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Octubre del 2006

Antesala

Por Sarri - 22 de Octubre, 2006, 13:13, Categoría: General

ARREPENTIMIENTO

 

«Arrepiéntanse y crean en el Evangelio» es la proclama de Jesucristo al comienzo de su vida pública. Arrepentirse? Sí pero de qué? De no creer en el Evangelio? De no concebir a Dios como Padre benévolo y salvador? De no abandonarse en las manos de su Providencia? De permanecer en el egoísmo infantil sin abrirse al altruismo solidario con los demás?

El arrepentimiento conlleva todo eso y muchos más. Se trata de una metanoia, de un cambio radical de actitud, de una apertura más confiada a las inspiraciones divinas, de un cuidado más delicado y sincero con los dictados de la conciencia…

Primero, abandonar el egoísmo que en los niños es irrecusable para la supervivencia. El niño necesita las atenciones de los adultos para desarrollarse y la sonrisa con que agradece llena el mundo de poesía. Mas, cuando deja de ser niño y pasa a ser adulto (proceso  lento y complejo, lleno de riesgos de retracción) él, a su vez, deberá cuidar de los niños necesitados de cariño y atención.

Luego, ver que ante Dios todos somos niños necesitados de su bondad creadora, redentora y santificadora. Hacerse adulto arrastra un sentimiento de independencia que tiene su lado bueno y su lado malo. Bueno mientras lo sintamos como don gratuito de Dios que nos conduce a nuestra maduración personal; malo en cuanto nos desentendemos del sufrimiento ajeno, como los sacerdotes y levitas de la parábola del buen samaritano.

Conviene arrepentirse de conservar y acrecentar el egoísmo, bueno en la etapa de desarrollo y malo una vez desarrollado. El egoísmo adulto oculta (o manifiesta) un sentido de superioridad sobre los demás que contradice la igualdad de todos los humanos  como hijos del mismo Dios y hermanos entre sí. Las luchas y las guerras son consecuencia de que todos quieren ser superiores a los demás. El capitalismo (amor al dinero en lugar del prójimo) es el egoísmo institucionalizado a costa del expolio general cuyo resultado más patente es la miseria continental africana.y los muros de contención a la inmigración que levantamos los adinerados.

Si no nos arrepentimos, si no escuchamos y aceptamos el Evangelio (no las falsedades evangélicas que hemos organizado, sino el evangelio en su primitiva y original enseñanza de Jesucristo), el mundo en que vivimos se corromperá más y más y terminará en la más desastrosa ruina. Será la consecuencia y la demostración de que sin evangelio y sin fraternidad igualitaria no hay salvación posible.

Salvación de la vida por la liberación de la muerte: eso es el arrepentimiento  al que Jesús nos llama. Ahora y siempre.

Historia

Por Sarri - 18 de Octubre, 2006, 17:30, Categoría: General

CATOLICO O CRISTIANO

 

El seguidor de Cristo es cristiano o católico? El calificativo de católico no hace, en realidad, más que connotar el significado de cristiano, destacando que es universalista y que predica y ofrece la salvación a todos los hombres. Pero la historia de estas dos palabritas es más enredada. Cristianos se empezó a llamar en el siglo I por los paganos a los creyentes de la comunidad de Antioquía, apelativo que se hizo común a todas los fieles de las iglesias en que se confesaba a Cristo como Salvador.

El otro nombre, el de católico, se usaba catequéticamente para ahondar el sentido de cristiano, pero fue usado como distintivo por los patriarcados de los primeros siglos. Estos patriarcados competían dogmáticamente entre sí, tanto que los arrianos de Alejandría negaban la naturaleza divina de Cristo, los nestorianos de Antioquía afirmaban la doble personalidad y los monofisitas de Constantinopla arguían sobre la voluntad de Cristo. Son los siglos IV y V de las grandes herejías y de los primeros concilios en el que cada uno se sentía ortodoxo y consideraba a los demás heterodoxos hasta que se dio el Cisma de Oriente (1054) en que el legado papal depositó la bula de excomunión al patriarca de Constantinopla sobre el altar de Santa Sofía.

Pero donde al título de católico se le opuso el de cristiano fue como consecuencia del Cisma Luterano y protestante (1521).Los protestantes se consideraban los verdaderos cristianos fieles al Evangelio y a la revelación de las Sagradas Escrituras, acusando a los católicos de haberse apartado de las enseñanzas cristianas. Por parte católica, fiel a Roma, se acuñó el término católico-romano que, en la disputa reformista y contrarreformista, fue perdiendo su primigenio significado de universalista y adquiriendo el de divisorio de cristiano.

