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Objetivos

Por Sarri - 23 de Junio, 2009, 20:35, Categoría: General

FUNCION CRISTIANA

La función del cristiano en el mundo es ser sal y levadura. El cristiano vive para los demás, ofreciendo sentido y ejemplo de vida. Sin esta proyección hacia los otros su vida se esteriliza y termina perdiendo todo valor; se convierte en sal insípida que sólo sirve para ser pisoteada. Los cristianos, o son admirados cuando luchan por la justicia con los oprimidos, o son despreciados cuando se encierran en meras prácticas piadosas.

Hoy los admirados son excepción y son perseguidos por los opresores: claro ejemplo de ello es el asesinato de Mons. Romero en El Salvador. Los cristianos corrientes son apenas tolerados como se toleran las inclemencias del ambiente mientras las autoridades, tanto políticas como religiosas, pelean entre sí a ver quién prevalece. Hoy vivimos en un mundo de intensa violencia y de profunda chatura, vivimos en plena rebelión de las masas.

Será posible revertir esta situación fermentando la Humanidad con un sentido más cívico solidario debido al actuar de cristianos más auténticos?   

Lo primero que para ello se necesita es que los cristianos sean cristianos de verdad, seguidores de las enseñanzas de Cristo y no arrutinados en tradiciones perimidas. Se critica demasiado el señorío y la codicia de los jerarcas olvidándose que los jerarcas provienen de los laicos y que arrastran las falencias de su educación más temprana. Todos somos responsables de la marcha de nuestra vida, pero la responsabilidad del cristiano se duplica por su compromiso bautismal.

El Evangelio prioriza el amor a la par que el Magisterio insiste sobre la obediencia. El problema radica en el cambio cultural de la mentalidad semítica por la helénica; la primera se fija en el obrar  de los seres en tanto que le segunda valora las ideas abstractas y doctrinarias pero, no pudiendo imbuir toda la catequesis en el cerebro de los fieles, se contenta con recalcar la obediencia. Esto hace que muchos defiendan el Magisterio sin siquiera conocer su contenido.

La elevación de la cultura humana es función de la vida cristiana. La eficacia cristiana depende, a su vez, de estar fundada sobre un comportamiento ético sano, sincero y constructivo. Es el reinado de paz y justicia que llega a nosotros como se nos enseñó a pedir en el padrenuestro. El reinado está a la puerta de la historia queriendo entrar, sólo espera ser aceptado por la fe cristiana de los hombres de buena voluntad. Es hora de despertar y de actuar sin miedo ni displicencias la vocación y la función de nuestro cristianismo para salvar al mundo de su derrumbe.

«El tiempo está cumplido, conviértanse!» dijo y nos dice Cristo.

«La crisis incluye peligro y oportunidad» dice el Tao chino.

  

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Preámbulos

Por Sarri - 6 de Junio, 2009, 18:41, Categoría: General

ESCALA CRISTIANA

Para llegar a cristianos se requiere, primero, hombría. Se requiere buena voluntad, sinceridad y solidaridad, decisión para colaborar con los demás en la construcción de un mundo mejor, más habitable, que no excluya a nadie de los bienes que la tierra ofrece a todos. Se requiere un sentido ético de la vida que distribuya las responsabilidades de acuerdo con las habilidades de cada uno.

Todo ello es prerrequisito para el cristiano y predisposición para vivir la fe. No pensemos  que los cristianos, por considerarse cristianos, son mejores que los demás. Rezar y recibir los sacramentos y, tal vez, hacer espectaculares limosnas, puede resultar un craso engaño, al no estar sostenido por la hombría de bien.

Ya lo dice Jesús que no todo el que clame «Señor, Señor!» entrará en el reino de los cielos. Y a los piadosos fariseos les advierte que los publicanos y las prostitutas les precederían a la hora de dar cuenta de la vida. Ser humano es la tarima sobre la que se construye el ser cristiano. De ahí que los no cristianos pero de buen natural sean mejores que muchos cristianos practicantes pero despreocupados de la suerte de los demás.

Sobre la bondad humana se construye la santidad cristiana. De hecho no existen virtudes cristianas, sino exponenciales cristianos que acrisolan las virtudes humanas. La vida cristiana queda escondida en el misterio de la fe pero, cuando existe, purifica y abrillanta las virtudes humanas. Recordemos aquel paradójico refrán: un santo triste es un triste santo.

