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Septiembre del 2006

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Por Sarri - 24 de Septiembre, 2006, 14:34, Categoría: General

EVANGELIO Y TRADICIÓN

 

            La sana tradición transmite y actualiza el Evangelio a todo lugar y momento histórico. El evangelio (eu anguelion, en griego) es la noticia de nuestra salvación aportada por los profetas y por Cristo Jesús. Esta noticia es transmitida a todo el mundo por los apóstoles y sus sucesores misioneros hasta el fin de los tiempos. La dificultad estriba en la fidelidad de la transmisión.

El tema es muy complejo y se ha querido simplificar urgiendo a los fieles la obediencia al magisterio. En principio la solución parecía perfecta: el que no sabe aprende del que sabe. Pero los hechos han demostrado que el magisterio es más falible que infalible. El mismo dogma de la infalibilidad papal ha sido exagerado, extrapolándolo de su contexto que lo limita a cuando ejerce el supremo magisterio en consonancia con el sentido de la fe del pueblo fiel.

El problema, como decimos, esta en la fidelidad de los fieles y, en este caso, el deber de la fidelidad atañe tanto a los maestros como a los discípulos porque todos, jerarcas y laicos, deben ser fieles al evangelio. El evangelio es clarísimo: el trato entre los cristianos no debe ser de dominio y explotación como en los gobiernos civiles sino de servicio y asistencia mutuos. A este respecto, tanto en la jerarquía como en el pueblo, los hechos distan mucho de los dichos cuando los discursos no vienen avalados por la práctica.

Ahogar la libertad de opinión y suprimir la franquía de expresarla, por ejemplo, es una práctica bien contraria al evangelio, que se ha generalizado en la iglesia y que debe ser eliminada. Sin embargo, a partir de san Ignacio de Antioquia, pasando por el papa Gregorio VII y la Inquisición, se ha ido consolidando y robusteciendo a lo largo de los siglos. Luchar contra estas costumbres es un limpio reclamo evangélico del que no nos concientizamos lo suficiente por miedo a ser desobedientes.

Obedecer antes a Dios que a los hombres, fue la consigna del primer papa, san Pedro. No queremos entrar en temas, tales como la homosexualidad y la obediencia civil, cuyos planteos están aun lejos de madurar. Queremos, empero, insistir en que es responsabilidad nuestra, responsabilidad de cristianos de a pié, distinguir qué obediencia debemos a los mandamientos de Dios y qué obediencia debemos a los preceptos de la iglesia.

Ejerciendo esta responsabilidad sin miedos ni escrúpulos contribuimos a desmalezar la tradición de tantos injertos antievangèlicos como se le han adherido. Para ello hemos de sentirnos libres de cuestionar muchas normas cuya única virtud es la duración en el tiempo y desobedecerlas tranquilamente. No seamos tan locos de romper con todo indiscriminadamente pero tampoco seamos tan pasotes de esterilizar nuestras propias reflexiones.

Libertad sin responsabilidad es el desastre; responsabilidad sin libertad es la muerte de la personalidad. Paralelamente, evangelio sin tradición es ilusión; tradición sin evangelio es traición. Creo que en este tercer milenio de cristianismo ya es hora de hacer una buena limpieza de hojarasca y basura que nos atrofia y empezar una nueva etapa de alegre libertad y de fructífera caridad.

 

 

 

PLANTEOS PREVIOS

Por Sarri - 5 de Septiembre, 2006, 15:06, Categoría: Doctrinal

SUMISION Y REBELIÓN

 

           En épocas de autoritarismo se considera a la obediencia como virtud primaria pero, en tiempos de crisis, se exalta la autonomía y la espontaneidad. Según las épocas, igualmente, suele primar la sicología de la adaptación social o la del desarrollo personal. En realidad no hay oposición entre las virtudes sino equilibrio y armonización y todo lo que sea extremismo y fundamentalismo siempre está mal porque desarrolla un aspecto a costa del otro.

La exageración de la obediencia pasa a ser el vicio de la sumisión en que se atrofia el desarrollo de la personalidad y se siente y se piensa, no por sí mismo, sino a cuenta de los demás. Conviene recordar que la cultura social está hecha de decisiones personales en que se diluyen los gustos individuales. Sin las personas que la componen la sociedad pasa a ser nada pero entre los anhelos personales y las costumbres sociales se da una tensión beneficiosa para ambas.

La exageración de la autonomía suele degenerar en rebelión donde la autoridad pierde la base de su eficacia que es la obediencia. Generalmente, con el paso de las generaciones, los mayores suelen sufrir con los comportamientos irrespetuosos de los menores; los padres sienten que sus esfuerzos no son ni reconocidos ni agradecidos y los hijos desdeñan, en el mejor de los casos, las quejas de sus mayores. Esto ha sucedido siempre y seguirá sucediendo mientras los hijos sean más jóvenes que sus viejos: es cuestión de edad.

. Los cambios son más notables en las poblaciones que en las familias. Las formas de gobierno –dictadura o democracia– son más estables en la sociedad que en el hogar. En el pasado las dictaduras cambiaban con las revoluciones de dictadores pero se mantenía el autoritarismo de los gobernantes. Hace unos cuatro siglos se empezó a revalorizar la función de la persona que había quedado reducida a carne de cañón y se avanza, más en las ideologías que en los hechos hacia la democracia..En la vida cristiana sucede lo mismo pero con distintos matices.

La sociedad o las iglesias cristianas, tomando como propia la autoridad de Dios y compitiendo con el autoritarismo civil, han sacralizado la autoridad (=jerarquía) y casi anulado la personalidad de los fieles, lo que ha llevado a serios conflictos entre las autoridades civiles y religiosas que hoy, frente a la crítica creciente de las bases cristianas, está creando una situación cada vez más explosiva dentro de las mismas iglesias.

Hay que seguir siendo tan sumisos a las directivas del papa y de los obispos? Fueron rebeldes los obispos progresistas que, en el Concilio Vaticano II, se enfrentaron a la mayoría de los integristas y cambiaron radicalmente el enfoque de los documentos conciliares? El papa actual ha revertido el aggiornamiento de Juan XXIII? San Josemaría Escrivá es más santo que san Juan Evangelista? Estas y otras muchas preguntas más punzantes podríamos seguir añadiendo, pero la cuestión fundamental, que por ahora solo dejo planteada, es: cuán sumisos o rebeldes nos corresponde seguir siendo a los cristianos.

Quizá en otro artículo volvamos a planteos más concretos.