En todo ello está en juego la autoridad doctrinal y moral del Papa, al que los orientales reconocen como Patriarca de Roma y los protestantes tildaban (entre otros calificativos) de Anticristo. Si bien la ferocidad de las costumbres se ha visto aminorada, por lo menos en sus formas externas, las divisiones siguen vivas entre cristianos y mantienen quebrada la unidad de la Iglesia, tanto que para muchos católicos el título de cristianos les resulta incómodo.

Suele decirse que los cristianos (=protestantes) leen la Biblia y los católicos estudian el Catecismo. Si los católicos, entre los que se ha vuelto a inculcar el amor a la Biblia, llegaran a apreciar prioritariamente el título de cristianos y volvieran al sentido primitivo de católicos, habríamos dado un gran paso en el ecumenismo, en el diálogo y el entendimiento entre las religiones, entre las que tiene más valor lo que nos une que lo que nos separa.

Solamente el partidismo opositor y el capillismo arrogante puede dividirnos a los cristianos en católicos, protestantes, ortodoxos, anglicanos, etc. Somos discípulos de Cristo o no? Esa es la cuestión! Si lo somos, demostrémoslo con los hechos, con la comprensión, la tolerancia y la ayuda mutua.

Aspectos

Por Sarri - 7 de Octubre, 2006, 16:52, Categoría: General

DIVINO-CRISTIANO-ECLESIASTICO

 

Estos son los tres niveles en que se desarrolla la vida de las personas. El misterio de la vida empieza y termina en la divinización del hijo que reedita la imagen del padre. En Cristo, en su vida y en sus enseñanzas, se revela el misterio. En la Iglesia se difunde a toda la humanidad el Reino de Dios. La voluntad de Dios Padre es que todos se salven. El Verbo Encarnado muestra el camino, la verdad y la vida de la salvación. La Iglesia, fiel y santa, es obra del Espíritu Santo.

Dios crea, redime y santifica. La persona, libre y responsable por naturaleza, puede aceptar o rechazar, definitivamente, la oferta divina. También puede fluctuar entre la aceptación y el rechazo. La aceptación es la salvación, la vida. El rechazo es la condenación, la muerte. En la medida en que la humanidad acepta su destino divino cunde en el mundo la paz, la justicia y el amor pero, en la medida en que lo rechaza, se expande la guerra, la injusticia y el odio (en lo que se llama el «pecado original»).

La creación, la redención y la santificación son, en Dios, absolutas: sin temporalidad ni continuidad que las destruya y sin localización ni espacialidad que las confine. Esta absolutez e independencia de las coordenadas espacio temporales en las que navega nuestra inteligencia les da ese carácter de misterio que las hace inaccesibles a la mente pero accesibles por la fe a las intuiciones del corazón.

La revelación del Reino de Dios (nuestra salvación) por Jesucristo también se dirige al corazón y a la fe, es decir, a la libertad humana. Toda la vida de Jesús es dar testimonio del Padre para que el que crea se salve. Sólo unos pocos creyeron en El y sólo después de su muerte, con la venida del Espíritu Prometido, fueron confirmados en su fe.

Ahora, con lo eclesiástico, entramos en el nivel más problemático. Jesús deja todo librado a la libertad de conciencia, pero en la iglesia, entra a jugar el factor de la autoridad y la obediencia. En la medida en que esta obediencia sustituye a la libertad de conciencia en lugar de servirla, nos apartamos de las enseñanzas evangélicas y nos hundimos en un mar de dudas e incertidumbres.

Obediencia absoluta sólo es debida a Dios y no hay ninguna otra instancia que pueda eclipsarla. La sociedad humana crea estructuras de poder que violan la iniciativa individual. El respeto democrático es más tema de discursos y declaraciones que realidad en la convivencia, convirtiéndose en una máscara para disfrazar la injusticia de las guerras y el sadismo de los poderosos que oprimen a los pobres socialmente desheredados.

Si recorremos la historia de las iglesias observamos que también prosperan estructuras de dominio que ahogan la iniciativa de los fieles. Comportamientos ritualistas y legalistas hay que anulan las responsabilidades personales, exigiendo, con mayor o menor exageración, el conformismo y la sumisión incondicionales. Estas degeneraciones llevan a competir con los poderes civiles y a sobrevalorar la cantidad de sus miembros en lugar de la calidad.

El Concilio Vaticano II quiso corregir tantos abusos que se habían institucionalizado pero la reacción de los conservadores de lo establecido luchó por sus fueros y provocó la profunda crisis de cuestionamiento a las autoridades establecidas. Lo saludable de esta crisis es que abre un nuevo cauce a las responsabilidades de los fieles sin, por eso, justificar las exageraciones que también se cometen.

La fidelidad sólo es total para con Dios y su Cristo. La fidelidad para con las iglesias es relativa siempre y cuando ellas mismas sean fieles a Cristo y a su Dios. Es así como actúan los santos, a pesar de los inconvenientes que se les crean con las jerarquías enemigas de las innovaciones.