No basta estar bautizado, no basta comulgar diariamente para ser buen cristiano. Creer lo contrario lleva al descrédito del cristianismo y, si hoy se mira con tan malos ojos a la gente de iglesia, es porque se ha confundido el cristianismo con el ritualismo. El ritualismo es algo así como creer que por entrar en un garaje me convierto en automóvil.

El despropósito de construir la vida cristiana sin pulir las virtudes humanas sobre las que se asienta es responsable de la pérdida del prestigio cristiano. El daño de está hipocresía tiene ya historia de siglos y no es fácil remontarla y repararla pero es urgentemente necesario primar la misericordia por encima de los sacrificios sagrados.

Lo admirable, tanto del humanismo como de cristianismo, es el amor y el servicio mutuo. Ahora como antes, el mundo se convertirá cuando nos vea dispuestos a sacrificar nuestros intereses personales para ayudar a los más necesitados de apoyo y amor.

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Filosofia de la fe

Por Sarri - 26 de Mayo, 2009, 14:31, Categoría: Doctrinal

 

INDEFINICION

 

 

Hay tres pronombres indefinidos y neutros: nada, algo y todo. En ellos se esconde, tal vez, el secreto de la evolución. Nuestro gran problema radica en que confundimos el conocimiento de Algo con el conocimiento de Todo. El álgebra de estos pronombres resulta paradójica. Nada + nada = nada (no son dos nadas sino la misma nada). Algo + algo = algo (surge un algo no múltiple pero superior). Todo + todo = todo (absurdo!). Los humanos, con nuestro pensamiento y lenguaje,  nadamos en las aguas de estas paradójicas indefiniciones. Reflexionar sobre este maremágnum podría ayudar para alcanzar cierta sensatez pero también puede contribuir a hundirnos en la desesperación.

La contingencia o limitación de nuestra existencia reclama distinguir el misterio del absurdo. El que todo más todo sea doble todo, es absurdo y no misterio, El que lo creado nada añada al Creador increado (Dios) no es absurdo sino misterio, es algo que trasciende nuestra capacidad de comprensión y que podemos, si queremos, creer. Y, en esta indefinición racional nos definimos existencialmente todos los hombres y las mujeres desde que somos concebidos, nacemos, crecemos y morimos. Los cristianos creemos que ante Dios somos nada, es decir, somos algo (alguien) que nada  añade a Dios  de Quien todo recibimos gratuitamente.

Dentro de estas condiciones resulta muy difícil manejar el misterio y el absurdo, tanto que  pretender superar la dificultad es la ilusión que acarrea todos los problemas de la vida humana. Si el misterio es la verdad y el absurdo es la no-verdad hemos de cuidar con suma diligencia que en la presentación idiomática de los misterios no entre el absurdo; ésta y no otra es la función de la razón ante la fe. Las verdades de fe suelen revestirse de mitos (creación en siete días, diluvio universal, éxodo a la tierra prometida, etc. etc.) a los que la razón debe expurgar de incoherencias para no caer en la magia, en la absurda idea de que algo es capaz de crear algo. Para que la crítica de la razón no reduzca las verdades de fe a nada, la primera salida es convertir los mitos es poesía y referenciarlos a la vivencia mística, labor nunca completable en la historia temporal de la Humanidad.

Para definir algo la mente recurre a la abstracción de las ideas con las que va estructurando todos sus conocimientos matemáticos, científicos y filosóficos. Para independizarse de esta actividad racional está el arte que, al margen de la búsqueda de la verdad, busca y produce la belleza donde las creencias encuentran cómodo asiento. La teología busca compatibilizar ciencia y fe, evitando  racionalismos y fideísmos que sacrifican la verdad del conjunto. El gran misterio de la vida cristiana es la encarnación divina que los cristianos actualizan y vivencian con el amor al prójimo y con el servicio al bienestar de la humanidad. Aquí es donde la ortopraxis con su lastre de indefinición supera las deficiencias de la ortodoxia definitoria.

