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Julio del 2006

REFLEXIONES CRISTIANAS

Por Sarri - 28 de Julio, 2006, 16:00, Categoría: General

LA LIBERTAD CRISTIANA

 

            «Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes si no permanecen en mí»

Habría que leer todo el capítulo XV de Juan pero este versículo 4 es suficiente para fundar el sentido de la libertad cristiana. Toda libertad arraiga o entronca en sus propias posibilidades/limitaciones. La libertad, para empezar, es humana y, como tal, puede ser infantil, juvenil o adulta y, a medida que se desarrolla, achica las limitaciones y amplia las posibilidades. Esa es la tarea de la educación bajo la guía de la moral.

La libertad cristiana entronca en Cristo, sintiendo, pensando y actuando como Cristo. Cristo siente la oposición de Jerusalén y llora sobre ella porque la quiso guarecer como la gallina a los pollitos y ella no quiso. Cristo piensa que esta situación le puede llevar a la exclusión del leproso o a la muerte del blasfemo. Cristo no vacila y actúa con entereza dando su testimonio salvador hasta el fin.

El cristiano de verdad, nutrido con la misma savia interior, siente, piensa y actúa del mismo modo y reacciona en las circunstancias que le toca vivir con las mismas motivaciones que Cristo. Para ello es necesario impregnarse de evangelio, del mensaje de salvación que hay que testimoniar y transmitir hasta el fin del mundo, dando pan al que tiene hambre, agua al que tiene sed y amor al que así lo necesita.

El distintivo de los cristianos es el amor comunitario y desbordante hacia todos los hombres, sin discriminaciones ni exclusiones. Huelga aclarar que cuando decimos “hombres” decimos “varones y mujeres”, por supuesto, sin discriminaciones. Y qué pensar cuando el machismo inficiona la conducta y adultera los criterios? Y qué sentir cuando en la Iglesia se infiltran esos criterios? Y, lo que es más serio, qué hacer cuando estamos metidos en la jaula de tradiciones divergentes y costumbres corrompidas?

Metidos en la jaula de tradiciones y costumbres perdemos libertad, del tipo que sea. Cuando esas costumbres no están acordes con las enseñanzas del evangelio dejan de ser cristianas, aunque estén justificadas (racionalizadas) por la teología, por el magisterio, por el derecho canónico y por la moral costumbrista. Es preciso, entonces, romper los barrotes de la jaula y, al igual que Cristo, oponerse a quienes cargan de obligaciones las espaldas de los demás sin que ellos las toquen con un solo dedo.

En estas cuestiones lo fácil es seguir la corriente sin cuestionarla, pero la libertad y, sobre todo, la libertad cristiana exige reflexión y decisión personales por muy difícil que resulte ir a contracorriente del ambiente tanto social como religioso. Esta exigencia radica en la fidelidad a Cristo y no a los demás. La fidelidad a los demás, jerarcas o no, puede empecer y hasta eliminar la fidelidad a Cristo.

Toda esta problemática, cuyo tratamiento pide más un libro que un artículo, implica que como humanos amemos la libertad y que como cristianos cultivemos la libertad cristiana de sentir, pensar y actuar como lo haría Jesucristo en nuestro caso. No es fácil ni tiene por qué serlo; lo fácil y barato suele carecer de valor y no hay nada más valioso que la santidad que deriva de la libertad cristiana, funda la Iglesia y redime al mundo.

La obediencia libre y reflexiva es virtud sin duda alguna, pero no es la más importante. La obediencia enjaulada y ciega no es virtud sino vicio, porque atenta contra el fundamento humano de la libertad y responsabilidad personales. La virtud principal es la fidelidad a la conciencia y, en el caso cristiano, al evangelio.

Cultura y Religión

Por Sarri - 14 de Julio, 2006, 20:23, Categoría: General

CULTURA Y RELIGIÓN

 

Si bien la cultura no es religión, la religión si es cultura. Mientras la cultura abarca e integra muchos más elementos que la religión, la religión se sirve de la cultura y añade sobre la misma sus creencias y sus prácticas, enriqueciendo (o envileciendo) la cultura en la que ha nacido. Cultura son los distintos momentos evolutivos de la raza humana en que se integran el idioma, la vestimenta, las formas de alimentación, la construcción de las viviendas, los medios de transporte, los modos de organizar la familia, el trabajo, el descanso, el ocio los entretenimientos, las festividades... y, entre todo eso, el profesar o no una religión del tipo que fuere.

Los valores culturales no son neutros. Son buenos o malos según favorezcan o perjudiquen la vida humana. Fumar, por ejemplo, aminora la oxigenación de la sangre y es perjudicial para la salud; drogarse irrita y atrofia el sistema nervioso acarreando enfermedades, demencias y muertes tempranas. Cierto que hay sus más y sus menos. Comer y beber, por ejemplo, es necesario hasta cierto punto ya que los excesos frenan el desarrollo de las personas. Los valores culturales tienen una medida justa que los hace buenos y una medida por debajo de la cual o por encima de la cual se vuelven malos.

Establecer el punto justo de los valores culturales es la tarea de la moral y la moralidad que de ahí se deriva (individual y/o social) pasa a integrar la misma cultura de la que es una manifestación. El que la poligamia o la monogamia se consideren buenas o malas es una cuestión de moralidad cultural. La moral brota de la conciencia personal de cada uno a la que, debido a la libertad, se la puede aceptar o rechazar. La moralidad vigente en un país, en una región o en una familia es fruto del acuerdo o desacuerdo entre los individuos que componen el grupo.

La religión encuentra una dimensión trascendente a la conducta humana. Hace que la voz de la conciencia sea la voz de un principio supremo al que llama Dios en cuyo nombre impone autoritariamente ideas y comportamientos, credos y mandamientos. Ofrece premios a los obedientes y castigos a los díscolos, generalmente después de la muerte en espacios ideales. La gran diferencia de religiones suele llevar a fuertes antagonismos entre ellas.

¿Qué piensa de todo esto el cristiano? Cristiano, por supuesto, es aquel que cree en la divinidad de Jesucristo y es consecuente con sus enseñanzas. El cristiano sabe que no todos los comportamientos, aunque sean de la mayoría, son buenos. La guerra no es buena ni los guerreros son héroes. Entiende que todo lo que las religiones exigen en nombre de Dios no es justo y que los sacrificios humanos para aplacar la ira divina son una abominación.

Es más. Intuye que las mismas tradiciones y costumbres entre cristianos se apartan de las revelaciones y de las enseñanzas de Jesucristo, que no se puede condenar a los pecadores, ni declarar cruzadas sangrientas, ni quemar vivos a los sospechados de herejía. Porque primero esta la moralidad de la misericordia, de la caridad y de la solidaridad. Después viene la religiosidad de atenerse a la voluntad de Dios Padre que no quiere que nadie de sus hijos se pierda sino que todos se salven.

Dios es el creador de la conciencia. Para corregir las desviaciones de la moral y de la religión se nos revela como redentor cuyo núcleo es el perdón de las ofensas. Por eso la moral en los cristianos es misericordia y la religión debe estar ayuna de sacrificios.