Por Sarri - 23 de Junio, 2009, 20:35, Categoría: General
FUNCION
CRISTIANA
La función del cristiano en el mundo es ser sal y
levadura. El cristiano vive para los demás, ofreciendo sentido y ejemplo de
vida. Sin esta proyección hacia los otros su vida se esteriliza y termina
perdiendo todo valor; se convierte en sal insípida que sólo sirve para ser
pisoteada. Los cristianos, o son admirados cuando luchan por la justicia con
los oprimidos, o son despreciados cuando se encierran en meras prácticas
piadosas.
Hoy los admirados son excepción y son perseguidos por
los opresores: claro ejemplo de ello es el asesinato de Mons. Romero en El
Salvador. Los cristianos corrientes son apenas tolerados como se toleran las
inclemencias del ambiente mientras las autoridades, tanto políticas como
religiosas, pelean entre sí a ver quién prevalece. Hoy vivimos en un mundo de
intensa violencia y de profunda chatura, vivimos en plena rebelión de las masas.
Será posible revertir esta situación fermentando la
Humanidad con un sentido más cívico solidario debido al actuar de cristianos
más auténticos?
Lo primero que para ello se necesita es que los
cristianos sean cristianos de verdad, seguidores de las enseñanzas de Cristo y
no arrutinados en tradiciones perimidas. Se critica demasiado el señorío y la
codicia de los jerarcas olvidándose que los jerarcas provienen de los laicos y
que arrastran las falencias de su educación más temprana. Todos somos responsables
de la marcha de nuestra vida, pero la responsabilidad del cristiano se duplica
por su compromiso bautismal.
El Evangelio prioriza el amor a la par que el
Magisterio insiste sobre la obediencia. El problema radica en el cambio
cultural de la mentalidad semítica por la helénica; la primera se fija en el
obrarde los seres en tanto que le
segunda valora las ideas abstractas y doctrinarias pero, no pudiendo imbuir
toda la catequesis en el cerebro de los fieles, se contenta con recalcar la
obediencia. Esto hace que muchos defiendan el Magisterio sin siquiera conocer
su contenido.
La elevación de la cultura humana es función de la vida cristiana. La eficacia cristiana
depende, a su vez, de estar fundada sobre un comportamiento ético sano, sincero
y constructivo. Es el reinado de paz y justicia que llega a nosotros como se
nos enseñó a pedir en el padrenuestro. El reinado está a la puerta de la
historia queriendo entrar, sólo espera ser aceptado por la fe cristiana de los
hombres de buena voluntad. Es hora de despertar y de actuar sin miedo ni
displicencias la vocación y la función de nuestro cristianismo para salvar al
mundo de su derrumbe.
«El tiempo está cumplido, conviértanse!» dijo y nos dice
Cristo.
«La crisis incluye peligro y oportunidad» dice el Tao
chino.
Por Sarri - 6 de Junio, 2009, 18:41, Categoría: General
ESCALA
CRISTIANA
Para llegar a cristianos se requiere, primero,
hombría. Se requiere buena voluntad, sinceridad y solidaridad, decisión para
colaborar con los demás en la construcción de un mundo mejor, más habitable,
que no excluya a nadie de los bienes que la tierra ofrece a todos. Se requiere
un sentido ético de la vida que distribuya las responsabilidades de acuerdo con
las habilidades de cada uno.
Todo ello es prerrequisito para el cristiano y
predisposición para vivir la fe. No pensemos que los cristianos, por considerarse
cristianos, son mejores que los demás. Rezar y recibir los sacramentos y, tal
vez, hacer espectaculares limosnas, puede resultar un craso engaño, al no estar
sostenido por la hombría de bien.
Ya lo dice Jesús que no todo el que clame «Señor,
Señor!» entrará en el reino de los cielos. Y a los piadosos fariseos les
advierte que los publicanos y las prostitutas les precederían a la hora de dar
cuenta de la vida. Ser humano es la tarima sobre la que se construye el ser
cristiano. De ahí que los no cristianos pero de buen natural sean mejores que
muchos cristianos practicantes pero despreocupados de la suerte de los demás.
Sobre la bondad humana se construye la santidad
cristiana. De hecho no existen virtudes cristianas, sino exponenciales
cristianos que acrisolan las virtudes humanas. La vida cristiana queda
escondida en el misterio de la fe pero, cuando existe, purifica y abrillanta
las virtudes humanas. Recordemos aquel paradójico refrán: un santo triste es un
triste santo.