 

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Religiosidad

Por Sarri - 13 de Mayo, 2009, 11:38, Categoría: General

DIALECTICA RELIGIOSA

Paul Ricoeur llama "religión" al elemento condicionante de nuestra vivencia religiosa   y "fe" al elemento que escapa al condicionamiento. Históricamente, en la mayoría de los fieles, se atiene a lo religioso y se prescinde del compromiso personal, con lo cual, se promueve el legalismo y el ritualismo vacío de sentido personal. Las personas, clérigos y laicos, se conforman con cumplir algunas prescripciones y se desentienden de la convivencia cristiana. Los clérigos mandan y los laicos obedecen.

Pero la fe se marchita en ese ambiente y termina desapareciendo. Si en la misa del domingo preguntamos a uno cualquiera qué fruto ha sacado de la eucaristía, veremos que la persona queda desorientada y que, pasado el primer momento de desconcierto, responde algo parecido a «he cumplido con mi obligación». Lo que cuenta es obedecer y ni se le pasa por la mente que vino a nutrirse del amor al prójimo.

Frente a la conciencia, lo que importa es la fe y su acrecimiento y la obediencia sólo vale si ayuda a la fe. La religión tiene por objeto cultivar la fe y las estructuras que crea deben estar subordinadas a esa finalidad: ésa es la dialéctica, la tensión que unifica religión y fe.

Lo primero que se pierde en las religiones es la fe en el valor  de la pobreza, cultivando cada vez con más ahínco la servidumbre de la riqueza y el poder del dinero, Tales actitudes llevan a consagrar la propiedad privativa del individuo como máximo ideal, terminando en el capitalismo que hoy domina el mundo.

Otra actitud clásica que cultiva la religión es la hipocresía para tapar con bonitos discursos y sofismas la ausencia de solidaridad humana. La teoría insiste en lo que la religión debe ser, pero la práctica descubre lo que verdaderamente es

La fe no depende de la religión sino que, al revés, la religión depende de la fe. Por eso, si la religión va perdiendo la fe que debe acrisolar, ella misma se corrompe y en lugar de ser un medio de liberación y vida acaba siendo causa de servilismo, esclavitud y muerte.

Religión y política suelen ir juntas y juntas evolucionan tanto para corromperse como para purificarse. El dinero lava el cerebro y endurece el corazón. Y hoy hemos llegado a un punto en que la misma naturaleza sufre en su armonía ecológica tanto que, si no cambiamos diametralmente de actitudes, estallará y hará imposible toda vida en el planeta.

Frente a este horizonte sólo cabe avivar la responsabilidad personal de todos y cada uno, pero cada uno sin esperar a los demás.

 



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Vida Cristiana

Por Sarri - 28 de Abril, 2009, 15:53, Categoría: Doctrinal

EL REINO DE DIOS

Liberados de la opresión egipcia, los israelitas vieron cumplida su esperanza de libertad y justicia con el rey David, pero esa esperanza se quebró con la ruptura del reino, con el sometimiento y el destierro a reinos  extranjeros. Los profetas, Isaías y Jeremías, reavivan la esperanza en la descendencia de David y Daniel basa esa misma esperanza en el Hijo del Hombre y en la resurrección de los muertos.

La actuación y la prédica de Jesús causaron profunda conmoción en el pueblo  israelita y volvió a avivarse la marchita esperanza del Reino de libertad, justicia, paz y prosperidad. Pero duró poco. La libertad de Jesús despertó sospechas en las autoridades que, al conjurarse con los romanos, consiguieron asesinarlo y eliminarlo.

Quedaban los discípulos, pero defraudados. Sin embargo cundió la impresión de que Jesús estaba vivo entremedio de ellos y nació la fe en la resurrección, vaticinada por el profeta Daniel. La instauración del Reino, lentamente, perdió vigencia material y pasó a constituirse, entre muchas dificultades ideológicas, en escatológica. Tras la muerte y fin de la historia brillará en todo su esplendor la resurrección y la nueva vida perdurable.

En eso estamos. El Reino ya viene inaugurado por Dios y por el Hijo del Hombre, por Jesús, el Cristo, que nos une a El haciéndonos cristianos implantadores del Reino de Dios. Porque el Reino es de libertad y justicia, fruto de la conversión del corazón humano.

Este Reino es universal en el tiempo y en el espacio y convoca a cristianos y paganos a esforzarse, por obra del santo Espíritu de Jesús, a dar testimonio de su inminencia por la fe esperanzada de la caridad, por la ayuda solidaria entre todos los hombres y por el amor mutuo llevado hasta los mismos enemigos, entregando, si preciso fuera, la misma vida en testimonio martirial como lo hizo el Maestro.

