun inédita espiritualidad en ritos y ceremonias supuestamente liberadoras. Con el correr del tiempo y con el desarrollo de la espiritualidad humana frente a la proliferación de crueles extravagancias cultuales, las asociaciones religiosas fueron purificándose y dando lugar a grandes movimientos como el judaísmo, el taoísmo, el budismo y otros.

Pero como la política usa sus religiones y la religión tiene sus políticas el panorama se complica hasta lo indecible y lo que queda es que los que creen en la verdad de la fuerza someten a los que creen en la fuerza de la verdad –por lo menos en el corto plazo. Porque en el largo plazo va avanzando un sentido democrático que cada vez pone más cortapisas a la dominación política como a la subyugación religiosa.  Solo que el avance democrático resulta excesivamente lento para satisfacer las ansias de liberación de las mayorías oprimidas.

Dentro de esta marejada incontrolable nos movemos los cristianos, víctimas de la arrogancia y del miedo. Arrogantes cuando queremos blandir el poder divino sobre el mundo indiferente. Miedosos cuando tratamos de escondernos de las amenazas seculares. Arrogantes también al creernos los únicos liberados, pero pusilánimes a la hora de enfrentar las exigencias del Evangelio. Y, sin embargo, estamos llamados a predicar, con humildad y valentía, el mensaje de salvación  a todo el mundo, cosa imposible sin una profunda renovación espiritual.

Si nos dejáramos de prolíficos discursos para arreglar el mundo y nos atuviéramos más a aliviar el hambre y la sed de nuestros vecinos, la política devendría más democrática y las religiones se harían más humanitarias. Lo que el mundo necesita es testimonios vitales de pacífica convivencia más que fórmulas de economía y aplausos de multitudes.

Corruptio optimi, pésima -reza el proverbio latino y dice que la corrupción del mejor es la peor. Mucho de esto nos está pasando a los cristianos. Los primeros cristianos enfrentaron a la sinagoga y al imperio romano y los superaron, pero los segundos cristianos, al dejarse seducir por el poder político y la magia de la religión. perdieron su eficacia apostólica hasta convertirse en sal insípida.

Nosotros, los terceros cristianos, estamos a tiempo para convertirnos de segundos en primeros y darle al mundo, tanto de la política como de la religión, el pan de salvación que tanto hambrea y el agua de liberación que tanto ansía.

Cristo dijo: Yo he vencido al mundo. Los cristianos podemos aportar esa victoria a nuestro mundo. Basta quererlo sin tantas  veleidades.

Actuaciones

Por Sarri - 3 de Diciembre, 2006, 9:07, Categoría: General

PROJIMIDAD

 

Quién es el prójimo? El cercano, por razones de proximidad? El hermano, por razones familiares? El amigo, por razones personales? El compatriota, por razones políticas? Todo hombre, por razones humanitarias? (1). El amor al prójimo tiene límites? El Evangelio  da vuelta a la pregunta y cuestiona: de quién soy yo prójimo? Y muestra que de aquel a quien asisto en sus necesidades.

En Israel, igual que en otros pueblos, el deber de solidaridad y asistencia, irradiando de la familia, se extendía y se circunscribía a los hermanos israelitas. Cuando las relaciones entre los diversos pueblos se fueron haciendo más frecuentes, empezaron a aceptar a los extranjeros residentes, en especial a los prosélitos. Entraban así en la «projimidad» y pasaban de extraños a amigos y de amigos a hermanos.

Ni la proximidad física ni la política crean, de por sí, projimidad que implica amor, paz, justicia, servicio y asistencia mutuas. Cuando los pueblos (y toda agrupación humana) dejan de ser enemigos por extraños, ahí empieza a crearse la civilización cristiana, ahí se acaban las guerras, las agresiones, los insultos y las caricaturas, ahí raya el amanecer paradisíaco de la prosperidad universal.

Utopía? A buen seguro que sí. Pero las utopías son posibilidades que se alcanzan cambiando el comportamiento humano, de las personas y de los pueblos. La utopía es imposible de realizar mientras sigamos con nuestra mentalidad burguesa que amuralla el burgo de la propiedad privada, defendiendo lo que nos sobra contra el acoso de las necesidades circundantes.

Se dice que el 15% de la gente acapara el 85% de los bienes económicos del mundo. Eso hace que unos pocos ricos dilapiden lo que muchos pobres necesitan para subsistir. Aquí hay mucha proximidad y poca projimidad, Pues, de ello, en la parte alícuota que nos corresponde, todos somos responsables. Y los cristianos, más que nadie; porque no basta decir Señor! Señor! sino cumplir la voluntad del Señor.

En el Evangelio está la parábola del buen samaritano, que responde a quien preguntaba: «quién es mi prójimo» y, ajustándole el punto de mira, le induce a preguntarse: «de quién soy yo el prójimo».Pero el Evangelio exige metanoia (cambio radical de mentalidad) para traer al mundo la utopía en que cada cristiano y cada hombre sea prójimo de los demás, atendiendo servicial y generosamente sus necesidades.

El mandamiento de amar a los enemigos pierde toda su repugnancia cuando no hay enemigos, cuando todos los hombres se han convertido en prójimos de sus semejantes y las guerras y las peleas han pasado a la prehistoria.

Llegaremos a tan exultante projimidad? Ese es el cielo que nos espera.

 

(1) Con el término «hombre» incluyo al varón y a la mujer y con el uso  masculino no quedan excluidas las mujeres. Son pequeños problemas idiomáticos que conviene tener en cuenta.