No basta estar bautizado, no basta comulgar
diariamente para ser buen cristiano. Creer lo contrario lleva al descrédito del
cristianismo y, si hoy se mira con tan malos ojos a la gente de iglesia, es
porque se ha confundido el cristianismo con el ritualismo. El ritualismo es
algo así como creer que por entrar en un garaje me convierto en automóvil.
El despropósito de construir la vida cristiana sin
pulir las virtudes humanas sobre las que se asienta es responsable de la
pérdida del prestigio cristiano. El daño de está hipocresía tiene ya historia
de siglos y no es fácil remontarla y repararla pero es urgentemente necesario
primar la misericordia por encima de los sacrificios sagrados.
Lo admirable, tanto del humanismo como de
cristianismo, es el amor y el servicio mutuo. Ahora como antes, el mundo se
convertirá cuando nos vea dispuestos a sacrificar nuestros intereses personales
para ayudar a los más necesitados de apoyo y amor.
Por Sarri - 26 de Mayo, 2009, 14:31, Categoría: Doctrinal
INDEFINICION
Hay tres pronombres indefinidos y neutros: nada,
algo y todo. En ellos se esconde, tal vez, el secreto de la evolución.
Nuestro gran problema radica en que confundimos el conocimiento de Algo con el conocimiento de Todo. El álgebra de estos pronombres
resulta paradójica. Nada + nada = nada (no son dos nadas sino la misma nada).
Algo + algo = algo (surge un algo no múltiple pero superior). Todo + todo =
todo (absurdo!). Los humanos, con nuestro pensamiento y lenguaje, nadamos en las aguas de estas paradójicas indefiniciones.
Reflexionar sobre este maremágnum podría ayudar para alcanzar cierta sensatez
pero también puede contribuir a hundirnos en la desesperación.
La contingencia o limitación de nuestra
existencia reclama distinguir el misterio del absurdo. El que todo más todo sea
doble todo, es absurdo y no misterio, El que lo creado nada añada al Creador increado
(Dios) no es absurdo sino misterio, es algo que trasciende nuestra capacidad
de comprensión y que podemos, si queremos, creer. Y, en esta indefinición
racional nos definimos existencialmente todos los hombres y las mujeres desde
que somos concebidos, nacemos, crecemos y morimos. Los cristianos creemos que
ante Dios somos nada, es decir, somos algo (alguien) que nada añade a Diosde Quien todo recibimos
gratuitamente.
Dentro de estas condiciones resulta muy difícil manejar
el misterio y el absurdo, tanto que pretender superar la dificultad es la
ilusión que acarrea todos los problemas de la vida humana. Si el misterio es
la verdad y el absurdo es la no-verdad hemos de cuidar con suma diligencia
que en la presentación idiomática de los misterios no entre el absurdo; ésta
y no otra es la función de la razón ante la fe. Las verdades de fe suelen
revestirse de mitos (creación en siete días, diluvio universal, éxodo a la
tierra prometida, etc. etc.) a los que la razón debe expurgar de incoherencias
para no caer en la magia, en la absurda idea de que algo es capaz de crear algo.
Para que la crítica de la razón no reduzca las verdades de fe a nada, la
primera salida es convertir los mitos es poesía y referenciarlos a la
vivencia mística, labor nunca completable en la historia temporal de la
Humanidad.
Para definir algo la mente recurre a la
abstracción de las ideas con las que va estructurando todos sus conocimientos
matemáticos, científicos y filosóficos. Para independizarse de esta actividad
racional está el arte que, al margen de la búsqueda de la verdad, busca y
produce la belleza donde las creencias encuentran cómodo asiento. La teología
busca compatibilizar ciencia y fe, evitandoracionalismos y fideísmos que sacrifican la verdad del conjunto. El
gran misterio de la vida cristiana es la encarnación divina que los
cristianos actualizan y vivencian con el amor al prójimo y con el servicio al
bienestar de la humanidad. Aquí es donde la ortopraxis con su lastre de
indefinición supera las deficiencias de la ortodoxia definitoria.