Este Reino no es una teoría que pueda apuntalarse con verdades dogmaticas. Este Reino es fruto de una práctica que, destruyendo el egoísmo, la envidia y la codicia, vaya liberando las posibilidades de amar del corazón humano. Este Reino es la resurrección universal después de la muerte del género humano.

No preguntemos ni inquiramos el cuándo y el cómo de este adorable misterio. Más bien, esperemos con esperanza viva su cumplimiento sin caer en las dudas y en la desesperación de algo que está creado y decretado por Dios Padre, por algo que está anunciado por Cristo Jesús con la garantía de la asistencia del Espíritu Santo.

Esa y no otra es la clave de nuestra felicidad imperecedera!

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reflexión

Por Sarri - 27 de Abril, 2009, 17:59, Categoría: Doctrinal

DIALECTICA RELIGIOSA

Paul Ricoeur llama "religión" al elemento condicionante de nuestra vivencia religiosa   y "fe" al elemento que escapa al condicionamiento. Históricamente, en la mayoría de los fieles, se atiene a lo religioso y se prescinde del compromiso personal, con lo cual, se promueve el legalismo y el ritualismo vacío de sentido personal. Las personas, clérigos y laicos, se conforman con cumplir algunas prescripciones y se desentienden de la convivencia cristiana. Los clérigos mandan y los laicos obedecen.

Pero la fe se marchita en ese ambiente y termina desapareciendo. Si en la misa del domingo preguntamos a uno cualquiera qué fruto ha sacado de la eucaristía, veremos que la persona queda desorientada y que, pasado el primer momento de desconcierto, responde algo parecido a «he cumplido con mi obligación». Lo que cuenta es obedecer y ni se le pasa por la mente que vino a nutrirse del amor al prójimo.

Frente a la conciencia, lo que importa es la fe y su acrecimiento y la obediencia sólo vale si ayuda a la fe. La religión tiene por objeto cultivar la fe y las estructuras que crea deben estar subordinadas a esa finalidad: ésa es la dialéctica, la tensión que unifica religión y fe.

Lo primero que se pierde en las religiones es la fe en el valor  de la pobreza, cultivando cada vez con más ahínco la servidumbre de la riqueza y el poder del dinero, Tales actitudes llevan a consagrar la propiedad privativa del individuo como máximo ideal, terminando en el capitalismo que hoy domina el mundo.

Otra actitud clásica que cultiva la religión es la hipocresía para tapar con bonitos discursos y sofismas la ausencia de solidaridad humana. La teoría insiste en lo que la religión debe ser, pero la práctica descubre lo que verdaderamente es

La fe no depende de la religión sino que, al revés, la religión depende de la fe. Por eso si la religión va perdiendo la fe que debe acrisolar, ella misma se corrompe y en lugar de ser un medio de liberación y vida acaba siendo causa de servilismo, esclavitud y muerte.

Religión y política suelen ir juntas y juntas evolucionan tanto para corromperse como para purificarse. El dinero les lava el cerebro y les endurece el corazón. Y hoy hemos llegado a un punto en que la misma naturaleza sufre en su armonía ecológica tanto que, si no cambiamos diametralmente de actitudes, estallará y hará imposible toda vida en el planeta.

Frente a este horizonte sólo cabe avivar la responsabilidad personal de todos y cada uno, pero cada uno sin esperar a los demás.

 

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religión

Por Sarri - 23 de Abril, 2009, 20:29, Categoría: Doctrinal

SALVACION

Salvación sería, en clave religiosa y en su acepción más general, el triunfo de la vida sobre la muerte. Específicamente abundan las opiniones  dentro y fuera de las religiones. En su forma más vulgar es librarse del castigo del infierno e ir al cielo; entre los cristianos se considera que, debido al pecado original de Adán y Eva, todos nacemos empecatados y destinados al infierno. Pero el bautismo nos salva de ese destino infernal y nos abre las puertas del cielo.