Por Sarri - 13 de Mayo, 2009, 11:38, Categoría: General
DIALECTICA
RELIGIOSA
Paul Ricoeur llama
"religión" al elemento condicionante de nuestra vivencia
religiosay "fe" al elemento
que escapa al condicionamiento. Históricamente, en la mayoría de los fieles, se
atiene a lo religioso y se prescinde del compromiso personal, con lo cual, se promueve
el legalismo y el ritualismo vacío de sentido personal. Las personas, clérigos
y laicos, se conforman con cumplir algunas prescripciones y se desentienden de
la convivencia cristiana. Los clérigos mandan y los laicos obedecen.
Pero la fe se
marchita en ese ambiente y termina desapareciendo. Si en la misa del domingo
preguntamos a uno cualquiera qué fruto ha sacado de la eucaristía, veremos que la
persona queda desorientada y que, pasado el primer momento de desconcierto, responde
algo parecido a «he cumplido con mi obligación». Lo que cuenta es obedecer y ni
se le pasa por la mente que vino a nutrirse del amor al prójimo.
Frente a la
conciencia, lo que importa es la fe y su acrecimiento y la obediencia sólo vale
si ayuda a la fe. La religión tiene por objeto cultivar la fe y las estructuras
que crea deben estar subordinadas a esa finalidad: ésa es la dialéctica, la
tensión que unifica religión y fe.
Lo primero que se pierde
en las religiones es la fe en el valorde la pobreza, cultivando cada vez con más ahínco la servidumbre de la
riqueza y el poder del dinero, Tales actitudes llevan a consagrar la propiedad
privativa del individuo como máximo ideal, terminando en el capitalismo que hoy
domina el mundo.
Otra actitud
clásica que cultiva la religión es la hipocresía para tapar con bonitos
discursos y sofismas la ausencia de solidaridad humana. La teoría insiste en lo
que la religión debe ser, pero la práctica descubre lo que verdaderamente es
La fe no depende de
la religión sino que, al revés, la religión depende de la fe. Por eso, si la
religión va perdiendo la fe que debe acrisolar, ella misma se corrompe y en
lugar de ser un medio de liberación y vida acaba siendo causa de servilismo,
esclavitud y muerte.
Religión y política
suelen ir juntas y juntas evolucionan tanto para corromperse como para
purificarse. El dinero lava el cerebro y endurece el corazón. Y hoy hemos
llegado a un punto en que la misma naturaleza sufre en su armonía ecológica
tanto que, si no cambiamos diametralmente de actitudes, estallará y hará
imposible toda vida en el planeta.
Frente a este
horizonte sólo cabe avivar la responsabilidad personal de todos y cada uno,
pero cada uno sin esperar a los demás.
Por Sarri - 28 de Abril, 2009, 15:53, Categoría: Doctrinal
EL REINO
DE DIOS
Liberados de la opresión egipcia, los israelitas
vieron cumplida su esperanza de libertad y justicia con el rey David, pero esa
esperanza se quebró con la ruptura del reino, con el sometimiento y el destierro
a reinos extranjeros. Los profetas,
Isaías y Jeremías, reavivan la esperanza en la descendencia de David y Daniel
basa esa misma esperanza en el Hijo del Hombre y en la resurrección de los
muertos.
La actuación y la prédica de Jesús causaron profunda
conmoción en el puebloisraelita y
volvió a avivarse la marchita esperanza del Reino de libertad, justicia, paz y
prosperidad. Pero duró poco. La libertad de Jesús despertó sospechas en las
autoridades que, al conjurarse con los romanos, consiguieron asesinarlo y
eliminarlo.
Quedaban los discípulos, pero defraudados. Sin embargo
cundió la impresión de que Jesús estaba vivo entremedio de ellos y nació la fe
en la resurrección, vaticinada por el profeta Daniel. La instauración del
Reino, lentamente, perdió vigencia material y pasó a constituirse, entre muchas
dificultades ideológicas, en escatológica. Tras la muerte y fin de la historia
brillará en todo su esplendor la resurrección y la nueva vida perdurable.
En eso estamos. El Reino ya viene inaugurado por Dios
y por el Hijo del Hombre, por Jesús, el Cristo, que nos une a El haciéndonos
cristianos implantadores del Reino de Dios. Porque el Reino es de libertad y justicia,
fruto de la conversión del corazón humano.
Este Reino es universal en el tiempo y en el espacio y
convoca a cristianos y paganos a esforzarse, por obra del santo Espíritu de Jesús,
a dar testimonio de su inminencia por la fe esperanzada de la caridad, por la
ayuda solidaria entre todos los hombres y por el amor mutuo llevado hasta los
mismos enemigos, entregando, si preciso fuera, la misma vida en testimonio
martirial como lo hizo el Maestro.
Este Reino no es una teoría que pueda apuntalarse con
verdades dogmaticas. Este Reino es fruto de una práctica que, destruyendo el
egoísmo, la envidia y la codicia, vaya liberando las posibilidades de amar del
corazón humano. Este Reino es la resurrección universal después de la muerte
del género humano.
No preguntemos ni inquiramos el cuándo y el cómo de
este adorable misterio. Más bien, esperemos con esperanza viva su cumplimiento
sin caer en las dudas y en la desesperación de algo que está creado y decretado
por Dios Padre, por algo que está anunciado por Cristo Jesús con la garantía de
la asistencia del Espíritu Santo.
Esa y no otra es la clave de nuestra felicidad
imperecedera!
Por Sarri - 27 de Abril, 2009, 17:59, Categoría: Doctrinal
DIALECTICA
RELIGIOSA
Paul Ricoeur llama
"religión" al elemento condicionante de nuestra vivencia religiosa y
"fe" al elemento que escapa al condicionamiento. Históricamente, en
la mayoría de los fieles, se atiene a lo religioso y se prescinde del compromiso
personal, con lo cual, se promueve el legalismo y el ritualismo vacío de
sentido personal. Las personas, clérigos y laicos, se conforman con cumplir
algunas prescripciones y se desentienden de la convivencia cristiana. Los
clérigos mandan y los laicos obedecen.
Pero la fe se
marchita en ese ambiente y termina desapareciendo. Si en la misa del domingo
preguntamos a uno cualquiera qué fruto ha sacado de la eucaristía, veremos que la
persona queda desorientada y que, pasado el primer momento de desconcierto, responde
algo parecido a «he cumplido con mi obligación». Lo que cuenta es obedecer y ni
se le pasa por la mente que vino a nutrirse del amor al prójimo.
Frente a la
conciencia, lo que importa es la fe y su acrecimiento y la obediencia sólo vale
si ayuda a la fe. La religión tiene por objeto cultivar la fe y las estructuras
que crea deben estar subordinadas a esa finalidad: ésa es la dialéctica, la
tensión que unifica religión y fe.
Lo primero que se
pierde en las religiones es la fe en el valor de la pobreza, cultivando cada vez con más ahínco
la servidumbre de la riqueza y el poder del dinero, Tales actitudes llevan a
consagrar la propiedad privativa del individuo como máximo ideal, terminando en
el capitalismo que hoy domina el mundo.
Otra actitud
clásica que cultiva la religión es la hipocresía para tapar con bonitos discursos
y sofismas la ausencia de solidaridad humana. La teoría insiste en lo que la
religión debe ser, pero la práctica descubre lo que verdaderamente es
La fe no depende de
la religión sino que, al revés, la religión depende de la fe. Por eso si la
religión va perdiendo la fe que debe acrisolar, ella misma se corrompe y en
lugar de ser un medio de liberación y vida acaba siendo causa de servilismo,
esclavitud y muerte.
Religión y política
suelen ir juntas y juntas evolucionan tanto para corromperse como para
purificarse. El dinero les lava el cerebro y les endurece el corazón. Y hoy hemos
llegado a un punto en que la misma naturaleza sufre en su armonía ecológica tanto
que, si no cambiamos diametralmente de actitudes, estallará y hará imposible
toda vida en el planeta.
Frente a este
horizonte sólo cabe avivar la responsabilidad personal de todos y cada uno,
pero cada uno sin esperar a los demás.
Por Sarri - 23 de Abril, 2009, 20:29, Categoría: Doctrinal
SALVACION
Salvación
sería, en clave religiosa y en su acepción más general, el triunfo de la vida
sobre la muerte. Específicamente abundan las opinionesdentro y fuera de las religiones. En su forma
más vulgar es librarse del castigo del infierno e ir al cielo; entre los cristianos
se considera que, debido al pecado original de Adán y Eva, todos nacemos
empecatados y destinados al infierno. Pero el bautismo nos salva de ese destino
infernal y nos abre las puertas del cielo.
La
doctrina más tajante es la de san Agustín (s. V) según la cual todos los no
bautizados terminan en el infierno. Con el tiempo se suaviza el rigor
agustiniano y se crea el purgatorio, el limbo de los patriarcas y el limbo de
los niños; el purgatorio sería transitorio hasta purgar los pecados personales.