La doctrina más tajante es la de san Agustín (s. V) según la cual todos los no bautizados terminan en el infierno. Con el tiempo se suaviza el rigor agustiniano y se crea el purgatorio, el limbo de los patriarcas y el limbo de los niños; el purgatorio sería transitorio hasta purgar los pecados personales. Los limbos serían permanentes, serían como franjas afuera del infierno donde se librarían de los tormentos, pero sin acceso a gozar de la visión beatífica de Dios. Estas doctrinas vinieron a fraguarse entre los siglos XII y XIII y promovieron la costumbre de bautizar a los niños recién nacidos, cuyo compromiso de fe asumían, vicariamente, los padres y los padrinos.

En el mes de abril del año 2005, tras trece años de de estudio y discusión, la Comisión Teológica Internacional emitió un documento, aprobado por el Papa, en que se desechaba la doctrina del limbo y se abrían las puertas del cielo a todos los que no hubieran pecado mortal y personalmente. Ahora cunde, al margen del dogmatismo eclesial, la opinión de que también habría que descartar la doctrina del purgatorio y del infierno y proclamar la salvación de todos debido a la gracia y perdón divinos predicados por Jesucristo. Según Jesucristo la salvación procede la fe vivida en esperanza y actuada en amor: esto sería para muchos lo fundamental y la doctrina de los dogmas sería un accesorio con más frecuencia debilitante que reforzante.

En esas estamos, nadando en una crisis doctrinal y litúrgica como nunca antes se ha conocido en la Iglesia. Nunca un papa se quejó como el actual de las críticas e incomprensiones que sufre dentro de la misma iglesia. A quién hemos de creer hoy, al magisterio eclesial o al racionalismo mundanal, al concilio vaticano I o al II, , al integrismo dogmático o a la reflexión personal, a la obediencia o al amor?

No es fácil, hoy menos que nunca, creer en la salvación. Pero nunca  el valor de la vida puede ser juzgada por su facilidad sino por los frutos de su trabajo persistente. Y el trabajo, tanto la reflexión de la mente como el cansancio muscular, cuesta esfuerzo inevitable para que produzca la justicia y la paz que tanta falta nos hace.

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Trascendencia

Por Sarri - 9 de Abril, 2009, 19:04, Categoría: Doctrinal

ESCALA VITAL  

La vida tiene fases- Está la vida sensible o física, aparente en el cuerpo  con sus funciones. En el interior del cuerpo nace y se desarrolla la vida síquica o espiritual cuyo perfil delinea la personalidad; gracias al espíritu nos distinguimos de los demás animales. Cuerpo y alma suele decirse, el alma vivificando el cuerpo; pero si el alma vivifica el cuerpo, qué es lo que vivifica el alma? Esta es la cuestión a la que queremos responder.

El alma sin cuerpo no tiene sentido; sería un fantasma sin estructura propia, así como el cuerpo sin alma pasa a ser un cadáver devorado por la tierra de dónde procede. Qué sucede a la hora de la muerte? Vulgarmente se considera que cuerpo y alma se separan, pero semejante idea es inconcebible: cuerpo sin alma no existe, lo mismo que alma sin cuerpo; cuerpo y alma son partes integrantes de un único ser vivo y personal.

La pregunta es qué sucede a la hora de la muerte con esa persona que espiritualmente se estaba formando. La ciencia que niega la metafísica niega también la existencia del espíritu y su espiritualidad que, como decimos, nos distingue de los animales. Aquí está el nudo de la cuestión! El espíritu, exisriwndo, postula una nueva etapa vital que la razón no puede demostrar pero tampoco puede, válidamente, negar. La vida después de la muerte es objeto de fe.

Cuando la fe cristiana proclama la resurrección, está refiriéndose a la permanencia del espíritu y de la persona, después de la muerte. Tal tesis no puede ni afirmarse ni negarse con razones lógicas sino con intuiciones  cordiales, presentes en la vida de Jesucristo y transmitidas a todos los seres humanos que, por ser libres, las aceptan o las rechazan, o bien viven en la incertidumbre entre ambas actitudes extremas.

El sentido de la resurrección es la afirmación de que la vida físicamente incoada y síquicamente desarrollada pasa a afirmarse en su plenitud vital fuera ya de las limitaciones del espacio y del tiempo. Esta calidad de vida es incomprensible a la razón que está sometida a la espacialidad y a la temporalidad y, por eso, se constituye en afirmación de fe.

Creer en la resurrección es creer en Dios Padre que no abandona a sus hijos, como no abandonó a Jesús clavado y muerto en la cruz.