Los limbos serían permanentes, serían como franjas afuera del infierno donde se
librarían de los tormentos, pero sin acceso a gozar de la visión beatífica de
Dios. Estas doctrinas vinieron a fraguarse entre los siglos XII y XIII y
promovieron la costumbre de bautizar a los niños recién nacidos, cuyo
compromiso de fe asumían, vicariamente, los padres y los padrinos.
En
el mes de abril del año 2005, tras trece años de de estudio y discusión, la
Comisión Teológica Internacional emitió un documento, aprobado por el Papa, en
que se desechaba la doctrina del limbo y se abrían las puertas del cielo a
todos los que no hubieran pecado mortal y personalmente. Ahora cunde, al margen
del dogmatismo eclesial, la opinión de que también habría que descartar la
doctrina del purgatorio y del infierno y proclamar la salvación de todos debido
a la gracia y perdón divinos predicados por Jesucristo. Según Jesucristo la
salvación procede la fe vivida en esperanza y actuada en amor: esto sería para
muchos lo fundamental y la doctrina de los dogmas sería un accesorio con más
frecuencia debilitante que reforzante.
En
esas estamos, nadando en una crisis doctrinal y litúrgica como nunca antes se
ha conocido en la Iglesia. Nunca un papa se quejó como el actual de las
críticas e incomprensiones que sufre dentro de la misma iglesia. A quién hemos
de creer hoy, al magisterio eclesial o al racionalismo mundanal, al concilio
vaticano I o al II, , al integrismo dogmático o a la reflexión personal, a la
obediencia o al amor?
No
es fácil, hoy menos que nunca, creer en la salvación. Pero nuncael valor de la vida puede ser juzgada por su
facilidad sino por los frutos de su trabajo persistente. Y el trabajo, tanto la
reflexión de la mente como el cansancio muscular, cuesta esfuerzo inevitable
para que produzca la justicia y la paz que tanta falta nos hace.
Por Sarri - 9 de Abril, 2009, 19:04, Categoría: Doctrinal
ESCALA VITAL
La vida tiene fases- Está la vida sensible o física,
aparente en el cuerpocon sus funciones.
En el interior del cuerpo nace y se desarrolla la vida síquica o espiritual
cuyo perfil delinea la personalidad; gracias al espíritu nos distinguimos de
los demás animales. Cuerpo y alma suele decirse, el alma vivificando el cuerpo;
pero si el alma vivifica el cuerpo, qué es lo que vivifica el alma? Esta es la
cuestión a la que queremos responder.
El alma sin cuerpo no tiene sentido; sería un fantasma
sin estructura propia, así como el cuerpo sin alma pasa a ser un cadáver devorado
por la tierra de dónde procede. Qué sucede a la hora de la muerte? Vulgarmente
se considera que cuerpo y alma se separan, pero semejante idea es inconcebible:
cuerpo sin alma no existe, lo mismo que alma sin cuerpo; cuerpo y alma son
partes integrantes de un único ser vivo y personal.
La pregunta es qué sucede a la hora de la muerte con
esa persona que espiritualmente se estaba formando. La ciencia que niega la
metafísica niega también la existencia del espíritu y su espiritualidad que,
como decimos, nos distingue de los animales. Aquí está el nudo de la cuestión!
El espíritu, exisriwndo, postula una nueva etapa vital que la razón no puede demostrar
pero tampoco puede, válidamente, negar. La vida después de la muerte es objeto
de fe.
Cuando la fe cristiana proclama la resurrección, está
refiriéndose a la permanencia del espíritu y de la persona, después de la
muerte. Tal tesis no puede ni afirmarse ni negarse con razones lógicas sino con
intuicionescordiales, presentes en la
vida de Jesucristo y transmitidas a todos los seres humanos que, por ser
libres, las aceptan o las rechazan, o bien viven en la incertidumbre entre
ambas actitudes extremas.
El sentido de la resurrección es la afirmación de que
la vida físicamente incoada y síquicamente desarrollada pasa a afirmarse en su
plenitud vital fuera ya de las limitaciones del espacio y del tiempo. Esta
calidad de vida es incomprensible a la razón que está sometida a la
espacialidad y a la temporalidad y, por eso, se constituye en afirmación de fe.
Creer en la resurrección es creer en Dios Padre que no
abandona a sus hijos, como no abandonó a Jesús clavado y muerto en la cruz.
Por Sarri - 24 de Marzo, 2009, 12:58, Categoría: Doctrinal
IGLESIA
Iglesia es asamblea convocada. Teóricamente está
convocada por Dios, pero prácticamente interviene la convocatoria humana que,
según sea más o menos fiel a la convocatoria divina, acarrea equívocos
difíciles de superar. Hoy nos debatimos en una profunda crisis de autoridad: evangélica
o vaticana.
Trataré de aclarar algunas de las ideas-fuerza que
están en juego sin pretender ser en ello más infalible que nadie.
Sobrenatural. Este concepto es ambiguo y equívoco. En el mundo
todo es creado y natural; dentro de lo natural está su dinamismo evolutivo y “sobre”
lo natural está lo divino envuelto en su trascendencia mistérica.
La tentación humana es apropiarse de lo divino,
pretendiendo revelaciones de transferencia autoritaria imposibles de demostrar
sin incurrir en círculos viciosos, actitud que lleva al dogmatismo impositivo, contrario
a la libertad de conciencia y favorable a supersticiones mágicas que inficionan
las conductas humanas.
Autoridad. Dios es el autor de todo lo creado, incluida la
libertad humana, y de El procede el valor de toda autoridad subsidiaria. Lo más
discutible en la actualidad es el alcance de la vicaria autoridad pontificia o
apostólica.
Tiene el Papa autoridad para excomulgar a un “hereje”
y entregarlo a la hoguera? En el Medievo era práctica común. En la Modernidad
resulta escandaloso. Desde la curia romana se han excluido las torturas físicas
pero no se han mitigado las torturas morales. De ahí la incomodidad y el
fundamentalismo de quienes quieren seguir fieles a las enseñanzas de los
pontífices romanos.
Amor. Dios es Amor y difunde sobre su creación gratuita y
graciosamente su amor. El problema de la fidelidad humana en la Iglesia es que
la obediencia no solape ni excluya el amor universal. El problema afecta tanto
a los gobernantes como a los gobernados. De hecho es más fácil vivirlo que
entenderlo.
Por Sarri - 14 de Febrero, 2009, 19:05, Categoría: General
LA ORACION
La
oración modélica del cristiano es el
padrenuestro. Es oración de petición. El problema surge si Dios sabe todo lo
que necesitamos y su gracia nos ofrece satisfacerlas, qué sentido tiene pedirle
nada concreto, como si Dios se hubiera olvidado de nosotros? No obstante, el
Evangelio insiste en que pidamos y en que lo hagamos constantemente; a veces
resulta hasta exagerado cuando nos dice que, si pedimos con fe que la montaña
se lance al mar, lo hará. También nos dice que seamos sencillos sin
verborragias.
Las
oraciones litúrgicas duelen apartarse de estas pautas evangélicas, suelen
dirigirse al Señor benevolente y todopoderoso y suelen seguir con infladas
alabanzas y explícitas necesidades por nuestra parte.Nada digamos de las fórmulas devocionales que
se extienden en inacabables consideraciones.
La
oración de Jesús se dirige al Padre, implicando ya una actitud de confianza. Le
pedimos que su voluntad, no la nuestra, prime en nuestra vida y asísurja y se extienda su Reino en el mundo. Dentro
de esta confianza filial recordamos nuestras necesidades primarias: la
nutrición diaria de nuestras fuerzas y el perdón de las deudas para una sana
convivencia. La preservación de sucumbir a las tentaciones y la de ser
liberados de todo mal intensifica la confianza que es el alma de toda oración.
Si
analizamos el desarrollo ulterior de las oraciones cristianas, podemos
comprobar que están viciadas por desconfianza y por hipocresía, no tanto en la
liturgia como en las devociones. Buscamos ladinamente de someter la voluntad
divina a la nuestra en lugar de someter la nuestra a la de Dios, con lo que nos
infeccionamos con la ilusión de la magia, creyendo que con el solo cumplimiento
del rito adecuado podemos disponer de la voluntad divina. Esta intrusión, en mayor
o menor medida, de la magia conduce a las supersticiones y a toda clase de
aberraciones dentro de lo que se sigue creyendo vida cristiana.
El
padrenuestro no es una fórmula mágica sino una enseñanza de cómo debe ser
nuestra oración y que actitudes pueden preservarnos en las auténticas vivencias
cristianas. No basta recitarlo sino potenciar sus contenidos con o sin
recitación.