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Fidelidad

Por Sarri - 24 de Marzo, 2009, 12:58, Categoría: Doctrinal

IGLESIA

Iglesia es asamblea convocada. Teóricamente está convocada por Dios, pero prácticamente interviene la convocatoria humana que, según sea más o menos fiel a la convocatoria divina, acarrea equívocos difíciles de superar. Hoy nos debatimos en una profunda crisis de autoridad: evangélica o vaticana.

Trataré de aclarar algunas de las ideas-fuerza que están en juego sin pretender ser en ello más infalible que nadie.

Sobrenatural. Este concepto es ambiguo y equívoco. En el mundo todo es creado y natural; dentro de lo natural está su dinamismo evolutivo y “sobre” lo natural está lo divino envuelto en su trascendencia mistérica.

La tentación humana es apropiarse de lo divino, pretendiendo revelaciones de transferencia autoritaria imposibles de demostrar sin incurrir en círculos viciosos, actitud que lleva al dogmatismo impositivo, contrario a la libertad de conciencia y favorable a supersticiones mágicas que inficionan las conductas humanas.

Autoridad. Dios es el autor de todo lo creado, incluida la libertad humana, y de El procede el valor de toda autoridad subsidiaria. Lo más discutible en la actualidad es el alcance de la vicaria autoridad pontificia o apostólica.

Tiene el Papa autoridad para excomulgar a un “hereje” y entregarlo a la hoguera? En el Medievo era práctica común. En la Modernidad resulta escandaloso. Desde la curia romana se han excluido las torturas físicas pero no se han mitigado las torturas morales. De ahí la incomodidad y el fundamentalismo de quienes quieren seguir fieles a las enseñanzas de los pontífices romanos.

Amor. Dios es Amor y difunde sobre su creación gratuita y graciosamente su amor. El problema de la fidelidad humana en la Iglesia es que la obediencia no solape ni excluya el amor universal. El problema afecta tanto a los gobernantes como a los gobernados. De hecho es más fácil vivirlo que entenderlo.

Prácticas de piedad

Por Sarri - 14 de Febrero, 2009, 19:05, Categoría: General

LA ORACION

La oración modélica del cristiano es el padrenuestro. Es oración de petición. El problema surge si Dios sabe todo lo que necesitamos y su gracia nos ofrece satisfacerlas, qué sentido tiene pedirle nada concreto, como si Dios se hubiera olvidado de nosotros? No obstante, el Evangelio insiste en que pidamos y en que lo hagamos constantemente; a veces resulta hasta exagerado cuando nos dice que, si pedimos con fe que la montaña se lance al mar, lo hará. También nos dice que seamos sencillos sin verborragias.

Las oraciones litúrgicas duelen apartarse de estas pautas evangélicas, suelen dirigirse al Señor benevolente y todopoderoso y suelen seguir con infladas alabanzas y explícitas necesidades por nuestra parte.  Nada digamos de las fórmulas devocionales que se extienden en inacabables consideraciones.

La oración de Jesús se dirige al Padre, implicando ya una actitud de confianza. Le pedimos que su voluntad, no la nuestra, prime en nuestra vida y así  surja y se extienda su Reino en el mundo. Dentro de esta confianza filial recordamos nuestras necesidades primarias: la nutrición diaria de nuestras fuerzas y el perdón de las deudas para una sana convivencia. La preservación de sucumbir a las tentaciones y la de ser liberados de todo mal intensifica la confianza que es el alma de toda oración.

Si analizamos el desarrollo ulterior de las oraciones cristianas, podemos comprobar que están viciadas por desconfianza y por hipocresía, no tanto en la liturgia como en las devociones. Buscamos ladinamente de someter la voluntad divina a la nuestra en lugar de someter la nuestra a la de Dios, con lo que nos infeccionamos con la ilusión de la magia, creyendo que con el solo cumplimiento del rito adecuado podemos disponer de la voluntad divina. Esta intrusión, en mayor o menor medida, de la magia conduce a las supersticiones y a toda clase de aberraciones dentro de lo que se sigue creyendo vida cristiana.

El padrenuestro no es una fórmula mágica sino una enseñanza de cómo debe ser nuestra oración y que actitudes pueden preservarnos en las auténticas vivencias cristianas. No basta recitarlo sino potenciar sus contenidos con o sin recitación.